En noviembre de 2016, el Dr. Luigi Taranto Montemurro, investigador de Harvard, estaba en un laboratorio del Hospital Brigham and Women's. Observaba el sueño de un hombre de mediana edad con apnea obstructiva del sueño. El paciente yacía en una cama, conectado a cables que permitían monitorear si dejaba de respirar durante la noche. Taranto Montemurro evaluaba un posible medicamento, aunque no tenía grandes expectativas. Hacía décadas que los investigadores intentaban dar con un fármaco capaz de tratar esta afección común —una interrupción de la respiración durante el sueño, que a veces hace caer los niveles de oxígeno a un punto peligroso— y todos los intentos anteriores habían fracasado.
Entonces se dio cuenta de que el hombre dormido respiraba con normalidad.
"Normalmente, este tipo sufría de apneas y, de repente, respiraba bien. Así que fui a ver si algo fallaba en el equipo, si no estaba bien conectado", contó Taranto Montemurro a Forbes. Pero el equipo funcionaba correctamente. La combinación de dos fármacos que estaba probando había dado resultado. "Fue como: '¡Guau! No puedo creer lo que veo'", agregó.
Nueve años después, la startup Apnimed, con sede en Cambridge, Massachusetts, que compró los derechos del posible medicamento a Harvard, se prepara para pedir la aprobación de la FDA para una pastilla nocturna basada en esos dos fármacos, destinada a tratar el trastorno respiratorio. En términos simples, el medicamento activa el tronco encefálico e impide que los músculos de la garganta se relajen por completo, mientras permite que el cerebro descanse durante el sueño. Si todo avanza según lo previsto, podría salir al mercado en el primer semestre de 2027, con la posibilidad de cambiarle la vida a parte de los 80 millones de personas que tienen apnea del sueño en Estados Unidos.
Hoy, el tratamiento más común para esta enfermedad es una máquina de presión positiva continua en las vías respiratorias, conocida como CPAP, que impulsa aire por la garganta para mantenerla abierta. El dispositivo funciona, pero casi todos los que lo usan lo detestan. Muchas personas con apnea del sueño se niegan a probarlo o ni siquiera se hacen diagnosticar por miedo a tener que usarlo. Sin embargo, la apnea del sueño no es una molestia menor. Distintas investigaciones muestran que quienes no la tratan tienen más probabilidades de desarrollar problemas cardíacos, accidentes cerebrovasculares, e incluso Parkinson o Alzheimer. Un tratamiento que los pacientes toleren mejor podría tener un impacto real en su salud general.
"Una pastilla para la apnea del sueño siempre fue el santo grial", dijo el Dr. Andrew Wellman, investigador del sueño de Harvard.
Apnimed es una empresa biotecnológica en etapa inicial. Todavía no genera ingresos y opera con pérdidas, pero la promesa de su píldora le permitió recaudar US$ 260 millones de inversores como Morningside, Alpha Wave Global y Sectoral Asset Management, con una valoración cercana a los US$ 400 millones. Si logra llevar el fármaco al mercado, ese valor podría ser mucho mayor. Lanzar un medicamento es costoso, y Apnimed evalúa cómo conseguir el dinero necesario, incluso con una posible oferta pública inicial (IPO), tal vez este mismo año. Aunque solo una parte menor de las personas con apnea del sueño usara la píldora, el producto podría transformarse en un éxito de ventas, con ingresos por miles de millones de dólares.

"Las cifras son alarmantes", aseguró el Dr. Larry Miller, cofundador y director ejecutivo de Apnimed, neumonólogo y emprendedor en serie que pospuso su jubilación para fundar la empresa. "Creo que millones de personas lo usarán. No sabemos si serán un millón o diez", expresó.
Hasta hace poco, la medicina del sueño venía bastante estancada. Incluso hoy, en Silicon Valley el interés por el sueño pasa más por colchones y tecnología wearable de alta gama, pensados para consumidores que buscan un descanso "optimizado". La apnea del sueño, aunque ya hay algunas startups en etapas iniciales que se enfocan en ella, sigue siendo una enfermedad poco visible. "No es una enfermedad emocionante", dijo Miller. "Algunas enfermedades, como el Alzheimer, captan la atención del público. Esta nunca lo hizo", añadió.
Esto puede deberse a que el sueño sigue siendo un terreno poco comprendido, a pesar de que pasamos cerca de un tercio de la vida durmiendo. O tal vez influya la falsa idea de que no se trata de una enfermedad grave, o que solo afecta a hombres obesos de mediana edad. La CPAP se creó en 1981; antes de eso, las personas con apnea del sueño grave eran tratadas con una traqueotomía, una perforación quirúrgica en la tráquea.
"La apnea obstructiva del sueño es un problema de salud pública masivo que no se reconoce, trata ni diagnostica lo suficiente", afirmó el Dr. Nate Watson, médico especialista en medicina del sueño y expresidente de la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño, que en algunas ocasiones trabajó como consultor para Apnimed.
Encontrar un tratamiento para la apnea del sueño fue, durante mucho tiempo, una meta para el investigador del sueño de Harvard, el Dr. Andrew Wellman. Dirige el Laboratorio de Trastornos Respiratorios del Sueño en el Hospital Brigham and Women's, donde Taranto Montemurro hizo su posdoctorado. Incluso cuando era un joven investigador, hace 25 años, Wellman ya pensaba en cómo tratar la apnea del sueño. Estaba convencido de que debía haber un componente químico en el trastorno, y que eso abría la posibilidad de una solución farmacológica. Su razonamiento era claro: incluso personas con obesidad extrema, con lenguas grandes y cuellos gruesos, no sufren apnea del sueño mientras están despiertas. Sin embargo, al menos 40 candidatos a fármacos se probaron a lo largo de los años sin éxito, según Miller. "Una pastilla para la apnea del sueño siempre fue el santo grial", dijo Wellman.
Por eso, tanto él como Taranto Montemurro —que tiene 47 años, nació en el pequeño pueblo italiano de Rovato y llegó a Estados Unidos para trabajar en su laboratorio— se sorprendieron cuando las pruebas en pacientes empezaron a mostrar señales de que el tratamiento funcionaba. "Sinceramente, no creía que nuestros hallazgos fueran reales", dijo Wellman. "Me engañaron muchísimas veces con esto", agregó.

Cuando Taranto Montemurro le contó los resultados del laboratorio, se puso en contacto con Miller, neumonólogo y emprendedor en serie. Miller ya había fundado otras nueve empresas desde 1990, de las cuales vendió siete por un total que superó los US$ 1.000 millones. En ese momento trabajaba en Macrolide Pharmaceuticals, una compañía que había creado en 2015 con una inversión de US$ 22 millones aportada por las filiales de capital de riesgo de Novartis y Roche, con la idea de desarrollar una nueva clase de antibióticos. Sin embargo, la empresa tuvo problemas y terminó vendiéndose, bajo otro nombre y con un nuevo modelo de negocio, a otra farmacéutica en etapa inicial por unos US$ 25 millones en 2021.
"Es una adicción, míralo así", dijo Miller, con los ojos encendidos, al hablar de sus startups. "Antes de esta, pensaba que estaba acabado... Pero cuando Andrew me llamó para hablarme de los datos, pensé: 'Esto es demasiado bueno. Tengo que hacerlo'", sostuvo. Ahora se ríe cuando sus hijos lo llaman "el CEO de startups más viejo del mundo", con 72 años.
En 2017, Miller fundó Apnimed. Negoció los derechos de las patentes con Harvard, y Taranto Montemurro se sumó como cofundador y luego como director científico. En agosto de 2019, la startup consiguió US$ 26 millones del Morningside Group, la firma de inversión de Gerald Chan, cuya familia hizo su fortuna en el sector inmobiliario de Hong Kong. Hoy, Miller tiene lo que él mismo define como "un pequeño porcentaje" del negocio.
"Las cifras son alarmantes. Creo que millones de personas lo usarán. No sabemos si serán un millón o diez", dijo el Dr. Larry Miller, cofundador y director ejecutivo de Apnimed.
"Estos son auténticos", afirmó el Dr. John Cronin, quien se sumó a la empresa como vicepresidente sénior de desarrollo clínico en 2022, después de haber sido director médico de atención respiratoria y del sueño en Philips Respironics, uno de los dos grandes fabricantes de CPAP. “Vi a muchos líderes en medicina del sueño que se preguntan: '¿De verdad van a cumplir con esta promesa?'”, contó.
Conseguir esa primera inversión de Morningside fue sencillo, pero con la llegada de la pandemia y el golpe que sufrió el sector biotecnológico, la situación se volvió mucho más complicada, recordó Miller. Estima que tuvo que asistir a decenas y decenas de reuniones para conseguir nuevas rondas de financiamiento. “Decían: 'Es demasiado arriesgado', 'Este no es un campo', 'Nos interesa el cáncer, las enfermedades cardíacas o algo más'. No es una postura absurda desde el lado del inversor, pero para nosotros fue frustrante”, precisó.
Para Chris Dimitropoulos, director general de Alpha Wave —una firma de inversión global que también apoyó a SpaceX y OpenAI—, la decisión de apostar por Apnimed en 2022 empezó con comentarios de familiares que tienen apnea del sueño. Le hablaban de lo molesto que era dormir todas las noches con una mascarilla. “Fue un primo mío, luego dos o tres primos míos y un amigo. Cuanto más se conocía, más personas me enteré de que afectaba”, contó. Así tomó dimensión de lo extendida que está la enfermedad y del impacto que tiene en la salud. "No creo que el mundo sepa realmente lo grave que es", dijo.

Durante los últimos ocho años en Apnimed, Taranto Montemurro y su equipo científico trabajaron en las pruebas y el perfeccionamiento de la píldora compuesta por dos fármacos. Los estudios clínicos de fase 3, que concluyeron el año pasado, demostraron que mejoran la respiración de los pacientes mientras duermen. En uno de esos estudios, publicado en julio pasado, el medicamento redujo en un 47 % el índice de apnea-hipopnea —un indicador de la gravedad del trastorno— a las 26 semanas, frente al 7 % que mostró el grupo que tomó placebo. No se registraron efectos adversos graves. Los efectos secundarios fueron leves y se limitaron a molestias como la sequedad bucal y el insomnio.
"Creemos que la mayoría de las personas diagnosticadas no reciben tratamiento. Ese es el absurdo fundamental de esta categoría", dijo Graham Goodrich, director comercial de Apnimed.
No hay otros tratamientos en pastillas que sean efectivos para todos los casos de apnea del sueño. A fines de 2024, la FDA aprobó Zepbound, el medicamento para bajar de peso de Eli Lilly, para tratar la apnea del sueño de moderada a grave en adultos con obesidad. A diferencia de la pastilla de Apnimed, Zepbound actúa sobre el peso: como las personas con sobrepeso son más propensas a sufrir apnea del sueño, adelgazar puede mejorar su respiración durante la noche. Pero no trata directamente el trastorno y no está aprobado para casos leves ni para personas que no tienen obesidad.
En Apnimed calculan que hay tantas personas con apnea del sueño sin tratar que sumar nuevas opciones terapéuticas no haría más que ampliar el mercado potencial. Un análisis que la empresa hizo sobre cinco años de reclamaciones médicas mostró que 23 millones de personas con diagnóstico de apnea del sueño —una fracción de los que se estima que tienen la enfermedad— pidieron tratamiento, pero solo 6,5 millones lo recibieron.
"Creemos que la mayoría de las personas diagnosticadas no reciben tratamiento. Ese es el absurdo fundamental de esta categoría", dijo Graham Goodrich, director comercial de Apnimed.
La empresa ya mantiene conversaciones con aseguradoras para definir la cobertura del medicamento, un punto clave para su éxito comercial. Además de su primera pastilla para la apnea del sueño, Apnimed desarrolla otras dos moléculas potenciales en colaboración con la farmacéutica japonesa Shionogi.
Miller cree que, en el futuro, los millones de personas con apnea del sueño van a contar con distintas opciones de tratamiento, como sucede con otras enfermedades o trastornos graves. "Será como el asma o la hipertensión", dijo, al mencionar algunas de las principales enfermedades crónicas que ya tienen tratamientos farmacológicos. “Como médico, uno intenta elegir la mejor opción para el paciente. Eso no fue posible hasta ahora”, remató.
*Con información de Forbes US.