Los equipos de mentes diversas generan soluciones que son, en promedio, un 20 % más creativas y precisas. Empresas como JPMorgan Chase ya han monetizado esta realidad: su programa "Autism at Work" reveló que los empleados neurodivergentes (funcionamiento diferente del cerebro) eran entre un 90% y un 140% más productivos que sus pares neurotípicos en tareas de análisis de datos.
La interacción con perspectivas divergentes activa la Corteza Cingulada Anterior (ACC), la región cerebral encargada de detectar conflictos y errores. En equipos homogéneos, la ACC disminuye su actividad, permitiendo que errores críticos pasen desapercibidos bajo el ‘piloto automático’.
Margoth Chiriboga, socia de una firma legal del país por más de dos décadas, comprendió la realidad de la nuerodivergencia, desde el núcleo de su propio hogar. Como resultado, entró en una transición de su carrera como abogada a una audaz realidad lógica, desde las leyes a la neurociencia aplicada (estudio científico del sistema nervioso que incluye el cerebro, la médula espinal y las redes neuronales).
Como consultora y docente, su enfoque se aleja del paternalismo y la inclusión, para centrarse en la Sinergia Diversa. Un concepto que propone que la integración de mentes diferentes es el motor de una eficiencia neuronal dentro de los equipos multidisciplinarios de las empresas.
Define el término neurodivergencia como variaciones naturales del cerebro que generan que una persona piense, procese la información y aprenda de forma distinta frente al promedio (neurotípicos). Es el funcionamiento diferente de la mente, que puede generar desafíos diarios, pero que no se refieren a una patología o enfermedad. Entre los principales tipos están el Trastorno del Espectro Autista (TEA), el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), la dislexia, el Síndrome de Tourette y altas capacidades.
La genética en una familia de mentes diversas
La historia de esta abogada se entrelaza con la arquitectura única de su familia. Con dos hijos y un esposo que navegan en la neurodivergencia, ella es testigo directo de cómo las mentes que procesan el mundo de forma distinta, pueden tener ciertas ventajas competitivas naturales; así como también algunas desventajas.
"Las neurodivergencias tienen un componente genético", explica Chiriboga, enfatizando que no se trata de limitaciones ni patologías, sino de perfiles únicos que en condiciones adecuadas pueden desarrollar actividades con altos porcentajes de eficiencia, superando el promedio.
“En esta sala donde estamos ahora, hay temas geométricos en el piso. Una persona autista ya sabría exactamente cuántos tablones hay y cómo están alineados entre sí”, dice Margoth para ejemplificar.
Lo que coincide con los estudios publicados en la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos (accesible de forma digital), que explican que en el espectro autista se ha observado una capacidad superior para detectar patrones o detalles. Mientras el cerebro promedio tiende a ver el bosque ignorando los árboles, el cerebro autista se destaca en el procesamiento de detalles profundos, identificando fallas críticas en sistemas complejos. Pese a esto, datos de la OMS, del 2026, indican que 85% de los adultos autistas del mundo están desempleados o en subempleo.
En el caso de Maggie, tanto Julián, de 15 años, como Joaquín, de 13, tienen TDAH, son parte del 5% de los niños del mundo, como indica la OMS. El mayor, con rasgos de impulsividad y oposicionismo desafiante, y el menor, con hiperactividad y altas capacidades, diagnosticado como superdotado, según sus médicos de cabecera.
Así mismo, las actividades en las que logran una concentración intensa y sostenida o ‘hiperfoco’ son diferentes: Julián en el deporte y participa en carreras en “representación de los niños con neurodivergencias como yo”, según dice en sus declaraciones en videos en redes sociales; y Joaquín cuando usa las acuarelas y el óleo para producir obras que según su madre, son “masterpieces” de la pintura.

El conocimiento ayuda a entender este fenómeno
Ella relata que en estas labores, Julián y Joaquín logran mantenerse interesados y “su mente explota”, refiriéndose a la importancia de brindar las condiciones individuales necesarias para que ellos realicen actividades con resultados exitosos.
Sin embargo, esta dinámica tuvo que ser descubierta poco a poco. En vista de la necesidad de entender a sus hijos y a su esposo, hace 15 años inició su experiencia sobre neurodivergencia, dentro de su hogar y tuvo que consultar especialistas, investigar, estudiar, aprender y especializarse. Hoy tiene una maestría en terapia sistémica familiar, una maestría en neurociencias y está cursando un PhD en derecho e inclusión.
Con esta preparación fundó el Club de Vida con Neurodivergencia, una organización que orienta y asesora a familias y, especialmente a cuidadores de personas neurodivergentes, para que entiendan y manejen sus diversas condiciones. “Lo primero que se necesita es descubrir, conocer y aprender a desarrollar herramientas para que la diversidad sea funcional”, agrega la especialista en neurociencia, reconociendo que la familia no es el único espacio que debe contar con estas habilidades. También se enfoca en la educación, el trabajo y el derecho, para cumplir con el concepto de sinergia.
Por eso, las charlas a las escuelas, colegios, universidades y empresas también son parte de la agenda en su nuevo desarrollo profesional. "Se aprende solo desde el error", sostiene Maggie. Por ejemplo, para las organizaciones del siglo XXI, la equivocación más costosa es seguir buscando la "normalidad" en lugar de habilitar el potencial de alto rendimiento que reside en la diferencia.
La rentabilidad de la neurodivergencia
Para las empresas, ignorar estos perfiles tiene un costo real. Según el Informe Mundial sobre Inclusión de la Discapacidad: ‘Acelerando la Inclusión en un Mundo Cambiante y Diverso’, de la Alianza Internacional de la Discapacidad (IDA), en 2025, el subempleo de personas con discapacidad y neurodivergentes cuesta a los países en vías de desarrollo hasta el 7% de su Producto Interno Bruto (PIB).
Además, las organizaciones tradicionales mantienen el mito de que la inclusión es costosa. Esta idea se desmorona ante los datos de la Red de Adaptación en el Trabajo (JAN, por sus siglas en inglés), de la Oficina de Política de Empleo para Discapacitados de Estados Unidos. El 59% de las adaptaciones en el lugar de trabajo tienen un costo de US$0, como la flexibilidad de horarios o instrucciones por escrito que eviten ambigüedades.
Durante su práctica profesional, capacitando a empresas, Margoth ya tiene resultados positivos cuyos costos se confirman en el estudio citado en el párrafo anterior. Realizó una asesoría a un alto ejecutivo, quien le comentó que en un mes, logró superar el 30% de los conflictos con uno de sus colaboradores que estuvo a punto de ser desvinculado.
Las herramientas que implementó se centraron en el cambio de dinámicas en la comunicación, en la forma de dar instrucciones y en la metodología para medir los resultados del trabajo.
Esta trayectoria de Margoth Chiriboga es la prueba de que el futuro de la rentabilidad y el retorno positivo sobre las inversiones (ROI) no es uniforme; es diverso, técnico y, sobre todo, humano. (I)