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Qué significa el ascenso y la repentina caída de Sora para OpenAI, Disney y el vídeo con IA

Roberts-Islam Moin

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El experimento pasó, en pocos meses, del entusiasmo global al cierre abrupto: dejó al descubierto costos altos, dudas por derechos, tropiezos comerciales y una pulseada feroz por adueñarse del negocio audiovisual algorítmico.

30 Marzo de 2026 10.18

Para un producto que llegó con aires de inevitabilidad, Sora terminó de manera sorprendentemente rápida.

OpenAI anunció el martes que le daría de baja a la aplicación y prometió más detalles sobre los plazos, la API y la forma en que los usuarios podrían conservar su trabajo.

El cierre de la herramienta de generación de video ocurrió menos de seis meses después del lanzamiento de la aplicación independiente, en septiembre del año pasado, y pocos días después de que la compañía presentara un nuevo editor para Sora el jueves anterior. Incluso publicó una nueva explicación sobre la seguridad del producto el lunes, justo antes de despedirse de la herramienta. Reuters informó que hasta algunos integrantes del equipo se sorprendieron con la decisión.

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Ese final abrupto deja dos historias contrapuestas, una al lado de la otra. Por un lado, OpenAI reasigna recursos hacia la programación, los productos empresariales, la simulación del mundo real y la robótica, donde el potencial estratégico y financiero resulta más evidente.

La otra lectura apunta a una empresa que fue más allá de sus límites, lanzó un producto de video antes de contar con una base comercial y ética firme, y después retrocedió cuando los costos, las controversias y las distracciones pasaron a ser demasiado difíciles de justificar.

Reuters informó que OpenAI se reorienta hacia la programación y los usuarios empresariales, mientras que Axios señaló que el equipo de investigación de Sora se "centrará en la investigación de simulación del mundo para avanzar en la robótica que ayudará a las personas a resolver tareas físicas del mundo real".

Aunque las dos miradas abren una discusión interesante, para las industrias creativas en general la pregunta más útil pasa por lo que el auge y la caída de Sora dejan al descubierto sobre el lugar que de verdad ocupa el video con inteligencia artificial.

El recorrido de Sora, desde la simulación del mundo hasta una despedida repentina

Cuando OpenAI presentó Sora por primera vez en febrero de 2024, la compañía lo hizo con una ambición evidente. "Estamos enseñando a la IA a comprender y simular el mundo físico en movimiento", afirmó en su sitio web, con el objetivo de largo plazo de desarrollar sistemas capaces de interactuar con el mundo real. La presentación del producto tuvo un tono casi cinematográfico, mientras que la exposición de la investigación fue todavía más ambiciosa.

Sin embargo, en noviembre de 2024, la aplicación ya atravesaba un período difícil. Varios de los primeros usuarios que la probaron filtraron su acceso al público para exponer las preocupaciones en torno a la supuesta explotación y el "lavado de imagen mediante el arte".

En diciembre de 2024, Sora salió al público, y OpenAI la describió como "una base para la IA que comprende y simula la realidad". Los usuarios podían generar videos de hasta 1080p, remezclar y combinar elementos, y explorar las publicaciones de la comunidad. Aún se la percibía como un producto novedoso, todavía incipiente, pero con mucha relevancia.

FEBRERO DE 2024 - El vídeo de Sora de una mujer elegante paseando por Tokio fue recibido con gran entusiasmo.
Febrero de 2024 - El vídeo de Sora de una mujer elegante paseando por Tokio fue recibido con gran entusiasmo. (Foto: Future Publishing vía Getty Images).

Después llegó el relanzamiento del 30 de septiembre de 2025: Sora 2. OpenAI definió al modelo original como "el momento GPT-1 para el vídeo" y afirmó que, desde entonces, el equipo puso el foco en "capacidades de simulación del mundo más avanzadas".

La compañía lanzó una aplicación social para iOS centrada en la creación, la remezcla, un feed personalizable y una función de personajes que les permite a los usuarios insertarse a sí mismos, o a amigos aprobados, en escenas generadas con una fidelidad asombrosa. Las páginas de ayuda de OpenAI describieron la herramienta como "una nueva aplicación de OpenAI para crear vídeos cortos con audio sincronizado". En una primera etapa, estuvo disponible solo para usuarios de iOS por invitación en EE. UU. y Canadá, mientras que Reino Unido, la UE y Australia quedaron afuera en el lanzamiento.

El optimismo creció con fuerza en diciembre pasado. OpenAI y Disney anunciaron un acuerdo de licencia por tres años para incorporar más de 200 personajes de Disney, Marvel, Pixar y Star Wars a Sora. Disney pasaría a ser un cliente de peso para OpenAI y haría una inversión de capital prevista de US$ 1.000 millones, sujeta a ciertas condiciones de cierre. El entonces director ejecutivo de Disney, Bob Iger, afirmó que la colaboración "ampliaría de forma reflexiva y responsable el alcance de nuestra narrativa mediante la IA generativa". Por su parte, el director de OpenAI, Sam Altman, sostuvo que ese acuerdo demostraba cómo "las empresas de IA y los líderes creativos pueden colaborar de forma responsable".

  • El 3 de febrero, OpenAI afirmó que su filosofía de clasificación estaba diseñada para "favorecer la creatividad y la participación activa, no el desplazamiento pasivo".
  • A comienzos de este mes, el producto todavía parecía seguir en marcha. El centro de ayuda de OpenAI señalaba que los usuarios debían "esperar con interés Sora para Empresas".
  • El 13 de marzo, la compañía retiró Sora 1 en Estados Unidos y trasladó a los usuarios a Sora 2 como experiencia predeterminada.
  • El 19 de marzo, presentó un editor que les permitiría a los usuarios "pasar de la generación a la edición y a la iteración sin salir de Sora".
  • El 23 de marzo, publicó una página de seguridad que describía "la generación de vídeo de última generación con una nueva forma de crear juntos".
  • Veinticuatro horas después, la aplicación quedó encaminada hacia su cancelación.

Esta secuencia de hechos, impredecible y errática, hace que el cierre parezca menos una salida prolija y más la de un producto que todavía se preparaba para el futuro hasta que dejó de hacerlo.

¿Por qué Sora tuvo dificultades?

La explicación más simple es que Sora cargaba con demasiadas exigencias al mismo tiempo: era un modelo de video innovador, una plataforma de contenido breve para redes sociales y, además, quedaba bajo la mirada de quienes la veían como un experimento ligado a los derechos. Funcionaba como una herramienta para cuidar la imagen, pero a la vez se convertía en un problema de moderación, procesamiento y reputación.

Según Reuters, Sora requería “importantes recursos computacionales” y dejaba a otros equipos con menos recursos. Al mismo tiempo, OpenAI ya preparaba un cambio estratégico más amplio hacia la programación y los usuarios empresariales.

Bilawal Sidhu, tecnólogo creativo y creador de IA/VFX en YouTube, expresó esas críticas de manera más directa en una publicación de LinkedIn poco después de que se conociera la noticia.

"Fidji Simo acaba de ordenar al personal de OpenAI que elimine las ‘misiones secundarias’. Sora, muerto. La aplicación, la API, el modelo de vídeo, todo. El acuerdo con Disney, también cancelado. Esto es de esperar cuando dejás que florezcan mil flores. El jardín se desborda", escribió, y definió la medida como "una admisión de que la era de ‘construirlo todo’ ha terminado".

El comentario resulta pertinente porque refleja una queja real alrededor de OpenAI durante el último año: hubo demasiadas ambiciones de producto en marcha al mismo tiempo, sin que todas contaran con una protección estratégica de largo plazo.

Sam Altman
Sam Altman

"Lo interesante es que el equipo de Sora no va a ser despedido", añadió Sidhu. "Los están reorientando hacia los modelos del mundo y la robótica. Lo cual tiene sentido si lo pensás. Hay una competencia enorme en la generación de vídeo ahora mismo: China está arrasando. Pero ¿ser la base de la arquitectura para la robótica? Eso es mucho más valioso estratégicamente. El producto está muerto, pero la investigación continúa, y los modelos del mundo para la robótica representan un mercado mucho mayor que un juguete de vídeo que quedó destruido por sus propias limitaciones",completó.

También había preocupaciones más de fondo, tanto en el plano creativo como en el legal. En octubre de 2025, la CAA advirtió a Reuters que Sora implicaba un “riesgo significativo” para los derechos de los creadores y preguntó si OpenAI y sus socios creían que los escritores, artistas, actores, directores, productores y músicos “merecen ser compensados y reconocidos por el trabajo que crean”. La agencia definió el control, el permiso de uso y la compensación como “un derecho fundamental” de los trabajadores creativos.

Los reportes de Associated Press después del cierre sumaron otro matiz. La agencia de noticias señaló que Sora había despertado preocupación por los deepfakes y las imágenes no consensuadas, y que OpenAI se vio obligada a endurecer medidas contra las representaciones hechas con IA de figuras públicas como Michael Jackson, Martin Luther King Jr. y Mister Rogers, después de las protestas de los herederos y de un sindicato de actores.

Ahí es donde las ambiciones de la compañía con Disney resultan tan reveladoras. Si había una alianza capaz de demostrar que Sora tenía un camino firme hacia el entretenimiento masivo, era la que incorporó a Mickey Mouse, Cenicienta, Darth Vader e Iron Man al sistema con autorización oficial.

Tanto OpenAI como Disney presentaron el acuerdo como una iniciativa centrada en las personas y orientada a proteger los derechos de los creadores. El propio comunicado de Disney sostuvo que las dos compañías impulsarían una IA centrada en las personas y respetuosa de las industrias creativas.

Más tarde, Reuters informó que la operación nunca se concretó y que no hubo intercambio de plata.

Para el 24 de marzo, Disney afirmó que respetaba "la decisión de OpenAI de abandonar el negocio de la generación de vídeo y de reorientar sus prioridades hacia otros ámbitos".

Una asociación con licencia de esa magnitud no podía resolver los problemas más profundos de Sora. Apenas hacía que la retirada pareciera más dramática.

Disney CEO
Para el 24 de marzo, Disney afirmó que respetaba "la decisión de OpenAI de abandonar el negocio de la generación de vídeo y de reorientar sus prioridades hacia otros ámbitos".

De manera llamativa, The Hollywood Reporter planteó la hipótesis de que la declaración de Disney dejaba la puerta abierta a un posible acuerdo futuro con otro generador de video basado en IA.

"Agradecemos la colaboración constructiva entre nuestros equipos y lo que aprendimos de ella, y seguiremos colaborando con plataformas de IA para encontrar nuevas formas de conectar con los fans allí donde se encuentren, adoptando de forma responsable nuevas tecnologías que respeten la propiedad intelectual y los derechos de los creadores", dijo.

Hacia dónde podría desplazarse el valor de Sora y OpenAI

OpenAI todavía tiene argumentos sólidos para sostener que el trabajo de base mantiene su importancia, ya que Sora nunca se pensó solo como un software de entretenimiento. Desde el arranque, la compañía lo vinculó con la simulación del mundo y la comprensión física. Sora 2 profundizó esa idea al sostener que los modelos de video con una física más firme, permanencia de objeto y capacidad de control serían clave para entrenar sistemas de IA que comprendan el mundo físico. Axios informó que el equipo de Sora seguirá centrado en la investigación de simulación del mundo para la robótica. La publicación de Sidhu en LinkedIn fue en la misma dirección, con una definición tajante: "el producto murió, pero la investigación continúa".

En octubre de 2025, Sora de OpenAI alcanzó el primer puesto en la lista de aplicaciones gratuitas de la App Store.
En octubre de 2025, Sora de OpenAI alcanzó el primer puesto en la lista de aplicaciones gratuitas de la App Store. (Foto: Getty Images).

Este argumento merece ser tomado en serio, porque la generación de video y la modelización del mundo siempre compartieron más puntos en común de lo que dejaba ver la narrativa del producto de consumo. OpenAI podría demostrar que lo más valioso de Sora nunca estuvo en el feed, en la aplicación ni en la cultura de remezcla a su alrededor, sino en la base misma de la investigación.

Pero eso no cambia un hecho: Sora sigue siendo un fracaso como producto independiente.

Para las agencias creativas, los estudios y los equipos de marca, un producto fallido todavía puede dar lugar a investigaciones útiles. Sin embargo, incluso una investigación valiosa puede dejar expuestos a socios y creadores si sale al mercado de una manera inadecuada.

Lo que las agencias y los creadores deberían aprender del ocaso de Sora

El mercado en general ya empezó a moverse en otra dirección. WPP lanzó Production Studio con NVIDIA Omniverse como un sistema para crear texto, imagen y video dentro de su entorno operativo. La alianza de Adobe con Runway en diciembre se centró de manera explícita en "flujos de trabajo de video impulsados por IA para creadores, estudios de Hollywood, plataformas de streaming, empresas de medios, marcas y empresas". Canal+ anunció este mes que usará Google Veo 3 para la previsualización de escenas, mientras que OpenAI impulsará la búsqueda y las recomendaciones dentro de su catálogo. En cada caso, el video con IA se integra a sistemas de producción y distribución ya existentes, en lugar de presentarse como un destino social independiente.

¿Qué significa el ocaso de Sora para el futuro del vídeo generado por IA?
¿Qué significa el ocaso de Sora para el futuro del vídeo generado por IA? (NurPhoto vía Getty Images).

Esto marca, probablemente, la lección práctica más importante de la corta vida de Sora. La próxima etapa del video con IA se definirá menos por cuál aplicación luzca más impactante el día de su lanzamiento y más por quién logre integrar los modelos en flujos de trabajo firmes, con reglas claras sobre derechos, procedencia, almacenamiento, aprobaciones, búsqueda, control de versiones y confianza del cliente.

Es posible que Sora quede en la memoria tanto como una advertencia como un punto de quiebre. Llegó con un optimismo extraordinario, hizo promesas por encima de la capacidad real del producto para sostenerlas y obligó a la industria a enfrentar preguntas difíciles sobre el consentimiento, el control, el trabajo creativo y la viabilidad comercial. También ayudó a dejar en claro hacia dónde se desplaza el centro de gravedad. Para las industrias creativas, el mensaje resulta bastante claro: conviene construir sobre sistemas, no sobre fenómenos pasajeros, porque los modelos van a evolucionar más rápido que el trabajo.

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com

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