En la obtención de cosechas el papel que desempeñan las abejas es muy importante y su desempeño como factor natural de polinización siempre fue reconocido, a tal extremo que, con justa razón, se afirma que sin ellas no habría frutos ni se estaría hablando de siega o recolecta alguna, por esta razón el hombre las admiró y cuidó, pero curiosamente es el mismo ser humano que está logrando su gradual exterminación y con ello un catastrófico futuro se cierne sobre la humanidad entera.
Biólogos, entomólogos y estudiosos del ambiente, se encuentran muy preocupados por la considerable reducción de la población de abejas. Ubican tres causas principales para esta desafortunada acción: abuso o uso indiscriminado de agroquímicos, calentamiento global y cambios irreversibles en el entorno natural, en todas ellas se advierte "la mano" del hombre, que muchas veces a cuenta del progreso o del incontenible avance de la tecnología no repara en sus nocivas consecuencias.
Evidencias irrefutables señalan a los llamados insecticidas neonicotinoides como los responsables directos de la muerte de millones de abejas en todo el planeta. En muchos países su uso está prohibido, pero en Ecuador son de libre venta y empleo. Científicos alemanes y franceses- en numerosas publicaciones especializadas y desde tiempo atrás-vienen señalando al herbicida glifosafo como "especialmente dañino" para las abejas melíferas, abejas silvestres y los llamados abejorros. Sin embargo y bajo distintos nombres y concentraciones en el país se lo sigue comercializando, anunciando sus "beneficios" en vallas y spots publicitarios.
La vida silvestre y la vida en general han registrado perturbaciones notables, cambios climáticos relacionados con el calentamiento global, se hacen presentes apareciendo un entorno natural atípico, lo que de una u otra forma incide en la supervivencia o en el éxito vital de las especies vegetales y animales, las asociativas y fantásticas abejas no se escapan de ese forzado acoso y sus grandes "bajas" van en aumento cada año.
La tala indiscriminada de bosques y selvas, la denominada "agricultura intensiva e industrial", el monocultivo en grandes extensiones, la "plastificación de los campos" o la introducción de especies enemigas de las abejas como los árboles del "Tulipán Africano" que se hallan – de manera antitécnica e inconsulta- en los parterres de la Ruta Viva o la vía a la Mitad del Mundo contribuyen día a día a mermar su agredida población.
Se levanta una voz
En el año 2016 con la traducción de Kirsti Bagethum, Ediciones Siruela de España, puso en circulación una novela de la escritora noruega Maja Lunde que bajo el título de "Historia de las abejas "afronta con singular maestría el drama por el que atraviesan esas incansables polinizadoras.
Novela ambiciosa y perfectamente armada en la que se intercalan las historias de tres protagonistas que pese a vivir en países y épocas diferentes tienen en común su relación con la apicultura. Los tres relatos enfocan el pasado, el presente y el futuro de las abejas. El primero se desarrolla en Maryville, Inglaterra en el año 1852, donde un naturalista y apicultor llamado William, a base de observación y experimentación, busca diseñar y construir un panel extraíble para las colmenas, con lo cual espera ganarse el respeto se su familia y comunidad
La segunda historia, o el presente de la apicultura, nos ubica en Autum, Ohio, Estados Unidos en el año 2007- aunque perfectamente podría darse en el 2026 y en cualquier lugar del planeta- donde otro apicultor llamado George es testigo de la gradual ausencia de las abejas obreras que, dejando atrás la reina, a las crías y a las reservas de miel se pierden para siempre de sus colmenas. Este abandono es conocido en inglés como Colony Collapse Disorden o CCD y que se la llama "Trastorno del colapso de las colonias", famoso por diezmar las colmenas hasta casi terminarlas, no existiendo hasta la fecha una solución única o definitiva, haciendo su control cada vez más difícil. Es decir que, contemplando el escenario que nos describe Lunde, bien se puede afirmar que "el principio del fin ha comenzado".
La narración de la tercera historia está en el futuro, más concretamente en el año 2098 en el Distrito 242, Sirón, Sichúan, China. Las abejas han desaparecido de la faz de la tierra y el mundo ha cambiado radicalmente. Tao y su esposo se dedican a la polinización manual de árboles frutales, única manera de obtener cosechas para una sociedad hambrienta y necesitada. El mañana se revela asolado y devastador. Un eslabón se ha destruido y las consecuencias son aterradoras.
A modo de conclusión
La novela de Maja Lunde nos conduce a una durísima realidad: las abejas han comenzado a fenecer y con ello su tarea polinizadora también. La agricultura intensiva y mono productiva, así como el mal uso de pesticidas o el empleo excesivo de protectores ambientales van gradualmente redefiniendo o mutando el rol trascendental que desempeñan estos heminópteros en la naturaleza.
Lo que ocurre con la desaparición de colmenas enteras por el CCD, también es real y evidente, la muerte de las abejas obreras no es una ficción, esa manera "aparentemente inesperada" de abandonar a sus crías o sus reservas alimenticias, advierten un drástico y letal cambio en su comportamiento.
Entomólogos y biólogos de distintas latitudes siguen estudiado el fenómeno y llegan a conclusiones interesantes como al ubicar sus causas, concluir que es un "problema multifactorial que se puede prevenir y mitigar combinando diversas acciones de manejo y protección ambiental".
"Historia de las abejas" es una vigorosa novela- lectura obligada para quienes aman la naturaleza y la literatura- dotada de una magnífica estructura y de un excelente ritmo narrativo. Personajes bien perfilados y una trama que intriga e inquieta. Novela ecológica con mucho peso admonitorio, al divulgar el tremendo daño que la humanidad está infringiendo, a unos insectos benéficos que realizan una tarea irremplazable. (O)