David Paredes Periodista
Cuando el alemán Henning Brand descubrió el fósforo, en 1669, Ecuador aún formaba parte de la Corona española. Las casas en la Real Audiencia de Quito se iluminaban con velas que se encendían con cera y aceite. Los cerillos aún no eran parte del día a día de la gente. La fuerza productiva estaba concentrada en el sector agrícola y ganadero.
En Inglaterra, Isaac Newton escribía sus primeras teorías sobre la composición de la luz y desarrollaba las bases de su cálculo matemático moderno. El mundo estaba cambiando y encontró en el fuego una de sus principales fuentes de inspiración.
Brand descubrió el fósforo como elemento químico por casualidad, mientras buscaba la piedra filosofal: la mítica sustancia con la que pretendía convertir cualquier metal en oro.
Este germano bautizó a su hallazgo como phosphorus, un término de origen griego que significa "portador de luz".
Desde este descubrimiento, hasta la invención del cerillo, pasaron 157 años. En 1826 John Walker, un farmacéutico británico, experimentaba en su laboratorio con sulfato de antimonio, clorato de potasio, goma, almidón y azúcar. Mezcló estos ingredientes y descubrió que en el palo de madera quedaba una pasta que fregó contra el suelo para intentar limpiarla. Se encendió enseguida.
Sin quererlo, Walker había inventado un producto que unos años después revolucionaría la forma de hacer fuego de manera rápida y efectiva.
El invento de este farmacéutico llegó a Ecuador a inicios del siglo XX. Según los archivos del Instituto Nacional De Patrimonio Cultural, entre 1906 y 1915, operó la Fábrica Nacional de Fósforos, en el sector de Sangolquí, con una inversión inicial de 100.000 sucres.
La industria fosforera tuvo varios momentos críticos. Los cerillos se dejaron de producir en el país. El Estado importó de Suiza y Japón este producto y monopolizó el mercado durante 25 años. En 1958, en el gobierno de Camilo Ponce Enríquez, se fundó la Fosforera Ecuatoriana S.A. (FESA). El mandatario emitió un decreto que autorizaba la producción privada, lo que puso fin al monopolio estatal.
Actualmente, más de seis décadas después de su fundación, FESA elabora 12.000 millones de cerillos al año. Esto equivale a darle 15 vueltas completas al mundo si se coloca cada cerillo de 5 centímetros uno detrás del otro.
Desde finales de 2021, las operaciones de la única empresa de fósforos del país son lideradas por el CEO venezolano Daniel Morales. Llegó a la compañía con una estrategia agresiva de crecimiento. "Me encontré con una empresa líder en su segmento, pero estancada. Somos los únicos en Ecuador y tenemos marcas reconocidas, pero necesitábamos dar el siguiente paso".
Transformó la cultura organizacional
Cuando llegó a la compañía, el principal reto de Morales no estaba en mejorar los números y las estadísticas, sino en una profunda transformación humana. Se encontró con una cultura organizacional que se había establecido a finales de los años cincuenta.
Convencer a una estructura tradicional de que era momento de reinventarse requería desaprender viejos hábitos para abrir paso a la innovación. El primer gran obstáculo en este proceso fue vencer la resistencia natural al cambio en un sector maduro. "Tuvimos que hacer un mix entre personal con mucha experiencia y gente joven que venía a refrescar los procesos".
Para ello, se invirtió en capacitaciones, en crear equipos multidisciplinarios como el de Inteligencia de Mercados, y en un nuevo modelo de gestión tecnológica y de los sistemas de información de la organización. Este empresario de 45 años encontró la fórmula para iniciar una nueva era en la organización.
Diversificó el portafolio. Pasó de tener ocho productos en 2021 a 45 en 2026. Se abrieron al segmento de hogar con inversiones en creación de nuevas marcas que superan los US$ 1,5 millones.
Fosforera Ecuatoriana opera en el sur de Quito, en un terreno de 14.600 metros cuadrados que incluyen la planta de producción, oficinas, bodegas y espacios verdes. En 2025 registraron ingresos por US$ 11,75 millones, según la Superintendencia de Compañías, Valores y Seguros.
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