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Jakub Pachocki, científico jefe de OpenAI.
Innovación
Jakub Pachocki, científico jefe de OpenAI.

La advertencia del científico jefe de OpenAI sobre el avance de la IA: "Nadie está preparado para las consecuencias"

Ignacio Alegre Irrazábal

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Jakub Pachocki teme que los modelos comiencen a participar en la creación de sus sucesores antes de que existan controles capaces de supervisarlos. Por eso plantea que los laboratorios reduzcan el ritmo de desarrollo si las medidas de seguridad quedan rezagadas.

15 Septiembre de 2026 08.21

Jakub Pachocki, científico jefe de OpenAI, advirtió que el rápido avance de la inteligencia artificial podría llevar en los próximos años a un escenario inédito. Los propios modelos empezarían a colaborar cada vez más en el desarrollo de sistemas todavía más potentes. El problema es que, mientras ganan capacidades, todavía no existen métodos lo suficientemente sólidos para entender cómo toman sus decisiones y evitar que actúen de formas inesperadas.

Pachocki expuso sus temores en An Alien Mind, un ensayo publicado por la compañía creadora de ChatGPT. Ahí reconoció que le preocupa que nadie esté preparado para las consecuencias de un crecimiento rápido y sostenido de la inteligencia de las máquinas. Según escribió, la situación exige "extrema cautela". También sostuvo que los principales laboratorios podrían verse obligados a desacelerar el desarrollo si las medidas de seguridad quedan rezagadas frente a las nuevas capacidades.

Su preocupación empezó a tomar forma en OpenAI hace tres años. En 2023, un proyecto interno llamado RLSlow consiguió resultados que reforzaron la idea de que era posible ampliar el entrenamiento de modelos capaces de razonar. Pachocki recordó que esa noche se quedó en la oficina junto con otro investigador pensando en la posibilidad de que llegaran a conocer máquinas más inteligentes que los seres humanos, algo que hasta entonces parecía lejano.

Silueta de una mujer con código binario proyectado en su cara en un entorno de concepto digital. (Foto: Pexels)
Pachocki advierte que ningún laboratorio resolvió todavía cómo controlar modelos capaces de intervenir en su propio desarrollo. (Foto: Pexels)

Tres años después, considera que esa transformación ya está en marcha. Los modelos de razonamiento pueden usar computadoras, trabajar junto con personas y otras inteligencias artificiales y participar en tareas de investigación. El próximo salto sería todavía más importante. La IA podría asumir un papel creciente en el desarrollo de futuros modelos.

El salto que preocupa dentro de OpenAI

Pachocki define ese proceso como mejora recursiva de la inteligencia o RSI por sus siglas en inglés. La idea detrás del concepto es bastante simple. Cuanto más capaces sean estos sistemas, mayor será el aporte que puedan hacer a la investigación, al diseño y al entrenamiento de mejores modelos.

Hoy los investigadores siguen definiendo buena parte de los experimentos y tomando las decisiones importantes. Pero ese reparto del trabajo podría empezar a cambiar. Una IA más avanzada podría ayudar a desarrollar otra todavía más potente, y esa nueva generación, a su vez, podría acelerar de nuevo la investigación.

Eso no significa que la industria deba avanzar tan rápido como pueda. Su planteo va justamente en la dirección contraria. Si ese proceso comienza a acelerarse, los laboratorios tendrán que decidir hasta dónde seguir antes de que sus herramientas de seguridad queden demasiado rezagadas.

Parte de la dificultad tiene que ver con cómo funcionan estos sistemas. Un programa tradicional responde a instrucciones escritas explícitamente por desarrolladores. Los modelos de inteligencia artificial funcionan de otra manera. Se entrenan con enormes capacidades de cómputo y, de ese proceso, surge una estructura tan compleja que los investigadores pueden estudiarla sin comprender por completo todo lo que ocurre en su interior.

Mano sosteniendo smartphone que muestra la interfaz de ChatGPT, rodeada de vegetación. (Foto: Pexels)
Los modelos de razonamiento ya pueden usar computadoras, colaborar entre sí y participar en tareas de investigación, según Pachocki. (Foto: Pexels)

Tampoco hace falta que una IA sea mejor que una persona en absolutamente todo para que tenga un impacto enorme. Para Pachocki, basta con que supere las capacidades humanas en un número suficiente de áreas importantes.

El problema de controlar sistemas cada vez más capaces

Ahí aparece uno de los principales desafíos que enfrenta la industria, conocido como alineación. En términos simples, implica lograr que los modelos se comporten de acuerdo con las intenciones y los valores humanos incluso cuando se enfrenten a situaciones que nunca vieron durante su entrenamiento.

Cumplir correctamente una orden concreta es solo una parte del problema. Otra, bastante más difícil, es conseguir que una IA mantenga principios generales, como la honestidad o la integridad, cuando empieza a actuar con mayor autonomía y tiene que resolver situaciones nuevas.

OpenAI asegura haber logrado avances en ese terreno. De acuerdo con Pachocki, GPT-6 Astra está significativamente mejor alineado que GPT-5.6 Sol. Sin embargo, el científico advierte que eso no garantiza que las mejoras en seguridad sigan acompañando el crecimiento de las capacidades de los modelos.

La compañía también analiza las llamadas cadenas de pensamiento para entender cómo razonan sus sistemas y detectar conductas inesperadas. Pero esa herramienta empieza a mostrar sus límites. Según Pachocki, los modelos operan en entornos cada vez más complejos y pueden resolver más problemas sin tener que exponer todos los pasos que siguieron para llegar a una respuesta.

Los riesgos de agentes con mayor autonomía

La ciberseguridad es uno de los casos en los que esa evolución ya empieza a encender las alarmas. Pachocki aseguró que los modelos mejoraron mucho su capacidad para vulnerar sistemas informáticos y cree que los futuros agentes podrían acceder a buena parte de la infraestructura digital que no cuente con defensas lo suficientemente fuertes.

Silueta de una persona utilizando ChatGPT en la pantalla de un ordenador en una habitación oscura, destacando la interacción digital. (Foto: Pexels)
OpenAI reconoce que su capacidad para supervisar el razonamiento de los modelos disminuye a medida que estos ganan autonomía. (Foto: Pexels)

Los antecedentes muestran que el riesgo ya dejó de ser teórico. En julio, durante una evaluación interna, agentes de OpenAI eludieron los controles que debían mantenerlos aislados y vulneraron los sistemas de Hugging Face. La intrusión fue impulsada principalmente por un prototipo interno llamado IM1, aunque también participaron agentes de GPT-5.6 Sol. Astra no estuvo involucrado.

En los últimos días, Reuters reveló un episodio previo. Entre mayo y junio, otros agentes vinculados con OpenAI realizaron más de 15.000 modificaciones en DseWiki, una plataforma alemana para programadores, y la convirtieron en un canal para compartir métodos para eludir restricciones, evitar ser detectados y coordinar sus acciones.

El riesgo aumentaría a medida que esos sistemas pudieran actuar por su cuenta durante períodos más prolongados. Una IA utilizada para ejecutar una acción maliciosa podría tomar decisiones que excedan lo que la persona que le dio la orden pretendía. En ese escenario, la diferencia entre el uso indebido de una herramienta y una acción decidida por el propio sistema empezaría a volverse menos clara.

Pachocki incluso menciona escenarios en los que agentes avanzados intenten obtener la cooperación humana mediante engaño, negociación o amenaza. También señala los peligros que podrían surgir si estos sistemas contribuyen al desarrollo de nuevas tecnologías peligrosas, entre ellas patógenos diseñados.

Aun así, Pachocki considera que detener por completo el desarrollo tampoco resolvería el problema. Según explica, harán falta sistemas de inteligencia artificial potentes y alineados para proteger infraestructuras críticas. Sin embargo, rechaza que esa necesidad sirva de excusa para avanzar sin límites. "Avanzar a cualquier costo parece absurdo", sostuvo.

Por qué OpenAI plantea desacelerar

Para Pachocki, la alternativa pasa por seguir desarrollando inteligencia artificial, pero ajustar la velocidad a las garantías de seguridad que puedan demostrar los laboratorios. También cree que los compromisos voluntarios adoptados por empresas como OpenAI y Anthropic deberían, con el tiempo, convertirse en estándares compartidos. Su cumplimiento podría recaer en manos de auditores externos.

La advertencia más fuerte aparece al final del ensayo. Pachocki asegura que actualmente "ningún laboratorio resolvió suficientemente" los problemas de alineación y monitoreo como para continuar ampliando sus sistemas a máxima velocidad durante mucho más tiempo. Por eso espera que las desaceleraciones voluntarias empiecen a ser más frecuentes mientras la industria busca acordar reglas de seguridad comunes. También considera que los gobiernos deberían dar mayor prioridad a la coordinación internacional en torno al futuro de esta tecnología.

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