El cambio entusiasma a las marcas, pero inquieta a los hinchas más tradicionales, que ven en la transformación una amenaza para la identidad histórica del fútbol.
El Súper Bowl consolida su poder como el mayor escaparate publicitario del mundo. Con anuncios que cuestan hasta US$ 10 millones por 30 segundos, las marcas buscan destacarse con creatividad, humor y estrellas globales que estelarizan sus comerciales.