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“Cada especie es una obra maestra perfectamente adaptada al entorno particular en el que ha sobrevivido ¿Quiénes somos nosotros para destruir o alterar ese entorno y atentar contra la biodiversidad?” Edward O. Wilson. Biólogo

31 Julio de 2026 15.50

Metido entre los Andes, cubierto de pajonales, bañado por cristalinos riachuelos y profundas quebradas, el remoto y aislado valle de Angamarca, cantón Pujilí, provincia de Cotopaxi, hizo noticia entre los científicos y biólogos del mundo cuando en el año 2016, un pequeño de 12 años llamado David Jailaca, al cumplir con sus diarias tareas campesinas, encontró entre la alfalfa un ejemplar de la rana arlequín jambato (Atelopus ignescens) que fuera declarado extinto en 2004. El niño-recompensa de por medio- avisó de su hallazgo al párroco y este al entomólogo Giovani Onore que hace un buen tiempo, había pasado por el lugar, advirtiendo sus sospechas sobre la presencia del jambato.

La palabra jambato o “hambatu” viene del quichua y significa sapo, especie propia de los Andes ecuatorianos o sea endémica de esa región en la que vive entre los 2800 y 4200 metros sobre el nivel del mar. Se caracteriza por tener la piel de color negro y el vientre amarillo o naranja.

Esta pequeña rana  (entre 38 y 43 mm de longitud) famosa por ser el primer anfibio descrito para la ciencia nacional, muy abundante entre el norte y centro de la sierra, se la podía encontrar en los cerros y montañas que rodean Quito, Ibarra o Ambato, pero al mediar los años ochenta del pasado siglo empezó a desaparecer siendo la razón para ello una multiplicidad de factores : el avance de la denominada frontera agrícola, el uso descontrolado de agroquímicos, la quema-intencional o no - del páramo ,la contaminación de los ríos y el notable cambio climático, acciones todas tendientes a dañar o alterar el hábitat de este anfibio, a eso hay que sumar la presencia de una enfermedad fúngica llamada quitridiomicosis  que mermó su población.  

Entre los años 1988 y 2004 no hubo más registros de la especie, por lo que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) la declaró formalmente extinguida y con ello empezaba una grave afrenta para un país megadiverso como Ecuador que se jactaba de serlo y de proteger los recursos naturales, especialmente su fauna. 

Pasaron cerca de doce años, para que de manera casual la ciencia vuelva a encontrar al “perdido jambato”.  La cuenca del río Angamarca, zona retirada y alejada, que quizás por esas mismas razones, se convirtió en un auténtico refugio de la especie. Curiosamente el jambato es reconocido en esa comarca por su infalible capacidad para anunciar la presencia de lluvias y a decir de los agricultores más viejos “los jambatos mantenían los cultivos de habas libres de plagas”.

 En la cadena ecológica el jambato destaca-entre otras razones- por ser un veraz indicador de la salud de las fuentes hídricas y desde su redescubrimiento se ha convertido en un símbolo de conservación, resiliencia y esperanza para la biodiversidad ecuatoriana.

Sin embargo, hace poco tiempo llegó otra amenaza para esta peculiar rana, la construcción de la carretera que une El Corazón con Ambato y pasa por Angamarca; explosiones con dinamita y el volcamiento de escombros hacia los ríos y riachuelos atentan contra la reproducción de esta especie única en el mundo, por ello varias organizaciones locales, investigadores,  biólogos, v universidades, así como entidades ambientales entre las que se destaca Alianza Jambato impulsan todo tipo de esfuerzos- legales y técnicos- para salvar al pequeño pero significativo anfibio del que cada día hay menos individuos .

Otro caso muy parecido

En la provincia de Loja, cantón Calvas y parroquia de Cariamanga, exactamente en el cerro llamado El Ahuaca, vive otra especie endémica del Ecuador, se trata de la vizcacha ecuatoriana, conocida también como “arnejo o sacha conejo” un precioso animal que se encuentra en peligro crítico, al borde mismo de la extinción.

La vizcacha (Lagidium hanucaense) es un roedor andino totalmente silvestre y que cumple una función esencial dentro del ecosistema en que habita. Descubierta en 2005, vive entre los 1950 y 2480 metros sobre el nivel del mar. Especie herbívora, que mide entre 30 y 45 centímetros con un peso cercano a los 3 kilos, físicamente muy parecida a su pariente, la chinchilla. Se alimenta de plantas, gusta mucho de hierbas, semillas y líquenes. De carácter pacífico pero muy huidiza frente a todos los que considera sus predadores.

Habita preferentemente en montañas de granito, donde las paredes rocosas pueden alcanzar entre los 60 y 90 grados de inclinación. Su llamativa piel presenta una coloración que va del café grisáceo en el dorso al gris amarillento en la parte ventral. Orejas negruzcas con las puntas de tonalidad crema.

El hábitat de la vizcacha ha ido paulatinamente cambiando, casi ha desaparecido la vegetación primaria compuesta de arbustos, hierbas y cactus para dar paso a especies exógenas sembradas por el hombre. como los pinos- árboles altamente inflamables- cuyos exudados son nocivos para la fauna silvestre propia de la región. En el año 2024 un incendio afectó enormes extensiones de bosques, diezmando flora y fauna nativas, el fuego arrasó con cerca de 7500 hectáreas alterando la biodiversidad y poniendo en riesgo el llamado “equilibrio ecológico”.

Al cambiar el entorno natural, este simpático roedor andino quedó en serio peligro de extinguirse, por ello una fundación llamada Amazonía Productiva busca reunir la suma de 167.000 dólares para comprar un área, ubicada en el cantón Quilanga, para destinarla al cuidado del ambiente. El sitio ubicado a 2400 metros sobre el nivel del mar, llamado Loma Delgada alberga cascadas, cavernas, “ojos de agua” y más de 50 especies de flora y fauna, entre ellas la vizcacha.

La Fundación Amazonía Productiva quiere dedicar Loma Delgada a la restauración ecológica, a la reforestación con especies nativas y la investigación científica, es de su interés aportar a la educación ambiental, así como impulsar el ecoturismo responsable.

El jambato y la vizcacha dos especies endémicas ecuatorianas distintas, pero con un futuro común e incierto, constan en la lista de animales amenazados y sus días parecen contados ante la consternación de muchas gentes y la indiferencia de otras y un sector estatal que contempla impávido e indolente como se pierdan recursos biológicos irrecuperables.

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