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¿Cómo generar nuevas ocasiones de consumo? Es la pregunta en la industria…

Verónica Chávez

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Más que preguntarnos cómo recuperar el consumo del pasado, quizás debamos preguntarnos cómo construir el consumo del futuro. El reto parece estar en entender cómo consumen hoy las personas y qué esperan de los alimentos que incorporan a su dieta.

17 Julio de 2026 16.00

Cada 1 de junio se celebra el Día Mundial de la Leche, una fecha que tradicionalmente pone el foco en los beneficios nutricionales de este alimento. Sin embargo, detrás de esa conversación existe otra realidad igual de relevante: la transformación que atraviesa la cadena láctea para adaptarse a consumidores, mercados y hogares que hoy son muy diferentes a los de hace apenas una década.

Con frecuencia hablamos de la leche como si fuera un producto único e inmutable. La realidad es otra. La categoría láctea actual abarca una diversidad creciente de productos, formatos y propuestas que buscan responder a nuevas necesidades relacionadas con salud, conveniencia, nutrición, sostenibilidad y estilos de vida.

Detrás de esta transformación coinciden varios fenómenos: la población está envejeciendo, los hábitos de consumo están cambiando y los hogares administran sus presupuestos con mucha más cautela que hace algunos años.

En Ecuador, la población entre 0 y 14 años pasó de representar el 31,3% en 2010 al 25,5% en 2022. Esto significa que cada año existe una menor proporción de consumidores que históricamente han sido los mayores consumidores de leche.

Al mismo tiempo, los patrones de consumo también evolucionan. Estudios recientes muestran que el 67% de los ecuatorianos sigue asociando la leche principalmente con el consumo infantil y que cerca del 80% del consumo se concentra en el desayuno. Esto plantea una pregunta interesante para toda la cadena: ¿cómo generar nuevas ocasiones de consumo en un mercado que ya no se comporta como antes?

La respuesta no está únicamente en producir más. Está en comprender mejor al consumidor.

La reciente Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares revela que el hogar ecuatoriano destina en promedio USD 143 al mes a alimentos y bebidas. Dentro de ese presupuesto, la categoría de leche, lácteos y huevos representa aproximadamente USD 19 mensuales. En un contexto donde las familias evalúan con mayor detenimiento cada decisión de compra, la competencia por espacio dentro de la canasta del hogar es cada vez más intensa.

Lo interesante es que la innovación ya no responde únicamente a una búsqueda de crecimiento. Cada vez responde más a la necesidad de seguir siendo relevantes para consumidores que compran, comen y viven de forma distinta.

Por eso vemos una mayor diversificación de productos altos en proteína, opciones sin lactosa, bebidas funcionales, yogures especializados, formatos individuales y propuestas adaptadas a necesidades específicas. La innovación también se refleja en aspectos menos visibles, como los procesos productivos, la logística o la forma de llegar al consumidor.

La misma encuesta del INEC muestra que la tienda de barrio continúa siendo el principal punto de compra de alimentos para los ecuatorianos. Esto obliga a pensar no solo en qué producir, sino también en cómo acercar los productos a los consumidores de manera más eficiente y accesible.

Quizás la transformación más profunda ocurre puertas adentro. La incorporación de nuevas tecnologías, la mejora de la productividad, la reducción de desperdicios y el fortalecimiento de la trazabilidad se han convertido en factores cada vez más importantes para la competitividad de la cadena. Lo mismo ocurre con la sostenibilidad. Más que una tendencia, empieza a consolidarse como una expectativa creciente de los mercados y de los propios consumidores.

Todo esto sucede en un contexto desafiante. El consumo per cápita de lácteos en Ecuador pasó de 151 litros equivalentes por habitante al año en 2011 a poco más de 101 litros en 2025. Paralelamente, las proyecciones económicas apuntan a un crecimiento más moderado del consumo de los hogares durante los próximos años.

Frente a esta realidad, la inmovilidad no parece una opción.

Más que preguntarnos cómo recuperar el consumo del pasado, quizás debamos preguntarnos cómo construir el consumo del futuro. El reto parece estar en entender cómo consumen hoy las personas y qué esperan de los alimentos que incorporan a su dieta.

Porque el futuro de la actividad láctea no dependerá únicamente de cuánto produce, sino de qué tan bien logra adaptarse a una sociedad que evoluciona constantemente. (O)

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