Forbes Ecuador
14 Febrero de 2026 10.18

Sonia Vargas Montero

La receta del crecimiento de The Smart Roll

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Es una marca ecuatoriana especializada en rolls de canela artesanales, conocidos por sus masas suaves, toppings creativos y presentaciones pensadas para redes sociales. Detrás del concepto está Paula Idrovo, una emprendedora guayaquileña que, con 24 años, logró transformar un proyecto casero en uno de los negocios gastronómicos más virales.

A partir de un simple antojo, Paula Idrovo creó The Smart Roll en mayo de 2020, eran esos días en que se vivía la cuarentena a causa de la pandemia. 

 “Los rolls de canela son mi postre favorito y no los podía comprar, así que busqué una receta en internet y los hice en mi casa”. Le quedaron “súper ricos”, descubrió que podía ser una fuente de ingresos y seis años después factura más de US$ 1 millón. Al inicio, era completamente artesanal: “Toda la masa la hacía a mano, era un trabajazo”. 

Locales y productos Smart Roll
Rolls de canela The Smart Roll. Foto cortesía

Las primeras ventas se dieron entre familiares y amigos. Su mamá, Sheila Zevallos, enviaba fotos por whatsapp y su papá, Christian Idrovo, hacía las entregas. “Atravesábamos todo Guayaquil en pandemia repartiendo los pedidos”. 

En 2021 lograron colocar el producto en perchas de minimarkets de gasolineras. “Nos dimos cuenta de que no lo cuidaban, quedaban demasiado tiempo en la percha y eso afectaba la calidad”. Así que decidieron retirarse antes de dañar la imagen de la marca.

Paula quiso experimentar con su primera rosca de Reyes, hecha con masa de roll de canela. Era enero de 2022, la demanda fue muy alta y apareció un cliente que hizo un pedido de 90 unidades y envió el pago en un cheque que resultó sin fondos. Hicieron la entrega, pero “nos estafaron, perdimos bastante dinero y fue durísimo emocionalmente”. La joven entró en una etapa de desmotivación y hasta pensó "en dejar todo botado”.

Aunque no se rindió. Entre mayo y junio de 2022, con la apertura de un nuevo centro comercial, Sports Garden en Guayaquil, se presentó la oportunidad de conseguir un espacio.  “No era ni siquiera un local, era un hueco debajo de una escalera, era incómodo”, pero ahí se acomodó.

Su padre le ayudó a financiar el local, gestionó un préstamo con BanEcuador por US$ 35.000, pero apenas les dieron US$ 25.000. “Nos decían que era muy riesgoso porque yo era muy joven y no tenía experiencia”. Para completar el capital necesario, vendieron un carro y pusieron ahorros personales. En total, montar esa primera isla costó cerca de US$ 35.000.

Abrió el negocio en octubre de 2022, pagaron US$ 1.000 de alquiler y otros US$ 1.000 de concesión "por un huequito de 12 metros”. Pese a la incomodidad, decidieron apostar todo. “Era eso o seguir esperando un milagro que nunca llegaba”. Para llamar la atención, colocaron una combi celeste, que funcionaba como cafetería y punto de venta. “La combi fue lo que hizo que nos dieran la oportunidad”.

Fenómeno viral 

Todo cambió el 4 de abril de 2024, cuando Paula subió un video a TikTok e Instagram sin mayores expectativas. Lo grabó de forma espontánea con su celular, mostrando la vitrina, el café, la combi y su rutina diaria en la isla. Mirando directo a cámara, decía: “Si estás en Guayaquil y no has probado nuestros rolls, no sabes lo qué te estás perdiendo”.

“Yo lo subí y me fui a dormir, sin pensar lo que iba a pasar”. A la mañana siguiente, el video ya superaba las 100.000 visualizaciones. Ese mismo fin de semana la isla se llenó de gente por primera vez. “Empezó a llegar demasiada gente y yo no entendía qué estaba pasando”.

Pasaron de vender 40 rolls a más de 400 rolls diarios. En octubre de 2024 alquilaron un local frente a la isla para convertirlo en centro de producción, con una inversión de aproximadamente USD 7.000. Luego, en febrero de 2025, abrieron un tercer espacio solo para decoración de los rolls.

Locales y productos Smart Roll
Listos para el horno. Foto cortesía

Superó los miedos

En 2020, Paula, entonces de 18 años, no se atrevía a abrir redes sociales para promocionar los rolls, a pesar de que, durante meses, las ventas se limitaron a círculos cercanos. “Me daba miedo que se burlaran, todavía tenía ese trauma del colegio”. Había tenido una experiencia negativa previa con redes sociales, hacía videos en YouTube donde grababa blogs sobre su vida y experiencias personales. Pero varios compañeros del colegio se burlaban por el contenido, lo que le generó inseguridad volver a exponerse públicamente.

“Yo subía videos contando mi experiencia y se burlaban de mí en el colegio, por eso después me dio miedo volver a hacer contenido (…) me rehusaba a crear una página porque tenía ese trauma de que se iban a burlaran otra vez”, confiesa. Finalmente se animó a abrir las cuentas de la marca para promocionar su emprendimiento, aunque las primeras fotos “eran terribles”.

Paula nació y creció en Guayaquil, en el sector de la Alborada. Siempre fue una persona reservada, poco sociable de niña, pero con una fuerte inclinación creativa heredada de su madre. “Siempre fui bien callada, me costaba mucho hacer amigos”.

Durante el colegio soñaba con estudiar diseño de modas e incluso realizó cursos. Sin embargo, la pandemia cambió por completo sus planes y, años después, las redes sociales, a las que temía, convirtieron su receta en un fenómeno viral que impulsó las ventas.

La expansión

El crecimiento de 2024 les permitió expandirse durante 2025. El 1 de junio inauguraron su local en Urdesa, Av. Las Lomas, en Guayaquil. Posteriormente, el 15 de agosto abrieron en Alhambra, en Samborondón, bajo un formato in-house dentro de un restaurante. 

El 17 de octubre de ese año inauguraron su primer local en Quito, consolidando su presencia fuera de Guayaquil. Finalmente, el 29 de noviembre pasado abrieron en Hipermarket Buijo, en Samborondón. Cada una de estas aperturas implicó una inversión que bordea los US$ 80.000, lo que reflejaba su apuesta firme por el crecimiento y la expansión.

En 2024 cerraron con ingresos de US$ 150.000, con una sola isla. En 2025, ya con cinco locales, facturaron aproximadamente US$ 1,1 millones y con 50 colaboradores.

Locales y productos Smart Roll
Local The Smart Roll. Foto cortesía

También desarrollan su propia línea de café. Uno de los productos más emblemáticos es el salted caramel, que Paula preparaba personalmente. “Yo no compraba siropes artificiales, el caramelo lo hacía desde cero”, cuenta. El concepto se volvió tan fuerte que muchos pedían “el café que toma Paula”.

Además, lanzaron el peluche Esmarolito que es un roll de canela, sabores exclusivos y ediciones especiales. “Todo lo que sacamos tiene que sentirse parte del universo de The Smart Roll”.

Su objetivo ahora es expandir la marca a Cuenca, Manta y abrir más sucursales en Quito y Guayaquil, además de internacionalizarse. “Mi meta es crecer, pero sin despegar los pies de la tierra”, dice. Y comenta: “Esto no nació de una estrategia de negocio, nació de mi mamá y de mí, trabajando bajo una escalera, creando algo real. Eso es lo que nunca quiero perder”.

Ahora, mientras proyecta llevar The Smart Roll fuera del país, Paula tiene claro que el verdadero valor de su marca no está solo en los números ni en volverse viral, sino en haber convertido una historia de miedo, errores y esfuerzo en una comunidad que se reconoce en cada roll, en cada combi y en cada vitrina armada, todavía, con la misma ilusión del primer día. (I)

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