Sofía Lara Benítez Periodista
Hace 200 años, el Chimborazo era considerada la montaña más alta del planeta. La visitaban geólogos y científicos reconocidos en el mundo, entre ellos, Alexander Von Humboldt, el alemán conocido como el padre de la geología moderna y quien lideraba la misión geodésica de esa época. En su recorrido definió a los ecuatorianos con una frase que sigue circulando entre los discursos de figuras nacionales y los libros de historia:
“seres raros y únicos: duermen tranquilos en medio de crujientes volcanes, viven pobres en medio de incomparables riquezas y se alegran con música triste”.
Han pasado 224 años y esa frase, la de un alemán, aún nos trae nostalgia. Pero no es el único escenario en el que Ecuador y Alemania coinciden. Este jueves 25 de junio, a las 15:00 (hora de Ecuador), tendrá lugar nuestra tercera participación en el Mundial 2026, en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. Ecuador llega a este duelo con la obligación de ganar para mantener viva cualquier opción de clasificar a los dieciseisavos de final, según los analistas del fútbol mundial. Alemania, en cambio, ya está clasificada, después de ganar sus dos primeros partidos contra Curazao (7-1) y una remontada ante Costa de Marfil (2-1). Tiene seis puntos y la tranquilidad del líder del grupo.
La conexión de nuestro país con Alemania es más profunda de lo que parece. En 1866, un músico de padres alemanes, Antonio Neumane Marno, compuso la melodía del Himno Nacional del Ecuador, basándose en los versos del poeta Juan León Mera. Neumane había llegado a Guayaquil en 1841, se enamoró del país y nunca se fue. El 10 de agosto de 1870, el himno sonó por primera vez en la Plaza de la Independencia de Quito. Hoy, cada vez que La Tri sale al campo y suena el himno, hay una nota alemana en el ambiente.
Años después, en 1922, las relaciones diplomáticas formales entre los dos países arrancaron cuando el Imperio Alemán abrió su primera misión en Ecuador, según registros del Ministerio de Relaciones Exteriores. Pero la Segunda Guerra Mundial provocó que esas relaciones se rompan. Nuestro país llegó a declararle la guerra a Alemania, simbólicamente, en 1945. No se registró ningún enfrentamiento real y los lazos se reanudaron en 1952 con la República Federal Alemana. Desde 1962, se convirtieron en uno de los principales cooperantes del país, a través de organizaciones como la GIZ y el KFW, según la Embajada Alemana en Quito.
Hay un dato que poca gente conoce y que resume el carácter de esa relación: cuando Adolf Hitler llegó al poder en los años 30, Ecuador aceptó entre 3.000 y 4.000 refugiados judíos y perseguidos por el régimen Nazi, según registros citados en fuentes históricas. Un pequeño país en el fin del mundo que abrió la puerta cuando Europa la cerró.
El partido comercial: Ecuador ya lo está ganando
En el duelo que más importa en el ámbito de la economía, Ecuador hizo la remontada que aún no logra en el fútbol. Según datos de la Federación Ecuatoriana de Exportadores (FEDEXPOR), el comercio no petrolero bilateral cerró 2025 con un superávit favorable a nuestro país, de US$ 38 millones. Las exportaciones hacia Alemania sumaron US$ 730 millones y las importaciones desde Alemania alcanzaron los US$ 692 millones.
En 2022 y 2023, Ecuador tenía déficit comercial con Alemania. Es decir, importaba más de lo que exportaba, con saldos negativos de US$ 298 millones y US$ 175 millones, respectivamente. Dos años después, el partido estaba dado vuelta. El cacao, el banano, los enlatados de pescado y el camarón ecuatorianos ganaron posición en el mercado europeo. La victoria es posible y no solamente en la cancha del comercio internacional.
El cacao ecuatoriano pone el sabor del chocolate alemán
La canasta exportadora ecuatoriana es una delantera que el mercado alemán conoce mejor de lo que parece. En 2025, el camarón se convirtió por primera vez en el principal producto de exportación, con US$ 8.401 millones (BCE). El cacao siguió con USD 4.668 millones y el banano con USD 4.262 millones. Detrás de cada uno de estos números hay una conexión directa con Alemania.
El vínculo más íntimo es el del chocolate. Ecuador concentra más del 60 % del cacao fino de aroma del mundo, según la Organización Mundial del Comercio (OMC). Alemania es uno de los mayores productores y exportadores de chocolate del planeta, depende en parte significativa de ese cacao fino y aromático que solo crece en nuestro país. Cuando los alemanes abren una tableta de chocolate de calidad, hay una probabilidad real de que adentro haya un grano ecuatoriano.
El marcador económico
Si la economía fuera el tablero del MetLife, la diferencia de tamaño entre los dos equipos fuera una goleada. Alemania es la tercera economía más grande del mundo, con un Producto Interno Bruto (PIB) nominal proyectado en torno a los US$ 5.000 billones para 2025, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). Su PIB per cápita ronda los US$ 59.925, según la misma fuente. Ecuador, con un PIB de US$ 130.320 millones en 2025, según el Banco Central del Ecuador (BCE), tiene una economía que equivale a menos del 3 % de la alemana. En términos de ingreso por habitante, los US$ 7.150 anuales del ecuatoriano promedio representan apenas el 12 % de lo que percibe un alemán.
Pero el contexto matiza el marcador. Alemania llega con dos años de recesión y un crecimiento del 0,2 % del PIB, según Destatis, la oficina estadística federal alemana. Los aranceles de Estados Unidos, la apreciación del euro y la competencia china golpearon duramente sus exportaciones. Ecuador, que venía de su propia recesión en 2024, creció al 3,7 %. No es que La Tri le esté ganando al gigante ya que la escala es incomparable, pero en velocidad de recuperación, el marcador del año pasado no fue tan desfavorable.