Micky Malka no quiere ser definido como inversor. Tampoco únicamente como emprendedor. Aunque fundó Ribbit Capital y respaldó tempranamente a compañías como Revolut, Coinbase, Nubank y Robinhood, prefiere presentarse como “un emprendedor de corazón y un inversor por diseño”.
La frase resume una carrera construida alrededor de las finanzas, pero también marcada por una resistencia constante a las categorías. Malka ocupa el puesto 14 del ranking Midas 2026 de Forbes y lleva seis años dentro de la lista que reconoce a los principales inversores tecnológicos del mundo. Llegó a ubicarse segundo en las ediciones de 2022, 2023 y 2024, después de que varias de sus apuestas más importantes llegaran al mercado público.

Coinbase, Nubank y Robinhood protagonizaron algunas de las mayores salidas tecnológicas de 2021. Revolut se convirtió en uno de los bancos digitales más valiosos de Europa. Y Brex, otra compañía de su portafolio, fue adquirida por Capital One por US$ 5.150 millones.
Detrás de esas inversiones aparece una misma tesis: la tecnología puede distribuir productos financieros de una manera más eficiente, reducir las barreras de acceso y alcanzar a clientes que las instituciones tradicionales no atendieron correctamente.
Ahora, Malka cree que esa transformación está por ingresar en una nueva etapa. El teléfono permitió que millones de personas llevaran un banco en el bolsillo. La inteligencia artificial, anticipa, pondrá allí también a un banquero.
El banquero impulsado por inteligencia artificial
En una entrevista con el podcast Founders, Malka sostuvo que el dinero todavía permanece relativamente desconectado del desarrollo de la inteligencia artificial. El conocimiento, los textos, las imágenes y los videos ya comenzaron a ser procesados masivamente por modelos. Las finanzas, en cambio, avanzaron a otra velocidad.
Para el fundador de Ribbit, esa separación no durará demasiado. “Deberíamos empezar a ver muy pronto agentes diseñados para funciones específicas que se ocuparán de nuestra vida financiera de una forma que nunca experimentamos”, afirmó.
Estos sistemas no se limitarán a responder consultas. Malka proyecta agentes capaces de recomendar o tomar decisiones de inversión, comparar alternativas comerciales, seleccionar medios de pago y administrar diferentes aspectos financieros en nombre del usuario.
La definición que utiliza pertenece a David Vélez, fundador de Nubank y uno de los emprendedores respaldados por Ribbit: “El móvil fue la manera de poner un banco en tu bolsillo. Ahora la IA será la forma de poner un banquero en tu bolsillo”.
El cambio supone pasar de asistentes que brindan información a sistemas con capacidad de actuar. Para eso necesitarán identidad, permisos, acceso a medios de pago y una infraestructura disponible permanentemente.

Malka encuentra parte de esa infraestructura en la convergencia entre inteligencia artificial y blockchain. Los contratos inteligentes permitirían que los agentes ejecuten operaciones y muevan activos bajo condiciones previamente definidas. La tokenización, a su vez, podría convertir una cantidad creciente de instrumentos financieros en información procesable por máquinas.
“Se necesitarán contratos inteligentes que puedan hacer cosas en tu nombre”, explicó. En ese escenario aparecen los pagos entre agentes, la tokenización de activos y servicios financieros capaces de operar las 24 horas.
Las fintech vuelven a sacar ventaja
La irrupción de estos agentes podría redefinir otra vez la competencia entre bancos y fintech. Malka reconoce que entre 2021 y 2023 llegó a pensar que las instituciones tradicionales estaban alcanzando a las nuevas compañías financieras.
Los productos comenzaban a parecerse. Los bancos habían mejorado sus aplicaciones, incorporado procesos digitales y reducido algunas de las diferencias que habían permitido el crecimiento de las fintech.

La inteligencia artificial volvió a cambiar las reglas. Para Malka, la IA se transformó en una especie de “cohete de nitro” para compañías como Nubank, Robinhood, Revolut y Stripe. Estas empresas pueden incorporar las nuevas herramientas con mayor velocidad y volver a distanciarse de los jugadores tradicionales.
Una parte de esa ventaja es tecnológica. La otra está relacionada con el liderazgo. Las compañías mencionadas continúan conducidas por sus fundadores, que conservan la voluntad de modificar productos, asumir riesgos y trabajar con una mentalidad similar a la de sus primeros años. “Siguen teniendo hambre, como en el primer día, y avanzan más rápido que los incumbentes”, señaló Malka.
Su lectura no implica que estas empresas hayan ganado definitivamente. El fundador de Ribbit entiende los negocios como un “juego infinito” en el que ninguna compañía gana o pierde para siempre. Solo puede encontrarse temporalmente adelante o atrás.
Las fintech estuvieron al frente durante años. Luego, los bancos comenzaron a acercarse. Ahora, la IA podría volver a ampliar la distancia.

De apostar todo en Brasil a asociarse con Walmart
La tesis de Malka sobre inclusión y distribución financiera no nació en Silicon Valley. A los 25 años, después de vender su primera compañía, invirtió todo el dinero obtenido en la creación de un banco sin sucursales tradicionales en Brasil.
Se mudó al país con su esposa y estuvo cerca de perder todo en dos oportunidades. La empresa, Lemon Bank, buscaba atender a una población que permanecía mayoritariamente fuera del sistema financiero.
Como todavía no existían los smartphones, el modelo combinaba servicios dentro de comercios, kioscos instalados en tiendas y pequeños locales franquiciados. En su momento de mayor expansión, alcanzó aproximadamente 7.000 puntos físicos y, según relató Malka, atendió a 15 millones de clientes. Vendió la compañía en 2008. Sin embargo, la experiencia reapareció más de una década después.
En 2019, Malka conoció a Doug McMillon, entonces CEO de Walmart, durante una cena en San Francisco. Después del encuentro, el equipo de Ribbit comenzó a estudiar los servicios financieros ofrecidos dentro de las tiendas de la cadena. Probaron tarjetas, remesas y productos prepagos. Encontraron procesos fragmentados y experiencias que, según describió, parecían detenidas en la década de 1990.
Malka regresó con una propuesta: los servicios financieros no estaban entre las tres principales prioridades de Walmart, pero sí eran la especialidad de Ribbit. La solución fue crear una empresa conjunta.
Así surgió OnePay, una plataforma integrada en el ecosistema de Walmart que reúne pagos móviles, tarjetas, préstamos y otros productos financieros. Malka la define como una de las marcas financieras más grandes que el público todavía no conoce.
La conexión con Lemon Bank es directa. En ambos casos, la oportunidad surgió de combinar distribución masiva con productos financieros más simples. La diferencia fue la escala y el contexto tecnológico.
Para Malka, esa continuidad demuestra el valor de permanecer dentro de una industria durante suficiente tiempo. Una experiencia adquirida en Brasil terminó influyendo en una compañía construida 12 años después junto con el mayor minorista del mundo.

Qué busca el inversor detrás de las grandes fintech
Malka fundó Ribbit Capital en 2012, pero no la describe como una firma de inversión. La considera su sexta startup y la primera que no necesitará vender.
La organización tampoco funciona como un fondo tradicional. No hay un socio asignado exclusivamente a cada empresa. Las decisiones se toman en grupo, la información circula entre todo el equipo y los fundadores pueden recurrir a distintos integrantes según el problema que necesiten resolver.
Ribbit desarrolló además una fórmula para identificar a los emprendedores con los que busca asociarse. La llama “Eye of the Tiger” y reúne cinco características: la energía de un científico, la convicción de un misionero, el corazón de un socio, los sueños de un atleta y la obsesión de un propietario.
La definición llevó cerca de una década de trabajo. Para Malka, las mejores tesis deben poder resumirse en una servilleta. La simplicidad no implica falta de profundidad: es el resultado de haber estudiado un problema durante suficiente tiempo.
Esa filosofía también explica por qué Ribbit escribe y publica ensayos sobre el futuro financiero antes de realizar algunas inversiones. El proceso puede demandar más de un año e incluye conversaciones con emprendedores, pruebas de las hipótesis y revisiones internas.
“Hay que estar dispuesto a equivocarse durante mucho tiempo”, afirmó Malka. La escritura, sostiene, permite construir la convicción necesaria para evitar que las decisiones cambien con cada movimiento del mercado.
Empresas más pequeñas y fundadores con mayor participación
La inteligencia artificial no solo transformará los productos financieros. Malka también espera que modifique la manera de construir compañías.
Las nuevas startups podrán operar con equipos más pequeños, necesitar menos capital y permitir que los fundadores conserven una participación mayor. Los organigramas tradicionales perderán relevancia y serán reemplazados por grupos más reducidos y autogestionados.
Malka observa especialmente a los emprendedores que hoy tienen poco más de 20 años. Los considera la generación con mayor velocidad de aprendizaje de la historia: crecieron accediendo a información en tiempo real, consumiendo contenidos acelerados y utilizando herramientas de inteligencia artificial desde su formación.
Pero también identifica una limitación. La velocidad técnica no siempre está acompañada por la capacidad de comunicar una visión. Por eso, quienes puedan combinar conocimientos tecnológicos con una narrativa capaz de atraer empleados, clientes e inversores tendrán una ventaja.
La próxima generación de empresas financieras podría surgir de esa combinación: fundadores jóvenes, equipos pequeños, agentes de IA y una infraestructura que una identidad, información y dinero.
Malka ya acertó al anticipar una parte importante de la revolución fintech. Respaldó a Coinbase, Nubank y Robinhood antes de sus salidas a bolsa, acompañó el crecimiento de Revolut y trasladó una idea desarrollada en Brasil hasta el ecosistema de Walmart.
Ahora apuesta a que el próximo gran cambio no será simplemente otro banco digital. Será un sistema financiero en el que las máquinas puedan comprender el dinero, recomendar decisiones y finalmente actuar en nombre de las personas.