Forbes Ecuador
Mascota Horange
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Patricia Guevara es una planificadora empedernida. Cada acción suya, en el trabajo y en la casa, está delineada a la perfección. En su hogar, es madre de un niño de casi tres años y de dos perritos adoptados: Peca y Pepe.

09 Julio de 2022 09.46

En 2014 decidió emprender y dejar atrás una carrera de 10 años en Telefónica. Sabía que lanzarse no sería una situación fácil, pero sabía que era su momento. Su esposo manejaba la administración de bienes inmuebles y ella necesitaba un cambio. Vio una necesidad en el mercado sobre el facility manager y fue por ahí. Fundó Arbo, una forma que ahora, además ofrece la administración de bienes inmuebles y la construcción de casas. 

Ella es Patricia Guevara, una Ingeniera Comercial, con especialidad en Marketing, por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), madre de un niño de casi tres años (Leo) y de dos mascotas adoptadas (Peca y Pepe). En Arbo, que pasó de duplicar ventas, de US$ 150.000 a 300.000, entre 2019 y 2020, y para este año planea llegar a US$ 500.000, dirige una nómina de 23 empleados y de 90 familias vinculadas con la provisión de servicios. Su objetivo es abrir operaciones en dos países (Colombia y México) en los próximos cinco años. 

“El facility manager es el servicio de mantenimiento preventivo y correctivo de la infraestructura física de las empresas. Es decir, obre civil. Arbo fue un reto durísimo, porque no es fácil emprender. Pero al lograrlo, da satisfacción y vamos queriendo más y más. Me gusta complementarme con otras personas, porque uno no sabe hacer todo, lo importante es rodearse de gente que sepa. Tanto en la vida del negocio como en la vida familiar. 

Mascota Horange
Fotos: Pavel Calahorrano

“Lo que me ayudó mucho de mi profesión es la planificación. La construcción, además de saber sobre la parte técnica y donde me han ayudado muchos especialistas y profesionales excelentes, planificar, controlar, dirigir es lo que me ayudó. No he sentido discriminación en un sector históricamente de hombre, pe sí he visto caras de sorpresa, por parte de los clientes, cuando voy a ofrecer un servicio de construcción, de cosas duras y cuando ven que una mujer les habla sobre el inyector del motor, por ejemplo, se quedan sorprendidos. Nosotros trabajamos con maestros mayores a quienes hay que hablarles duro, porque están acostumbrados a tratar con hombres, al principio me decían, “la inge”, en tono condescendiente, pero ahora ya me van conociendo (risas). 

“Es evidente que las diferencia físicas con los hombres están. El cerebro de una mujer es diferente físicamente al de un hombre porque somos diferentes. Lo importante es aceptar esa diferencia. No es buena ni mala, solo diferentes. Para salir adelante en la empresa me sirvió llevar una planificación, no hacerlo por el ímpetu o las ganas de hacerlo, sino tener una planificación, el primer voy a hacer esto, en el segundo esto otro, y así. Y cada cierto tiempo revisar que se están cumpliendo las metas. Para las mujeres sí es más difícil ser empresarias, por historia más que por capacidad. Los momentos complicados siempre van a haber. Quéjate cinco minutos, cinco minutos de queja, 23 horas 55 minutos de acción

“Tengo un hijo de carne y hueso y dos peludos. A la Peca la adoptamos en 2012, cuando tenía dos meses de edad. Una señora publicó un anuncio de que la encontró en el parque La Carolina. Ella es muy tranquila y mimada. El Pepe, en cambio, fue recogido por mi esposo, que le salvó la vida  en la vía a la Costa, en Guayaquil. La  idea era ponerlo en adopción, pero no, lo adoptamos nosotros. Tiene cuatro años y un problema de salud, a él tenemos que darle tres veces al día medicina, todo programamos para que esté bien”. (I)

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