Mientras laboratorios y millonarios apuestan a extender la vida con tratamientos costosos, crece la brecha entre quienes pueden pagar años extra y quienes apenas acceden a un médico.
¿Porqué configurar una IA para que sea más desagradable y cuestione las ideas puede ayudar a mejorar la toma de decisiones corporativas en la sala de reuniones?
La presión por recuperar inversiones de miles de millones de dólares empuja a las Big Tech hacia la publicidad y el recorte de calidad, arriesgando la utilidad del servicio en favor de los márgenes de beneficio.
Con una comunidad de desarrollo que crece en cantidad y ambición, India encara un momento decisivo: o invierte en quienes sostienen la infraestructura digital o arriesga el futuro de su economía tecnológica. La sustentabilidad dejó de ser un lujo para convertirse en condición de liderazgo.
Mientras los escritores denuncian el uso indebido de sus obras para entrenar modelos, sellos como Penguin Random House, Macmillan y Wiley avanzan con nuevas incorporaciones técnicas para aplicar inteligencia artificial en áreas como el marketing, la logística y la selección de títulos con potencial comercial.
Mientras los fabricantes de chips duplican su valor de mercado y las tecnológicas anuncian inversiones astronómicas, los grandes jugadores del negocio inmobiliario en centros de datos ven caer sus acciones, frenados por reglas que limitan su capacidad de endeudamiento, una red eléctrica colapsada y accionistas reacios al riesgo.
La empresa prueba con avisos en las respuestas de su chatbot para usuarios gratuitos de EE.UU. y del nuevo plan Go. La presión por reducir pérdidas millonarias y sostener su infraestructura tecnológica obliga a buscar ingresos fuera de las suscripciones.
Empresas como Quantum Art, QuEra y PsiQuantum están recibiendo inyecciones de capital sin precedentes para transformar desarrollos experimentales en productos concretos. Los inversores ya no esperan pruebas: quieren resultados, escalabilidad y soluciones listas para clientes reales.
El presidente argentino y el ministro de Desregulación llevaron al influyente medio británico su visión sobre libre competencia, límites al Estado y el rol de la IA como motor de crecimiento. Argumentan que regular para evitar actores dominantes puede frenar la innovación y el desarrollo económico.
El auge de la inteligencia artificial disparó la demanda de almacenamiento, y compañías como Seagate, Western Digital y Micron registraron subas de hasta 850% en sus papeles.
La empresa con sede en San Francisco, que ha realizado más de un millón de entrevistas con clientes con sus herramientas de inteligencia artificial automatizadas para ayudar a las grandes empresas a descubrir qué quieren sus usuarios, ahora ha recaudado US$ 69 millones.
Campañas que fueron bajadas de cartel, productos retirados y decisiones que impactaron fuerte en las ventas. Lo que pasó cuando marcas con presupuestos millonarios apostaron mal y tuvieron que recalcular sobre la marcha.
Aunque prometen eficiencia y autonomía, los agentes automatizados chocan con límites concretos cuando se integran al trabajo diario: sin supervisión, reglas ni responsables claros, los errores se multiplican y la confianza se desvanece.
La pandemia aceleró la digitalización de las empresas, pero también dejó al descubierto una verdad, muchas organizaciones invertían en tecnología sin comprenderla. En ese contexto nació BluBear, para demostrar que la informática solo tiene sentido cuando se entiende, se mide y se convierte en decisiones de negocio. Este año cerraron con una facturación de US$ 1 millón.
La IA está absorbiendo el trabajo rutinario. Lo que queda —y lo que ahora diferencia a los líderes— son habilidades humanas perdurables, como la inteligencia emocional.
Tras un par de años de inversiones récord, expectativas estratosféricas y debates encendidos sobre regulación y ética, el panorama de la inteligencia artificial enfrenta ahora una encrucijada.
Un recorrido por las soluciones más accesibles para automatizar tareas con inteligencia artificial. Qué ofrecen, cómo se integran con sistemas existentes y por qué pueden marcar la diferencia.
Acuerdo mediante, el gigante japonés sumará el control de DigitalBridge, una firma clave en la gestión de centros de datos. La operación refuerza su estrategia global y consolida inversiones previas en OpenAI y tecnología de chips.