Cada vez que en el país se menciona al Fondo Monetario Internacional, el debate se enciende. Para unos, es sinónimo de ajuste y pérdida de soberanía; para otros, un mal necesario en medio de la tormenta. Pero más allá de consignas y prejuicios, vale la pena hacerse una pregunta incómoda: ¿es el FMI siempre infalible? La respuesta es no. Por eso es importante mirar el contexto en el que el Fondo entra en escena, las alternativas reales que existen cuando la liquidez desaparece y el momento exacto en que las decisiones ya no son ideales, sino urgentes.
La función original del organismo es brindar apoyo a las naciones con escasez de divisas fuertes, otorgándoles financiamiento temporal mientras implementan reformas que les permitan recuperar el acceso a los mercados internacionales y obtener las divisas necesarias para cumplir con sus obligaciones externas, ya sea por importaciones o por el pago de deuda. Es diferente al Banco Mundial: este financia proyectos y programas de largo plazo destinados a mejorar la calidad de vida y la infraestructura de los países en desarrollo.
De acuerdo a mi experiencia, para entender mejor lo pactado entre un país y el FMI es recomendable dividir las medidas derivadas de estos acuerdos en tres grupos para su entendimiento, teniendo en cuenta que estas medidas nacen de la iniciativa de los países después de un diagnóstico que hacen los técnicos del Fondo. Esto es importante tenerlo claro: el FMI no te dice exactamente qué hacer, pero sí te da un diagnóstico acerca de las deficiencias que ellos encuentran. Te dice que es necesario aumentar ingresos, pero no te dice exactamente qué impuestos aumentar. Por lo menos, no por escrito.
En el primer grupo están las medidas para reducir déficits y mejorar las cifras financieras del país y usualmente viene acompañada de polémica. Por aquí empiezan los problemas: cuando una economía ya está en recesión, los recortes pueden ayudar aún más a frenar la economía y a deprimir las perspectivas de la población, dado que a nadie le gustan que les recorten subsidios y servicios públicos. Por eso en los últimos años hemos visto una mayor flexibilidad en este aspecto de parte el FMI, por lo menos en el caso ecuatoriano: recortes sí, pero acompañados reorientación a subsidios más eficientes, por ejemplo, reemplazando el subsidio al diésel con subsidios directos. O aumentos de impuestos con exenciones a la canasta básica como es el caso del IVA.
El segundo grupo se centra en la renegociación de créditos para extender plazos y en el acceso a nuevas líneas de financiamiento con organismos multilaterales como el FLAR, BIS, Banco Mundial, BID y CAF, además de bancos chinos. Paralelamente, se aborda el manejo de la deuda interna, en particular las obligaciones del Estado con la seguridad social y los proveedores, junto con políticas para fortalecer el sistema bancario y el mercado de valores. También se incluyen medidas para el fortalecimiento de las capacidades de contabilidad y estadísticas públicas, con el objetivo de evitar problemas de liquidez y mejorar la planificación. Las auditorías a Petroecuador también las cuento aquí, por ejemplo.
Y en el tercer grupo se cuentan las medidas para hacer crecer el sector productivo y que el país vuelva a un crecimiento sostenido. Estas medidas tienden a ser de largo plazo y, a diferencia de las otras, son más bien una declaración de intenciones, dado que los criterios cuantitativos del FMI para verificar el cumplimiento del programa de reformas no se preocupan tanto de esta parte. En el caso ecuatoriano, en los últimos años se habla mucho de fomentar la inversión a través de alianzas público-privadas en sectores de infraestructura y energía eléctrica, además fomentar y regular mejor la explotación minera y petrolera. Sumado a ello, también se toca mucho el tema de los acuerdos comerciales con varios países.
¿Es infalible el FMI? En absoluto. Las medidas en el marco de estos acuerdos no siempre han logrado mejorar la situación a corto plazo y, en ocasiones, la han agravado, especialmente en la época en que se aplicaba la misma receta a todos los países. Sin embargo, la realidad es más compleja: el Fondo suele ser convocado cuando la crisis ya está golpeando con fuerza. Las críticas a su gestión son legítimas y dan para largas e interesantes tertulias, pero lo cierto es que pocas veces aparece otro prestamista dispuesto a ofrecer condiciones más favorables en tasas y plazos cuando la liquidez escasea. Por eso, en esos momentos, a los críticos más radicales siempre les digo: si existe una mejor alternativa, muéstrenla. (O)