En un edificio de oficinas de ladrillo de dos plantas en Emeryville, un grupo de neurocientíficos planea implantar en ratones diminutas interfaces cerebro-computadora para registrar patrones de actividad neuronal cuando hacen tareas básicas, como recorrer un laberinto. El objetivo es crear una base de datos de estados cerebrales de esos animales que se corresponda de manera confiable con percepciones y acciones específicas.
Después llega la etapa de traducción: convertir esos hallazgos en código y, al final, en un nuevo tipo de sistema de IA basado en los principios que rigen el cerebro. El plan incluye experimentos con ratones, monos e incluso humanos.
Si eso da resultado, podría abrir un círculo virtuoso: los experimentos cerebrales moldean nuevas arquitecturas de IA y, a la vez, esas arquitecturas plantean hipótesis nuevas para poner a prueba. Detrás de todo aparece una ambición que suena a ciencia ficción: usar interfaces cerebro-computadora para leer la mente y también para escribirla. Los investigadores hablan de "cargar" conocimiento en el cerebro, insertar la imagen de una manzana en los pensamientos de una persona o darle instrucciones para recorrer un laberinto que nunca vio.
La idea parece salida de una novela de William Gibson. Jed McCaleb, fundador de los proyectos de criptomonedas Ripple y Stellar, busca financiarla para volverla realidad.
El multimillonario de Silicon Valley destina US$ 1.000 millones de su fortuna en criptomonedas, valuada en unos US$ 3.900 millones según estimaciones de Forbes, a la creación de sistemas de IA que alcancen la inteligencia artificial general, es decir, el punto en el que esos sistemas pueden resolver tareas tan bien como los humanos.
“La mayor parte del esfuerzo y la investigación se centran en un área en particular: los transformadores”, dijo McCaleb. “La IA se beneficiaría de un análisis más profundo del cerebro humano”, agregó.
Financia el proyecto a través de su organización sin fines de lucro, el Instituto Astera, que desde hace tiempo trabaja sobre IA, aunque hace poco puso la mira en modelos inspirados en el cerebro. Ese giro empujó la inversión multimillonaria de McCaleb. Así, Astera se suma a otras firmas de investigación en IA que recibieron miles de millones de dólares en financiamiento, pero todavía no mostraron un plan comercial claro, como SSI, del ex cofundador de OpenAI, Ilya Sutskever, o el Proyecto Prometheus, de Jeff Bezos.
Hijo de una madre soltera de Arkansas, McCaleb encaja a la perfección en el perfil del multimillonario tecnológico actual: obsesionado con el futuro, con mucho capital y una mentalidad inflexible. Sus apuestas están lejos de ser modestas. Además del Instituto Astera, donde prometió US$ 600 millones para neurociencia, una cifra que se suma a los US$ 1.000 millones destinados al proyecto de inteligencia artificial general, dedica varios días por semana a Vast, su empresa espacial en el sur de California. La firma busca reemplazar a la Estación Espacial Internacional, y Forbes informó primero que salía a recaudar fondos con una valuación de US$ 2.000 millones.
"En cierto modo, las criptomonedas fueron un gran desvío", expresó McCaleb. "Siempre quise trabajar en IA, pero solo tuve la oportunidad cuando me alejé de las criptomonedas... Creo que la IA será lo más transformador que la humanidad haya creado jamás. Por eso es lo más atractivo en lo que trabajar", completó.
McCaleb fundó el Instituto Astera en 2020 junto con su esposa, Seemay Chou, exprofesora de biología de la Universidad de California en San Francisco. El año pasado, ambos se comprometieron a donar la mayor parte de su fortuna a través de la iniciativa Giving Pledge, creada en 2010 por los filántropos Bill Gates, Melinda French Gates y Warren Buffett para apoyar causas benéficas.
En la carrera por la inteligencia artificial general, la primera contratación fuerte de McCaleb fue Dileep George, exejecutivo de DeepMind. Antes, George cofundó dos firmas de IA: Vicarious AI, que Alphabet, la empresa matriz de Google, compró, y previamente Numenta, una compañía pionera en IA vinculada con la neurociencia que lanzó junto a Jeff Hawkins, creador de PalmPilot. @@FIGURE@@
George espera ampliar el laboratorio hasta llegar a 30 investigadores este año. La contratación figura entre las prioridades: aunque Astera no puede competir con los paquetes de compensación astronómicos que pagan OpenAI y las grandes tecnológicas, apunta a sumar investigadores movidos por la misión.
"En estos momentos, un enfoque basado en la filantropía es mejor porque hay problemas de investigación fundamentales que resolver", dijo George. "Las empresas emergentes tienen que preocuparse por la próxima ronda de financiación y la próxima demostración que la impulsará, y eso es una distracción", sostuvo.
Otra posible vía para atraer talento: Astera planea publicar sus investigaciones de forma abierta, en línea con los primeros pasos de OpenAI, antes de que la necesidad voraz de capital de la industria y la presión competitiva la empujaran a dejar ese modelo y pasar a una estructura cerrada con fines de lucro. @@FIGURE@@
La misión de Astera se puede resumir con facilidad, aunque llevarla adelante resulte mucho más difícil: estudiar cómo funciona el cerebro y usar ese conocimiento para construir sistemas de IA que se parezcan más al cerebro. George espera que esa tarea abra la puerta a nuevas arquitecturas de IA más eficientes, transparentes y controlables que las actuales. Cuando McCaleb y George se conocieron, encontraron un punto en común en su escepticismo sobre la posibilidad de que los transformadores a gran escala, la arquitectura de IA que sostiene productos como ChatGPT, puedan dar lugar a una inteligencia artificial general. A su entender, el sector necesita replantear todo.
El director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, no coincide con esa mirada y declaró a Forbes en enero que cree que la inteligencia artificial general va a requerir "muchos avances de tamaño mediano" en lugar de un único salto revolucionario.
La crítica de McCaleb es simple. "Los transformadores probablemente solo se centran en un aspecto... este tipo de predicción", dijo McCaleb, y agregó que todavía faltan piezas clave, como la planificación, la toma de decisiones y la motivación.
La tendencia general de la investigación avanza en una dirección parecida a la de Astera. El nuevo laboratorio de investigación en IA del ex científico jefe de Meta, Yann LeCun, AMI, recaudó hace poco US$ 1.000 millones en una ronda inicial de financiamiento para impulsar el trabajo que llevó adelante en Meta con la construcción de "modelos del mundo", es decir, representaciones mentales del mundo que nos rodea.
McCaleb impulsa la IA inspirada en el cerebro como una vía hacia una IA más segura. Los modelos de punta actuales son gigantescos y opacos; todavía resulta difícil entender qué "saben" y por qué dan las respuestas que dan.
"Si funciona de forma más parecida al cerebro humano, hay más posibilidades de que podamos entenderlo… en lugar de que sea una especie de cosa matemática abstracta que termine siendo muy ajena a nosotros", concluyó McCaleb.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com