Hasta bien entrada la república, los hogares ecuatorianos preparaban sus alimentos con leña y carbón, fogones y cocinas funcionaban exclusivamente con esos combustibles, por tanto, se requerían enormes cantidades de madera. Los centros urbanos serranos de ese entonces como Quito, Cuenca, Ibarra, Ambato o Loja continuaron con la penosa tarea de abastecerse de ese perecible material. Bosques, forestas y arboledas -de especies autóctonas tales como alisos, pumamaquis, cholanes o arrayanes- que circunvalaban los poblados fueron talados, cortados a tal extremo de paulatinamente cambió el paisaje transformando la vida de plantas, animales y aves nativas que encontraban en los árboles alimento, sombra y refugio. En la costa, guayacanes, ceibos y algarrobos corrieron suerte similar causando trastornos ecológicos en el panorama.
El perjuicio al entorno natural no quedó allí, agricultores y ganaderos también hicieron su parte, ampliaron sus fronteras productivas procedieron a sembrar todo tipo de cultivos sobre zonas antes cubiertas de árboles, dejando a unos pocos como cercas vivas o linderos notorios y permanentes, así como otros en caminos, parques y jardines de las grandes haciendas.
El incesante crecimiento de ciudades, pueblos y caseríos demandaba también madera, especies que mostraban su utilidad en pisos o en viguería, techos, puertas o ventanas eran fácilmente comercializadas como también lo eran todas las denominadas “maderas finas o nobles” aptas para la construcción de muebles, esculturas, altares y hasta instrumentos musicales. La desordenada y antitécnica explotación de bosques primarios parecía no acabar nunca y sus graves consecuencias empezaban a notarse.
La condición era de tal extremo que a mediados del siglo XIX la población, especialmente citadina, presionó al gobernante Gabrielinterandino:o a que tomara medidas rápidas y definitivas , luego de interminables consultas y trámites, en mayo de 1865, arribó a país un cajón lleno de semillas de un árbol que más tarde cubriría la totalidad del callejón interandino : el eucalipto (Eucalyptus globulus) originario de Australia y que según el sabio Misael Acosta Solís fue “La salvación maderera del Ecuador”.
El kerosene o kerex llega a estas tierras por el año 1910 y se populariza al iniciar la década de 1950. Combustible derivado del petróleo que cambia radicalmente la manera de cocinar, aparecen entonces reverberos y cocinas que obviamente, prescindían de la madera. No fue hasta los años 70 del pasado siglo que se extiende el uso del GLP (Gas Licuado de Petróleo) para tareas culinarias o domésticas y también para procesos industriales, años más tarde la energía eléctrica es empleada en el mismo sentido, dejando la leña y el carbón para el campo o para acontecimientos especiales.
El Nogal Americano
En Colombia se le conoce como Cedro Negro, en Venezuela y Bolivia se llama Nogal, en Perú y Ecuador le denominan Tocte, en el idioma quichua se le dice Togte. Nativo de los Andes el Juglans neotropica , crece y se desarrolla entre los 1800 a 3000 metros sobre el nivel del mar, alcanzado una altura de más de 30 metros. con troncos superiores a los 50 centímetros de diámetro. Árbol longevo, calculan que vive sobre los 200 años, actualmente no forma bosques y crece lentamente aislado o disperso.
Definido como especie en peligro de desaparición ya que su siembra y cultivo han ido gradualmente disminuyendo, expertos consideran que en toda la sierra existen menos de 5000 árboles maduros, se los puede apreciar solitarios en los valles de Tumbaco y Guayllabamba, en los parques Ichimbía, Bicentenario o La Carolina. El nombre del barrio quiteño Toctiuco obedece a que ese sector había- hace mucho tiempo- una abundancia de árboles de tocte. Igual puede decirse de la comunidad de Toctepamba de las parroquias Santa Ana y Paccha de Cuenca donde aparecen en medio de forestas y bosques entremezclados con otras especies arbóreas o bien marcando linderos, o en quebradas inaccesibles, igual situación ocurre en distintos sitios de la Región Interandina especialmente en la Provincia de Loja.
Los antiguos habitantes de esas tierras consideraban al tocte como algo sagrado y misterioso, sus negras frutas son símbolo de fecundidad y hasta la fecha se las emplea en rituales indígenas y en la elaboración de originales artesanías.
Conociendo algo del tocte
Su fruta es una nuez- de allí el nombre de Nogal Americano- cubierta por una concha dura de tonalidades cafés y negras, rodeada de una cáscara verde que contiene una pulpa negra, usada por algunas comunidades indígenas, para teñir lana de borrego. Una vez que el fruto está maduro, cae al suelo de donde es recogido para proceder a “mullshir”, palabra quichua que significa quitar la pulpa. Trabajo tedioso y demorado que antecede al rompimiento manual de la cáscara y extracción la nuez, acción que en quichua se conoce como “chankar”.
Durante la colonia, esta nuez, rica en fibra, vitaminas (A, B y E), ácidos grasos insaturados como los Omega 3 y 6 así como en sales minerales, fue muy importante en la dieta de sus habitantes, ya por su agradable sabor o gran versatilidad para hornear y cocinar. Las tradicionales nogadas de Ibarra-nombre derivado de la palabra “nogal”- llevan en su preparación nueces provenientes del tocte. En zonas del Azuay, Azogues y Loja consumen las nueces del tocte con mote y sal.
Tarda entre 20 o 30 años en dar madera de calidad- dura, homogénea y pesada- según manifiesta un viejo ebanista… “fácil de trabajar, pulir y barnizar, pero difícil de conseguir “, apreciada por su notable color pardo grisáceo o sus vetas negruzcas que le dan una característica especial.
Tanto las hojas como la corteza tienen diversos usos medicinales, destacando su empleo como astringente, antiinflamatorio, purgante y vermífugo.
A pesar del enorme valor ecológico, nutricional, comercial y hasta medicinal, esta especie nativa de Ecuador está cerca de la extinción, su futuro está muy comprometido, se mantiene entre aislados individuos provenientes de viveros, sembrados más para el ornato que para la explotación maderera y la presencia de maduros o vetustos árboles que siguen produciendo frutos, resistiendo como lo hicieron siempre, al inexorable paso del tiempo. (O)