La alulosa, también conocida como D-psicosa, es un azúcar raro de origen natural. Aporta cerca del 70% del dulzor de la sacarosa, pero apenas el 10 % de sus calorías. Se encuentra en pequeñas cantidades en alimentos como higos, pasas y trigo.
Durante décadas fue una rareza difícil y costosa de producir. La molécula fue identificada entre las décadas de 1930 y 1940 y recibió formalmente el nombre de alulosa en 1941.
Según la información publicada, el investigador japonés Ken Izumori, de la Universidad de Kagawa, en 1994, desarrolló un método que permitió convertir la fructosa en alulosa a escala industrial.
En 2019, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) permitió que la alulosa no se contabilizara como azúcar añadido ni como azúcar total en las etiquetas nutricionales, debido a su bajo aporte calórico. Desde entonces, su uso se ha extendido a chocolates, helados y productos de repostería, entre otros alimentos.
El mercado mundial de este producto se estima en US$ 221 millones en 2026, según Fortune Business Insights y podría alcanzar los US$ 491 millones en 2034.
En Ecuador, sin embargo, la historia de este azúcar apenas comienza.
Para Cristiani y Juan Fernando Benalcázar, la alulosa apareció primero como una solución familiar, no como una oportunidad de negocio. Su abuelo René tenía diabetes y debía limitar alimentos como tortas, helados y chocolates. Ellos querían encontrar una alternativa que le permitiera volver a disfrutarlos.
Estos hermanos trabajaban en APD Proyectos, la compañía familiar fundada por su padre, Fernando Benalcázar, hace 17 años dedicada a la asesoría estratégica y servicios para la industria extractiva y energética responsable. Fue precisamente ese trabajo el que los llevó a encontrar casi por casualidad una solución para su abuelo.
A través de sus relaciones comerciales con Chile, APD había comenzado a importar soluciones para compañías mineras ecuatorianas. Entre sus vínculos estaba Fourthane, una multinacional chilena especializada en temas tecnológicos y productos químicos para el mantenimiento y optimización de correas transportadoras utilizadas en la minería. Sus productos han llegado a operaciones como Fruta del Norte y Mirador.
"Por este vínculo comercial viajábamos mucho a Santiago. En 2021, una tarde estábamos en un supermercado y nos sorprendió un producto por lo llamativo de su empaque". Era un endulzante con alulosa.
Empezaron a investigar. Querían entender qué era, de dónde venía y sobre todo, si realmente podía ayudar a su abuelo. Descubrieron que se trata de un endulzante de origen natural, que aporta menos calorías que el azúcar convencional y tiene un impacto menor en la glucosa.
"Lo que más nos sorprendió es su comportamiento. A diferencia de otros sustitutos que solo endulzan, la alulosa puede caramelizar y dorar. Además, conserva la textura y humedad de los alimentos".
En ese momento entendieron que tenían al frente una opción para su abuelo, pero también una oportunidad de negocio.
En mayo de 2022 establecieron contacto con los fundadores de Biofoods, la empresa chilena que desarrolló AluSweet, la compañía, fundada en 2013, tiene presencia en más de 3.000 puntos de venta en Chile y ha comenzado a expandirse a otros mercados, entre ellos Estados Unidos, Argentina, Bolivia y Ecuador.
La historia de sus fundadores también nació de una preocupación familiar. Jorge Iriarte, tenía a su padre y hermanos con diabetes y buscaba una alternativa que no solo endulzara, sino que permitiera disfrutar de los alimentos.
Esta coincidencia conecta las dos historias: Dos familias que buscaban una misma solución para hacer más fácil la vida de sus seres queridos con diabetes.
"Es muy difícil encontrar productos sin azúcar y que además sean ricos".
El proceso regulatorio en Ecuador tomó casi un año. "Tuvimos que sacar registro sanitario, gestionar certificaciones, homologaciones, adaptar los empaques y adecuar bodegas para almacenar el producto". Pero una dificultad aún mayor era explicar que era la alulosa. "Aquí nadie sabía que existía".
A comienzos de 2024 estaban listos para la primera importación. Trajeron cuatro SKU entre presentaciones en polvo y gotas. En total fueron 16.000 productos. Esa primera compra representó unos US$ 50.000. Su abuelo pudo comer la torta que tanto anhelaba.
Arrancaron con 11 puntos de venta en pequeñas tiendas especializadas y por su canal digital propio. La presentación en polvo de 250 gramos tiene un precio de US$8,40 y la de 500 gramos cuesta US$15,30. En gotas, la botella de 180 mililitros se comercializa en US$6,30 y la de 270 mililitros en US$7,56.
La segunda importación llegó en marzo de 2025 y amplió la apuesta hacia el segmento industrial. Incorporaron una presentación de 10 kilogramos, con un precio de venta al público cercano a US$ 138 por saco. "Quisimos que las empresas utilizaran la alulosa como ingrediente en sus procesos de producción". Cyrano, Juan Valdez y Dolce Incontro la usan en sus propuestas sin azúcar".
El siguiente paso fue entrar a las grandes cadenas de supermercados. A inicios de 2025 ingresaron a las grandes cadenas de supermercados. Primero fue Coral, después De Portal, Santa María y en junio se sumó Corporación Favorita. También están en Fybeca. Cerraron ese año con ventas de US$ 100.000.
En aproximadamente un año y medio, han vendido unas 45.000 unidades y colocado alrededor de ocho toneladas de producto para empresas. La inversión acumulada para desarrollar y expandir el negocio supera los US$ 350.000
Actualmente, la marca está en 315 puntos de venta en el país, además de Rappi, PedidosYa y su canal digital. En lo que va de este año han realizado tres importaciones.
Aprender sobre la marcha
"Empezamos de cero. No teníamos idea de cómo funciona la industria de alimentos. Nos ha tocado ser todólogos y adaptarnos en el camino".
Ese aprendizaje comenzó desde niños.
Cristiani y Juan Fernando nacieron en Ecuador, pero el trabajo de su padre los llevó a vivir en distintos países. Pasaron tres años en California, regresaron por un tiempo y después se mudaron a Toulouse, Francia. Juan Fernando tenía 10 años y Cristiani, 15.
"Estábamos en colegios internacionales y nos defendíamos. Aprendimos lo necesario en francés".
Después vendría una experiencia que ninguno de los dos olvidará. Vivieron tres años en Damasco, Siria. Cristiani terminó allí el colegio y ambos recuerdan esa etapa como decisiva en su formación. "Lo que más nos impactó fue la amabilidad de la gente, eran muy respetuosos y generosos. No había robos y nos movíamos con tranquilidad". Incluso conservan amigos de aquella época. Del árabe aprendieron algunas palabras. "El calor sí era infernal", comentan entre risas.
Recuerdan que en diciembre de 2008 nevó en Damasco. Unos meses después, la situación del país cambió. "Empezó la guerra, nos cerraron el colegio, también las embajadas y todos los extranjeros fuimos evacuados".
Después cada uno siguió su camino académico.
Cristiani estudió Negocios Internacionales en Texas y luego hizo una maestría en Project Management en Barcelona. Juan Fernando se graduó de Business Administration en la Universidad de Tulsa, con un minor en Economía y formación en Energy Management.
Actualmente, Juan Fernando, de 31 años, es el gerente general y Cristiani de 35 años, es presidente y está al frente de la logística.
Entre los dos se reparten las tareas, toman decisiones y resuelven los problemas que aparecen en el camino.
"No es fácil trabajar en familia". Hemos tenido que aprender a entendernos, a ceder y a respetarnos. También a reconocer en que es bueno cada uno".
Lo que empezó como una búsqueda para ayudar a su abuelo ahora los enfrenta a un desafío distinto: hacer crecer un negocio alrededor de un producto que todavía es poco conocido en Ecuador. (I)
