Cómo Misfits Market pasó de vender 'productos feos' a convertirse en el Amazon Prime de los alimentos perecederos
La startup de entrega de comestibles de Abhi Ramesh ha crecido hasta alcanzar los US$ 500 millones en ventas anuales mientras continúa reinventando la forma en que los estadounidenses compran alimentos.

En el almacén de Misfits Market, en Baltimore, la temperatura marca cero grados. En ese escenario helado, su fundador y director ejecutivo, Abhi Ramesh, camina entre palés de pizza congelada, alitas de pollo y helado, apilados contra las paredes. El frío se siente en el aire y también en la rutina diaria de la empresa.

Después de recorrer la sección de congelados, Ramesh avanza hacia la planta principal. Allí, las carretillas elevadoras cruzan de un lado a otro entre dos líneas de montaje donde arman las cajas de los suscriptores. El movimiento es constante y cada paso responde a una lógica precisa. Un algoritmo altamente optimizado define el orden de empaquetado. Para eso toma en cuenta decenas de métricas: el tamaño, el peso y la temperatura de los alimentos, la frecuencia de compra e incluso el clima en el destino final de cada envío. Nada queda librado al azar.

“Todas las cajas pasan por esta cadena”, dice Ramesh. “El orden no es para nada aleatorio. Es un proceso muy científico”, sostiene.

El empresario de comestibles, de 33 años, sostiene que ese sistema figura entre los pocos en todo el país capaces de enviar cajas de comida personalizadas a domicilio con productos a temperatura ambiente, refrigerados y congelados en un mismo pedido. Según explica, esa capacidad marca la diferencia en un mercado cada vez más competitivo. Esa proeza, sumada al negocio de logística que Misfits desarrolla para otras marcas, alimenta una ambición clara. Ramesh quiere convertir a la compañía en el Amazon de los alimentos perecederos, o al menos en el Amazon Prime de ese segmento. De todos modos, reconoce que todavía le falta un largo recorrido para alcanzar esa meta.

“Amazon creó una infraestructura para el comercio electrónico y hay muchísimas maneras de monetizarla”, afirma Ramesh. “Esa filosofía siempre estuvo presente en mi mente: si podemos construir la mejor infraestructura para alimentos perecederos del país, podremos monetizarla de muchas maneras diferentes”, agrega.

Hasta ahora, Ramesh, quien integró la lista Forbes 30 Under 30 de emprendedores sociales en 2020, llevó a Misfits a facturar US$ 500 millones al año. De ese total, US$ 45 millones provienen de Fulfilled by Misfits. Además, alrededor de US$ 50 millones llegan por la venta de los productos hortofrutícolas con los que fundó el negocio en 2018, y otros US$ 50 millones corresponden a su marca propia, Odds & Ends. En la actualidad, la mayor parte de los ingresos surge de las ventas regulares de comestibles, que sostienen el corazón del negocio.

El área de logística se convirtió en la unidad que más creció dentro de Misfits y, además, exhibe los márgenes brutos más altos. Ese desempeño empujó la rentabilidad general de la compañía, que cerró 2025 con un margen bruto superior al 40 %. La cifra duplica el promedio de las cadenas de supermercados tradicionales, que rondan el 20 %. De hecho, Misfits Market registra un margen mayor que varias empresas que cotizan en bolsa. Entre ellas aparece Chewy, el sitio web de comida para mascotas, que muestra un margen bruto del 30 %. Se trata de la compañía pública más parecida a Misfits, ya que opera como un mercado online con entregas a domicilio de productos perecederos y no perecederos. Al mismo tiempo, los clientes de Misfits mantienen un ahorro frente a los precios del supermercado del barrio. Según la empresa, esa diferencia oscila entre el 10 % y el 50 %, una brecha que refuerza su propuesta comercial.

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Ramesh sostiene que casi no tiene competidores entre los emprendedores que buscan ordenar la industria alimentaria. En ese recorrido, dice, aprendió una lección que pocos imaginan: "Los negocios con bajos márgenes son buenos para construir", afirma. "Los negocios difíciles son aquellos a los que nadie se dedica porque nadie puede hacerlos funcionar. Así que no hay innovación, y es más fácil entrar y darle la vuelta. Y si logras resolverlo, el premio final es mucho mayor", asegura.

El objetivo final de Ramesh, según cuenta, es llevar a Misfits a la bolsa, como hicieron Instacart y DoorDash. La empresa no captó capital social externo desde 2021, cuando cerró una ronda Serie C por US$ 225 millones con una valoración de US$ 2.000 millones. En total, hasta ese momento había reunido US$ 525 millones en capital social y US$ 65 millones en deuda de inversores ya vinculados al proyecto. Con las condiciones actuales del mercado, que se deterioraron en los últimos años, Forbes estima que la compañía podría alcanzar una valoración cercana a US$ 1.000 millones. Desde Misfits sostienen que, si saliera otra vez a buscar fondos, la cifra superaría los US$ 2.000 millones. Como mayor accionista individual, con una participación estimada del 20 %, Ramesh acumula un patrimonio de al menos US$ 200 millones.

Al igual que en los primeros años de Amazon, Misfits todavía no es rentable y Ramesh acepta resignar ganancias en el corto plazo a cambio de un crecimiento firme. Esa apuesta implica inversiones fuertes y de largo aliento: la compañía administra una flota de 350 camiones refrigerados y equipos de frío que sostienen su esquema de distribución. En paralelo, empuja la empresa hacia nuevas metas. También trabaja con terceros para comercializar cajas seleccionadas destinadas a pacientes con diabetes o cáncer, que se financian con fondos de atención preventiva para la compra de productos agrícolas y proteínas. Ese segmento generó US$ 6 millones en ventas durante 2025.

El multimillonario fundador de Starbucks, Howard Schultz, quien actuó como asesor desde los primeros días de Misfits, asegura que Ramesh tiene “la rara base de habilidades de ser un operador, un ejecutivo joven y conocedor de la tecnología y con el ojo de un comerciante”.

"Va a ganar. Es ese tipo de persona", dice Schultz. "No me cabe duda de que Misfits será un líder multimillonario", agrega. @@FIGURE@@

Ramesh dejó su ciudad natal, Chennai, en India, cuando tenía apenas seis meses. Junto a sus padres, ambos ingenieros de software, se mudó primero a Baréin. Dos años más tarde, la familia se instaló en Dubái. Después regresaron a Estados Unidos: pasaron por San Luis, en Misuri, y más tarde se establecieron en Atlanta. Estudió en la escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania y luego trabajó en Apollo Global Management. En su etapa como analista, cubrió una empresa dedicada al almacenamiento en frío. Allí entendió un dato clave del negocio: si un camión se retrasa en una entrega, aunque sea por unas pocas horas, muchos pedidos terminan en la basura junto con los alimentos perecederos.

Después de dejar Apollo para lanzar un programa de capacitación en programación junto a dos amigos, Ramesh siguió dándole vueltas a las ineficiencias de la industria alimentaria. Para entender el problema de fondo, pasó varios meses en contacto con productores y agricultores, con el objetivo de medir cuán extendido y dañino resultaba el desperdicio de alimentos.

En 2018 decidió dar el primer paso: empezó a aceptar parte de esa mercadería y a comprarla. Guardó cajas de manzanas descartadas y otros productos deformes en su departamento de Filadelfia. Con ese stock improvisado, armó una caja sorpresa y la puso a la venta como prueba para medir la reacción del mercado.

Con frutas y verduras apiladas en su departamento, Ramesh programó la página web de Misfits y pagó anuncios en Facebook. La propuesta era clara: productos “feos” pero en buen estado, con descuentos del 30 % e incluso del 40 % frente al precio del supermercado. Diez días después de publicar el sitio, ya contaba con 500 pedidos anticipados.

Para sacar la mercadería de su living, alquiló un depósito sin refrigeración. Luego fue a Costco y compró dos heladeras de tamaño industrial. En el intento, dejó sus tarjetas de crédito al límite.

El proyecto despertó rápido el interés de los inversores. "Comprábamos productos mucho más baratos gracias a la perspectiva de Misfits", recuerda Ramesh. "Había una rentabilidad que se reflejaba en los resultados financieros", agrega. En 2019, fondos como Greenoaks Capital Partners, con sede en San Francisco, invirtieron US$ 16,5 millones. Para cuando Ramesh consiguió un lugar en la lista de emprendedores sociales 30 menores de 30 hacia fines de ese año, Misfits ya había rescatado más de 4,5 millones de kilos de alimentos que, de otro modo, hubieran terminado descartados.

El negocio llevaba apenas un año en marcha cuando irrumpió la pandemia. En cuestión de semanas, los pedidos se dispararon con un salto del 400 %. La demanda desbordó la estructura y obligó a Ramesh a tomar una decisión drástica: cerró la lista de espera entre abril y mayo de 2020. La situación fue tan extrema que incluso suspendió la publicidad en Facebook, algo impensado para una empresa que hasta entonces buscaba crecer a toda velocidad.

Hacia fines de ese año, las ventas de Misfits saltaron un 352 % y superaron los US$ 160 millones anuales. En paralelo, Ramesh cerró en junio de 2020 una ronda Serie B por US$ 85 millones, liderada por Valor Equity Partners, de Chicago, junto a Greenoaks, Third Kind Venture Capital, Alarko Ventures y Sound Ventures. @@FIGURE@@

El impulso no se frenó en 2021, pese a que la pandemia todavía marcaba el ritmo del consumo. Ese año, la facturación creció casi un 40 % y alcanzó los US$ 223 millones. En ese contexto de euforia, Ramesh aseguró dos nuevas rondas consecutivas: US$ 200 millones en abril de 2021 y otros US$ 225 millones en septiembre del mismo año.

Pero después se desaceleró, según relata el propio Ramesh. Con la aplicación de las vacunas, muchos estadounidenses dejaron de comer en sus casas y regresaron a los restaurantes. El tamaño de los pedidos cayó y algunos miembros se dieron de baja. Frente a ese escenario, Misfits lanzó un programa de fidelización y reforzó su marca Odds & Ends. Aun así, las ventas totales crecieron a un ritmo más moderado: un 32% en 2022.

“Nos acostumbramos a esta altísima demanda. Construimos toda esta infraestructura”, dice Ramesh. “Y luego, naturalmente, una vez que se levantaron los confinamientos, volvimos rápidamente a la normalidad”, cuenta.

Ramesh tiene claro que el éxito no sigue una línea recta. "Si, como emprendedor, te desmotivas y te fatigas por las bajas, te quedarás atrapado y luego te rendirás", afirma.

Algo así ocurrió con la competencia. A mediados de 2022, Imperfect Foods, con sede en California, quedó al borde de quedarse sin fondos. Su cofundador, Ben Chesler, había integrado la lista 30 menores de 30 en la categoría alimentos y bebidas dos años antes que Ramesh. La empresa había reunido US$ 315 millones, empleaba a 1.800 personas y operaba con una flota de 450 camiones y tres depósitos.

Misfits terminó por adquirir a Imperfect a fines de 2022 a través de una operación de compraventa de acciones. Ramesh no dudó en incorporar las prácticas de su rival que daban mejores resultados. Por ejemplo, Imperfect gestionaba sus propios envíos, mientras que Misfits trabajaba con FedEx y UPS. El cambio elevó la calidad del servicio, redujo los reembolsos y mejoró la retención de clientes. "Un mejor control de la experiencia justifica el costo adicional de esa infraestructura", afirma Ramesh.

Tras la operación, Misfits sumó los depósitos en alquiler que utilizaba Imperfect, entre ellos uno de 8.750 metros cuadrados en Los Ángeles y otro de 10.950 metros cuadrados en Baltimore. Esa estructura explica por qué la compañía fijó su sede en Maryland. El equipo corporativo, de todos modos, se distribuye en distintos puntos del país, con mayor presencia entre Filadelfia y Nueva York.

La infraestructura ampliada le permitió a Misfits empezar a gestionar pedidos para otras compañías de productos perecederos. En total, suma más de 46.450 metros cuadrados de espacio de distribución en todo el país. Hoy procesa envíos para startups como GoPuff, que reunió US$ 5.500 millones y alcanzó una valoración de US$ 8.500 millones, además de marcas como Little Spoon, dedicada a comida para bebés, y Smalls, enfocada en alimentos para mascotas.

Ramesh sostiene que el costo de adquirir clientes se redujo a la mitad en los últimos dos años y que hoy cada dólar invertido retorna en pocos trimestres. Aun así, Misfits incrementó su inversión en marketing cerca de un 20% el año pasado y proyecta duplicarla en 2026. Mientras varios competidores recortan esos presupuestos para alcanzar la rentabilidad, él toma el camino inverso. Según explica, las startups que frenan esa inversión “nunca recuperan esa base”.

La expansión en el Medio Oeste y el Sur figura entre sus prioridades. Ramesh proyecta un sendero que lleve a la empresa a facturar US$ 800 millones en los próximos dos años y a alcanzar los US$ 1.000 millones anuales más adelante. Para lograrlo, considera clave sostener precios accesibles.

“No creo que la industria de la alimentación haya experimentado una verdadera innovación, y no exagero, en cien años”, dice Ramesh. “Desde la forma de abastecerse y comprar hasta la forma de establecer un centro de distribución y la forma de entregar a domicilio, todo se puede reimaginar”, concluye. (I)

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com