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Mientras la toma de decisiones requiera la intimidad del gobernante y la política se defina en círculos de confianza impenetrable, el cerebro en la penumbra seguirá dictando el destino de las naciones.

31 Julio de 2026 16.03

La política, en su dimensión más visceral, es una pugna incesante por la conquista, el ejercicio y la preservación del poder. La historia demuestra que el destino de una nación rara vez se traza en la soledad absoluta de quien ostenta la corona o la banda presidencial. Alrededor del líder converge de manera natural un ecosistema de ambiciones donde diversos personajes buscan inclinar la balanza: algunos buscan el mando directo, pero otros —dotados de un agudo olfato político, cobijados por los lazos de la sangre, una vieja amistad o la fascinación de la seducción estratégica— prefieren tejer una influencia omnímoda. Es en este terreno fértil de la lucha por el poder donde emerge la figura del arquitecto invisible: la “eminencia gris”.

Se denomina Eminencia Gris a aquella persona que ejerce un gran poder, influencia o autoridad en un ámbito determinado —como la política o los negocios— desde la sombra. No ocupa un cargo público u oficial y actúa como el verdadero cerebro detrás de las decisiones que toma el gobernante.

El origen del término se remonta al siglo XVII en Francia y se sintetiza en la figura del fraile capuchino François Leclerc du Tremblay, conocido como el padre Joseph. Leclerc fue el confidente, consejero íntimo y mano derecha del Cardenal Richelieu, quien gobernaba Francia de facto. Dado el tratamiento protocolar de "Eminencia" para los cardenales y vistiendo Richelieu de rojo —la Eminencia Roja—, Leclerc, que vestía el hábito marrón claro de los capuchinos (descrito entonces como gris) y nunca fue nombrado cardenal, se ganó el apodo de Eminencia Gris.

El  poder informal y la herencia de Maquiavelo

Desde aquel pasaje histórico, el papel de la eminencia gris ha evolucionado dentro de la teoría del poder. Inspirado en el pragmatismo maquiavélico, este actor no busca el aplauso público; busca el control sobre la voluntad del soberano. Mientras el entorno cortesano o ministerial se devora en pugnas por favores y visibilidad, la eminencia gris opera en un aislamiento táctico. Su única ideología es la confianza ciega que despierta en el gobernante. No asiste a reuniones de gabinete ni administra proyectos; su función es estar cerca, vigilante y sigiloso, dictando el rumbo del Estado.

Esta figura contrasta con los tecnócratas, altos funcionarios de formación elitista que justifican decisiones bajo un aura apolítica. Son defensores del status quo, reforzando el sistema mediante teorías liberales y evaluando el éxito con métricas cuantitativas, sin medir el impacto social. La eminencia gris, en cambio, trasciende el dato duro y moldea la visión política profunda para consolidar el poder del líder.

Ejemplos históricos en el mundo

A lo largo de la historia, estos consejeros han oscilado entre el mito y la realidad efectiva, según lo revelan estos ejemplos significativos: 

Grigori Rasputín ejerció una influencia hipnótica sobre la zarina Alejandra Romanova en las postrimerías del Imperio Ruso, actuando como un centro de poder místico destruido por una conspiración palaciega. 

Martin Bormann, figura central del Tercer Reich, ejerció un inmenso poder en la sombra, controlando celosamente el flujo de información y el acceso al líder nazi. Fue uno de los principales impulsores de la persecución de los judíos. Promovió políticas muy agresivas para  la aniquilación o esclavización de los pueblos eslavos.

En el Perú de Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos acumuló un control omnímodo de la información y la inteligencia. Aunque alejado del patrón clásico de la eminencia gris,  por su uso del chantaje, la coacción y el soborno sistemático para someter a la oposición, Montesinos encarnó la versión adaptada de la sombra con poder real en la América Latina de fines del siglo XX.

La metamorfosis contemporánea

En la era de la globalización y la conectividad, la eminencia gris ha sufrido una metamorfosis radical. Hoy se presenta como una triple simbiosis: el asesor de poder tradicional, el tecnócrata influyente y el consultor de marketing político itinerante.

El imán que atrae a este nuevo "ilusionista" de la política ya no es la devoción al Estado ni la lealtad doctrinaria, sino la prestación de un servicio altamente remunerado.

Exportando fórmulas probadas de un país a otro —a menudo con severos costos sociales—, esta versión moderna viste un ropaje empresarial y globalizado, pero persigue el mismo fin del siglo XVII: controlar la voluntad de quien gobierna desde la penumbra.

 Mientras la toma de decisiones requiera la intimidad del gobernante y la política se defina en círculos de confianza impenetrable, el cerebro en la penumbra seguirá dictando el destino de las naciones. (O)

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