Mónica Mendoza Saltos Editora General
Todos hablan del ‘récord de exportaciones’ en 2025, las ventas de productos no petroleros no mineros crecieron en mercados altamente competitivos, atendieron consumidores premium, superaron barreras arancelarias, generaron divisas y empleo. El inicio de 2026 es la oportunidad para convertir ese potencial exportador del Ecuador en “una agenda país”, necesaria para fortalecer la presencia en mercados internacionales e impulsar el crecimiento económico. Esa es la propuesta de José Antonio Camposano, presidente del directorio de la Corporación de Gremios Exportadores del Ecuador (Cordex), y de la Cámara Nacional de Acuacultura (CNA), quien desarrolla esta iniciativa para el país en una entrevista con Forbes Ecuador.
La propuesta también se recogió en el primer editorial del año de Cordex. El ejecutivo mencionó que tener una agenda nacional no se trata de una consigna, sino de una necesidad. “Hacerlo de manera sostenida y coordinada marcará la diferencia entre avanzar o quedar rezagados en un comercio internacional cada vez más exigente”.
Camposano proyecta el crecimiento de las exportaciones, pero advierte sobre rendimientos decrecientes en sectores maduros como el camaronero, bananero, cacaotero, pesquero si no se abordan problemas estructurales. Para empezar, se requiere una política ecuatoriana de fomento a la actividad exportadora y atender temas urgentes. Pero también menciona que hay que pensar “cómo queremos que sea el Ecuador del año 2100”.
Cordex es un gremio de gremios que cumplirá cuatro años de creación en agosto de este año. Representa más del 70 % de la oferta exportable no petrolera ecuatoriana y agrupa alrededor de 700 empresas, que generan más de 900.000 empleos directos e indirectos para los ecuatorianos.
¿Cómo le ha ido a Cordex en estos años?
Cordex promueve tres temas principales. El primero es que Ecuador se integre rápidamente a los mercados internacionales a través de la negociación inteligente, firma y entrada en vigor de acuerdos comerciales. Este objetivo se ha alcanzado. El más importante acuerdo fue el TLC con China, también retomar la negociación de Corea del Sur, que está a puertas de llegar a la Asamblea Nacional. Poner en la mesa la necesidad de sentarse a conversar con Japón, es decir, mirar a Asia, ya que Ecuador en algún momento solamente miraba este hemisferio y a Europa con el acuerdo comercial con la UE, que fue valioso para el país, y el acuerdo con Reino Unido.
¿Basta solo con firmar acuerdos comerciales?
El otro enfoque es gestionar técnica y adecuadamente el acceso a los mercados una vez negociados los acuerdos. No basta con reducir los aranceles. Se requiere que los sistemas de calidad, laboratorios, autoridades de control sanitario, de calidad, se ajusten a los estándares internacionales porque ahí vienen las segundas barreras al comercio. El tercer punto es impulsar una política ecuatoriana de fomento a la actividad exportadora. Ecuador tiene un mercado interno reducido. Por lo tanto, actividades como la camaronera, bananera o cacaotera necesitan acceder a mercados extranjeros porque el local no es suficiente. Un país agroexportador requiere una política de fomento a esa vocación, que incluye abordar temas aduaneros, logísticos, financiamiento y una tramitología eficaz.
¿Existe actualmente una política de fomento a la exportación?
Ecuador tuvo un plan nacional de promoción de exportaciones y atracción de inversiones en 2002, elaborado en 2001 para 10 años. Lamentablemente, ese ejercicio no se ha vuelto a repetir. No cuenta con una agenda de trabajo. El empresario lo que busca es la acción, el trabajador en las cadenas de valor, sector camaronero, cacaotero, bananero, etcétera, quiere saber que la empresa crece y genera empleo.
¿Qué se requiere para que las cadenas exportadoras sigan creciendo y generando empleo?
Hemos tenido en la historia republicana cadenas tradicionales de exportación, que son cadenas maduras. Las podemos nombrar posiblemente con los cinco dedos de una mano y agregar otras cinco que han crecido de manera importante la última década y media. Las exportaciones están altamente concentradas en estos productos.
¿Cuál es la agenda para que sigan creciendo?
Se requiere una mínima intervención del Estado, un mínimo fomento. Como se dice coloquialmente, ‘que el Estado no me estorbe’, si no va a ayudar, que no estorbe. Esto implica solucionar tres o cuatro problemas clave. Y pensar cómo queremos que sea el Ecuador del año 2100; en el próximo siglo queremos seguir siendo un país netamente bananero, cacaotero, camaronero, o queremos migrar o complementar esa oferta con otros productos de alta manufactura, alto valor agregado, tecnología y demás. Ecuador no ha desarrollado aquello y tiene un agravante, cuando entramos en dolarización era obligatorio que entrara en competitividad.
¿Cómo impacta en la competitividad del sector?
La dolarización obliga al país a trabajar en competitividad, ya que, al no tener una política monetaria propia, el sector exportador está altamente expuesto a shocks externos. Si los competidores devalúan su moneda, se vuelven más baratos. Es una tarea pendiente que no se ha abordado en administraciones anteriores y que sí requerimos que este Gobierno comience a trabajar. Por ejemplo, el sector camaronero, el más eficiente en la última década y media en exportaciones, el cuarto inversionista en el país, por debajo del minero e industrial, con más de US$ 1.200 millones en contratos de inversión firmados, está llegando a un nivel de madurez tal que estamos experimentando lo que en economía se conoce como rendimientos decrecientes.
¿Cómo se da eso?
Es decir, las nuevas inversiones que podamos traer al sector generan menores rendimientos que los que generaban inversiones y nuevas tecnologías hace cinco o 10 años. Entonces, ya no vamos a ver esos saltos cuantitativos gigantescos en materia de volumen. Me dicen ‘este año voy a producir más libras que el año pasado, pero gano menos por cada libra adicional que produzco’.
¿Qué se requiere?
Revisar internamente los temas estructurales del país que tienen que cambiar para que la actividad exportadora pueda seguir siendo lo que ha sido hasta el momento, un pulmón para la economía, un generador importante de empleo, generador de visas. Vemos con preocupación que esa capacidad generada desde lo privado se empieza a perder a pasos agigantados y el Ecuador tiene que tomar un nuevo rumbo.
¿Cuáles son los puntos clave de esa política de fomento exportador?
Los desafíos son estructurales. La primera es sin duda la certeza en materia tributaria y jurídica. Si tenemos cambios permanentes en materia tributaria es muy difícil poder hacer planificación. Costos tarifarios de servicios públicos: Hay que transparentar la tarifa real. En buena hora la ministra (Inés) Manzano eliminó ese elemento perverso que era el cobro de la recolección de basura indexada al consumo energético. También hay que revisar el alumbrado público, hay zonas rurales sin un poste. Simplificación de trámites: La burocracia excesiva, la necesidad de presentar copias de cédula para todo y la ineficiencia en el pago de permisos (papeletas de depósito individuales para cada trámite) que es heredado.
La falta de modernización la hablamos desde hace años.
Ponemos sobre la mesa la agenda de trabajo. Pero es la realidad del sector empresarial, en el caso del sector exportador, que genera US$ 30.000 millones, y el camaronero, casi US$ 8.000 millones de exportaciones, que dependen de que llegue la papeleta de depósito a la ventanilla y que el funcionario entre al sistema y valide el pago. Otro tema es el costo laboral: Incrementos salariales que no responden a mejoras en la productividad, lo que encarece el costo de producción y dificulta la contratación de más personal. Se deben revisar las políticas nacionales que afectan insumos para la industria ecuatoriana: Licencias no automáticas para la importación de productos no producidos en el país, como la soya.
Usted preguntaba cuál es el Ecuador del 2100, es decir, no al 2030 como hemos venido hablando. ¿Cómo lo hacemos?
Es que ya culminó la primera cuarta parte de este siglo. No podemos estar pensando en los próximos cuatro años. Lamentablemente América Latina nos empuja por cultura a ser extremadamente cortoplacistas. Aunque en ciertas cúpulas empresariales he dicho que tenemos que también atender los temas de corto plazo. A veces dijeron, ‘no, es que queremos trabajar en los temas de due diligence. Hay tantos temas en el sector empresarial que son importantísimos, pero en un país que no le puede garantizar ni siquiera la energía para producir, requiere que atendamos esos tres o cuatro temas urgentes, como el energético, la seguridad. Por acuacultura y pesca de 2025 Ecuador recibirá más de US$ 10.000 millones en exportaciones. ¿Queremos que eso continúe? Sí, perfecto. Entonces, ¿Qué hay que hacer? Porque el peor escenario es un sector camaronero en decrecimiento.
Según los datos disponibles de 2025, se rompen récords en exportaciones no petroleras y el camarón sigue siendo el rey, ¿prevé que haya un estancamiento, sin agenda de fomento?
Muy probablemente. El último trimestre de 2025 fue muy malo para el sector. Con bajos rendimientos y bajos precios. Porque hay que entender también que hay ciclos económicos, uno de nuestros principales mercados, China mantiene serios problemas en su economía, en términos generales compró menos camarón en los últimos dos años. Algunos expertos señalan que China creció demasiado, entonces se quedó con ciertos inventarios. Lo que hace ahora es comprar con mucha más cautela para evitar quedarse con mucho stop en su país. Entonces, ha reducido su volumen de importación.
¿Pero el sector también creció en producción?
Ecuador ha crecido, es decir, mantiene su volumen, hemos ganado market share frente a otros países que le vendían a China. Hoy el 75 % de las importaciones de camarón de China proviene de Ecuador versus el 70 % hace dos años, pero con menos compras. Diría que hasta el segundo trimestre del 2025 nos permitió crecer por encima de las exportaciones de los últimos años. Es decir, es un año récord como se le llama, porque creció el volumen y particularmente porque hay un enorme esfuerzo por vender a Estados Unidos que son productos de un mayor valor agregado y por tanto reciben un mejor precio, aunque también tienen un costo más alto procesarlo, ya que pelar camarón incluye un costo que no tiene el entero que va a China.
¿Cuántos empleos en total tuvo el sector?
Son casi 315.000 empleos directos e indirectos. El sector camaronero ya rebasó la barrera de los 170.000 empleos directos. Hay un efecto multiplicador en ciertos eslabones del sector por cada empleo que usted crea directo, se crea un empleo indirecto.
¿Con cuánto cerrará el sector en exportaciones en 2025?
Muy probablemente bordeando los US$ 8.000 millones, la Cámara maneja una información preliminar, hay que esperar a la definitiva del Banco Central. A Estados Unidos enviamos un 20 %, un volumen importante. Europa también tuvo un comportamiento no previsto, por encima del 22 %. Hay un elemento a considerar, a principios de año un grupo importante venezolano, el más grande productor de camarón que nos hacía competencia, y entraba sin arancel al mercado europeo, pese a tener sanción. Pero fue expropiado por el gobierno de Maduro y destruyó sus ventas.
¿Crecieron las ventas a Estados Unidos pese a los aranceles?
Con Estados Unidos tuvimos un crecimiento especulativo, motivado por cada anuncio del presidente Trump de que iba a aplicar una sobretasa arancelaria. Entonces, hubo una compra importante hasta marzo por el posible incremento. El camarón no es un producto de la canasta básica, a diferencia de los asociados a los agrícolas, por eso, todos los productos seafood quedaron cautivos con la sobretasa. Lamentablemente, la tasa no nos ha permitido planificar a largo plazo ventas a los Estados Unidos y nos resta capacidad de negociación con el importador.
¿En qué se sustentan estos récords de exportaciones?
Primero, tiene sectores como el camaronero que hizo las cosas bien. Las inversiones están rindiendo en producción, y los esfuerzos en diversificación de mercado. Tiene sectores como el cacaotero que tuvo un boom de precios, pero que también hizo inversiones para desarrollar eficiencias que les permitan, a pesar de ese boom de precios, seguir colocándose en los mercados, crecer en volumen, tiene esfuerzos para crecer en su producción, trabajo en genética, la productividad en fincas y demás. Caso el banano lo ha tenido difícil por el problema sanitario que finalmente fue detectado en el Ecuador y se está trabajando para precautelar que no se disemine en el territorio bananero. El plátano, lamentablemente, tiene serios problemas en productividad. En el caso del valor agregado, es un sector que tiene enorme potencial, pero está atomizado en muy pequeños productores, con dificultades para empujar la cadena de valor. El sector pesquero industrial tiene una gestión de las pesquerías e para hacerlas cada vez más sostenibles y tenemos que salir de la tarjeta amarilla. Es un sector que bordea los US$ 2.000 millones en ventas. (I)