La guerra moderna aparece dominada por la tecnología de armas, la inteligencia artificial, la cibernética y otros factores como la esencia de la política internacional y la calidad de liderazgo estratégico que aceleran la dinámica de la geopolítica global.
En el escenario más próximo, las modificaciones más profundas se han producido en el Teatro de Operaciones Terrestre TOT, en el que tradicionalmente se distinguía entre Frente y Retaguardia, que predomino durante gran parte del siglo XX.
En la actualidad la destrucción en la retaguardia se logra con las armas de largo alcance, la proliferación y empleo masivo de los vehículos aéreos no tripulados, UAV, los drones de alta precisión, autonomía, capacidad destructiva y bajo costo en un desarrollo que representa la evolución operacional del Teatro de Operaciones Multidimensional TOM.
Actualmente este TOM se divide en una zona de frente de combate, donde se desarrollan las operaciones tácticas directas; una zona administrativa y logística encargada del sostenimiento de las operaciones militares y una zona de retaguardia donde se concentran la infraestructura económica, industrial, energética y de transporte que permite el sostenimiento de la guerra en el tiempo.
Estas tres zonas integradas del territorio conforman el centro de gravedad, ante lo cual Colin Gray sostiene que ninguna estrategia puede mantenerse sin una determinación precisa de objetivos, una apropiada determinación del poder necesario para alcanzarlos y un adecuado sostenimiento material, de logística y de protección.
Ucrania, por ejemplo, ha demostrado como se puede lograr que un éxito táctico tenga significado estratégico, aunque sea en el largo plazo, en una guerra de desgaste, luego de cuatro años de combate, en la que se mantienen las fuerzas del frente prácticamente trabadas en una verdadera lucha de trincheras.
Esta guerra de desgaste ha provocado una crisis en la retaguardia rusa, en sus zonas de provisión logística de combustible para las unidades de combate del frente, con serias limitaciones de abastecimientos de diésel y gasolina para la población del interior.
En medio de la guerra se realizaron ataques ucranianos con oleadas de enjambres de drones a distancias superiores a 2.500 km. para destruir objetivos estratégicos, refinerías de petróleo, infraestructura energética, instalaciones industriales para la fabricación de baterías de misiles y radares como ha sido la destrucción del macro centro logístico Wildberries. Una refinería de petróleo en Kapotnia en las cercanías de Moscú, una terminal petrolera en Kirovski, San Petersburgo y a la refinería más grande del país en Omsk, en la Siberia, degradando así la infraestructura logística y de transporte en la retaguardia de Rusia, como la capacidad de sostenimiento de la guerra.
En esta misma retaguardia continental es donde Ucrania realizo en el 2025, la Operación Telaraña; un ataque con drones autónomos, precedida de una operación de diversión estratégica para infiltrar un centenar de drones en un camión a través de su frontera y llegar a la profundidad de la retaguardia y destruir 40 bombarderos estratégicos Tupolev.
Los objetivos estratégicos ubicados en la zona de la retaguardia conforman la economía de defensa indispensable para el sostenimiento de las operaciones militares porque permite absorber y solucionar las deficiencias, deterioros y destrucciones provocados por el enfrentamiento en las operaciones de combate.
En este sentido Ucrania, ha privilegiado desarrollar operaciones especiales de precisión para degradar la infraestructura enemiga, reducir la libertad de acción, desgastar y tratar de dispersar las fueras especialmente de protección aérea, para cubrir la retaguardia continental.
Sin embargo, el TOM, se ha diversificado con una segunda retaguardia estratégica peninsular, conformada por Crimea, ocupada desde 2014, que desde una perspectiva geopolítica constituye el principal centro de gravedad operacional ruso como plataforma de proyección del poder militar, desde Sebastopol base de la Flota del Mar Negro y Novorosisk.
Sobre este gran espacio Ucrania evaluó la geografía, que posee esta región, con líneas de comunicaciones marítimas de gran importancia en el control del Mar Negro, la integración con un corredor entre Crimea y la franja oriental del Donbas, Luhansk y Donetsk equivalente al 20% del territorio de Ucrania.
Pero también Crimea posee vulnerabilidades, con serias limitaciones de agua, energía, abastecimiento logístico, vías de transporte, para lo cual siguiendo una aproximación indirecta de las operaciones militares de tipo Liddle Hart, se ha buscado aislar a la zona, aprovechando la única conexión con el territorio ruso por el puente de Kerch, obligando a Rusia a dispersar y proteger medios navales, y reforzar las defensas, transformando a esta retaguardia en un espacio de combate permanente.
La transformación de la guerra convencional en asimétrica, del TOM, y de la doctrina de guerra entre Rusia y Ucrania, demuestra que la retaguardia ha dejado de ser un espacio seguro para convertirse en un auténtico frente de batalla moderno, donde la logística, la infraestructura crítica, la economía de defensa y la profundidad estratégica constituyen objetivos decisivos para alcanzar la superioridad operacional.
Ucrania está demostrando que un mejor posicionamiento estratégico en el teatro de operaciones proporciona ventajas políticas y diplomáticas significativas para llegar a una negociación de paz.
Permite sostener la iniciativa militar, tener libertad de acción, fortalecer la posición negociadora e influir en sus contenidos. Facilita imponer términos de referencia más fuertes, reduciendo concesiones y asegurando los intereses propios desde una mayor fortaleza estratégica.
Por lo tanto, la capacidad para sostener el esfuerzo nacional debe combinarse con la degradación sistemática de la logística, la industria y la economía del adversario, confirmando que, en la guerra del siglo XXI, la retaguardia representa el verdadero centro de gravedad del poder militar.