Pedro Maldonado Ordóñez Editor
En 1928 Ambato era una pequeña ciudad y Luis Jaramillo Gacitúa abría un pequeño local de venta de espejos. El negocio se encontraba en las calles Tomás Sevilla y Cevallos; se llamaba Vidriería El Iris.
Jaramillo importaba vidrio de Europa y fabricaba espejos para decoración. Eran otros tiempos y las grandes planchas de este material eran impensables. Este comerciante ambateño cortaba los espejos, los colocaba en un marco y un soporte. “Los espejos tenían cabida en todos los hogares, sin importar su estrato o el tamaño de la casa. Mi abuelo se daba el lujo de mandar sus productos a Guayaquil, en tren”, cuenta Jorge Luis Jaramillo Dávalos en la planta de producción de Fairis, ubicada en las afueras de Ambato.
Sentado en una amplia sala de reuniones, el gerente general de esta empresa ambateña viste traje café, camisa blanca, zapatos formales y lentes. Al inicio de la conversación se mantiene serio, mira el celular, que está silenciado pero que no deja de recibir mensajes y llamadas. Su semblante va cambiando cuando recuerda a su abuelo y a su padre, cuando habla de cómo su hijo mayor ya sigue sus pasos. Sonríe poco, pero deja ver que las instalaciones en donde conversa con Forbes Ecuador son resultado de un trabajo sostenido y planificado durante décadas.
La mañana empieza a abrigarse y, a través de las grandes ventanas de la sala, se observa el cielo azulado de la Sierra centro. También es posible admirar parte de la cordillera de los Andes, los bosques del sector y el verdor de los campos donde se siembra brócoli, cebollas, zanahorias y otros productos agrícolas. Es una zona productiva y allí se encuentra la base de operaciones de Fairis; el terreno es de 12 hectáreas y la planta ocupa 15.000 metros cuadrados. Trabajan actualmente 360 personas y se procesan cada año 900.000 metros cuadrados de vidrio que se utilizan en industrias como línea blanca, construcción, autopartes, etc. @@FIGURE@@
Para llegar a esos números, se requirió de tiempo, trabajo, visión de futuro y liderazgo. Jorge Luis sabe la historia y la relata tomándose su tiempo; en su memoria están presentes los pequeños detalles, así como los puntos de quiebre que vivieron su abuelo y su padre. También sabe muy bien cómo surge el vidrio. “Tiene un 70 % de sílice, un mineral abundante en la corteza terrestre. Cuando se lo funde a 1.500 grados centígrados, mezclado con otros componentes, se obtiene el vidrio que puede ser plano o hueco. Este último da paso a botellas y frascos”.
Cuenta también que las grandes fábricas que realizan este proceso pueden producir hasta 600 toneladas por día. “Son procesos industriales que requieren cientos de millones de dólares en de inversiones”. La planta más cercana está en Bogotá, dice, y agrega que también están en Chile, Brasil, Argentina, México y EE.UU. Las más lejanas están en Europa o Asia.
Esta pequeña clase termina con la explicación de los distintos tipos de vidrio. “Hay diferentes aplicaciones, desde ventanas para un cohete espacial, para vehículos, casas, tableros de básquet, etc. Todo parte del sílice”.
De regreso a los orígenes de Fairis, el gerente recuerda que su abuelo mantuvo el negocio hasta 1952, cuando falleció. “Mi papá tomó las riendas del negocio familiar. Seguía fabricando espejos y, con el tiempo, hizo crecer a la vidriería, con mayor presencia en el centro del país”. En 1970 viajó fuera del país y en México vio por primera vez lo que era el vidrio templado. Durante años investigó cómo se lograba ese producto y decidió darle un nuevo impulso al negocio de la familia.
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