El problema afectó el sistema que genera las claves de acceso, dejó expuestos al menos 7.300 dispositivos Coldcard y podría elevar las pérdidas hasta US$ 130 millones.
El gigante de los pagos incorporará una plataforma que monitorea 19.000 millones de sesiones bancarias al mes y detecta señales de estafa antes de que el dinero salga de una cuenta.
Horizon3 recaudó US$ 250 millones en una ronda de financiación Serie E con su apuesta por una IA autónoma capaz de vulnerar redes en segundos y transformar cada prueba en datos propios para perfeccionar su defensa digital.
La compañía reconoció que sus modelos aprovecharon vulnerabilidades desconocidas, consiguieron acceso a Internet e ingresaron en la infraestructura de Hugging Face para obtener las respuestas de una evaluación. OpenAI calificó el episodio como un incidente de ciberseguridad “sin precedentes”.
La decisión de Francia marca un nuevo capítulo en una tendencia que comenzó en Australia y la Unión Europea evalúa una política común de limitar el acceso de los menores a las redes sociales. El debate ya no pasa sólo por la edad de ingreso, sino también por quién debe hacerse cargo: ¿los gobiernos, las empresas tecnológicas o las familias?
OpenAI aceptó limitar el acceso inicial a GPT-5.6 tras un pedido de Washington. La empresa prepara una salida gradual mientras las autoridades revisan posibles riesgos de uso indebido en defensa digital y operaciones sensibles.
Con 16 sedes repartidas en tres países y millones de asistentes hiperconectados, la Copa del Mundo 2026 es un campo de pruebas global para la vigilancia predictiva, la ciberseguridad y la biometría. Mientras el sector corporativo blinda infraestructuras críticas, surge un debate ineludible: ¿Cuánta privacidad estamos dispuestos a ceder a cambio de un evento ágil, moderno y seguro?
Un informe de KELA detectó 2.860 millones de claves expuestas y advierte que los infostealers ya roban cookies de sesión, incluso en macOS, para esquivar la doble autenticación.
El episodio puso el foco en un problema menos visible y cada vez más urgente: ¿quién controla realmente el acceso a las herramientas más poderosas del sector?
El incidente expuso cómo la combinación de herramientas de terceros, accesos internos y ataques potenciados por inteligencia artificial redefine los riesgos en la infraestructura digital, incluso en compañías con altos estándares de seguridad.
Expertos en seguridad advierten que el problema más urgente ya atraviesa las empresas, que incorporan IA sin la supervisión necesaria y quedan más expuestas a errores propios que a una ofensiva externa.
La versión preliminar del modelo encendió alarmas en Estados Unidos y Europa por su aparente capacidad para explotar fallas de ciberseguridad desconocidas.
Detrás de la marcha atrás apareció una pregunta incómoda para toda la industria: ¿qué pasa cuando una herramienta promete resolver problemas y al mismo tiempo puede agravarlos?
La empresa de ciberseguridad con inteligencia artificial Depthfirst consiguió US$120 millones en financiación para desarrollar una especie de "inteligencia de seguridad general" capaz de defenderse contra la IA maliciosa.
Una startup israelí aseguró que su agente superó a casi todos los participantes humanos en torneos globales de ciberseguridad y encendió alertas por la facilidad con la que estas herramientas pueden vulnerar sistemas.
John Doyle, cofundador y director ejecutivo de Cape, está experimentando un rápido crecimiento de los ingresos de su red de telefonía móvil, que elimina los registros de llamadas y no recopila números de seguridad social como lo hacen AT&T y Verizon.
La IA está escribiendo más código que los humanos, y gran parte de él no es seguro. Los fundadores de Corridor creen haber encontrado una manera de detectar los errores antes de que lo hagan los atacantes.
Firmas con hasta 249 empleados concentraron 63% de las filtraciones detectadas durante 2025 y acumularon 352 millones de registros expuestos, según Proton, que advierte sobre ataques más frecuentes y severos.
Peritos y abogados ya se topan con imágenes de siniestros armadas por algoritmos que superan los controles básicos. Entre reclamos inflados y videos truchos, aseguradoras y tribunales ajustan reglas y cadena de custodia: la clave pasa por probar el origen, no la apariencia.