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Restaurante Chulpi Quito Ecuador
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Donde la piel se enchina de orgullo por ser ecuatoriano, ahí es. La propuesta del joven gastrónomo Carlos Saltos lleva los sentidos nacionalistas a otro nivel. Sencillo e ingenioso, en este lugar, la degustación es una de las mejores inversiones que se puede realizar.

25 Diciembre de 2021 22.02

Son de esos lugares que, si se los ve de afuera, ni de chiste se podría imaginar que ahí dentro se cocina una experiencia sensorial a tal grado de imaginación que no es difícil sintonizarse con los cientos de testimonios de sus seguidores que lo califican como “loquísima”. Tres años y medio después de su nacimiento, el Chulpi Urbano todavía provoca de qué hablar con su cocina ecuatoriana concebida y desarrollada “fuera de la caja”. 

Restaurante. Foto: Pavel Calahorrano. 

Carlos Saltos es la cabeza de un pequeño grupo de cuatro personas que le saca el jugo al producto ecuatoriano. Graduado como Gastrónomo en la Universidad Tecnológica Equinoccial (UTE), al poco tiempo de terminar sus estudios se endeudó en USD 10.000 para montar el restaurante. “El dinero nos alcanzó, con las justas, para equipar la cocina y el local. El concepto es tener una cocina ecuatoriana de calle llevada a un nivel moderno y contemporáneo. Nos basamos en las cocinas de las huecas, de los mercados y le damos un toque creativo y contemporáneo. Como cocineros ecuatorianos tenemos el deber de hacer comida ecuatoriana, lo llevamos en nuestra sangre es lo que mejor sabemos hacer. Nadie puede hacer mejor cocina ecuatoriana que nosotros los ecuatorianos. Debemos creer en nuestras raíces y que la gastronomía del país sea más notaria fuera. Estamos en ese camino”. 

Ceviche de taxo. Foto: Pavel Calahorrano. 

VEN CON LA MENTE ABIERTA

Lujo en las instalaciones, no se va a encontrar. Más bien un sencillo y práctico ambiente, con paredes decoradas de grafitis, unas contadas mesas interiores, una fresca terraza y adornos que evocan las raíces nacionales. Para entrar aquí, hay que reservar, porque es un lugar que más allá de ser una especie de hueca con aire bohemio, es toda una aventura para los sentidos. Sin saber cómo ni por qué, la sensación de estar en la casa de un grupo de amigos, más los sonidos electrónicos, estilo Nicola Cruz, preparan al visitante para el 'vuelo' gastronómico. 

Tripa mishqui. Foto: Pavel Calahorrano. 

Aunque la carta es corta, con cinco entradas, cuatro platos fuertes y cocteles, el imán es la propuesta de degustación, de cinco tiempos, y que varía cada dos meses. “El único requisito es que vengas con la mente abierta. Rompemos esquemas y estereotipos. Tienes que enfocarte más en la experiencia, por todo el trabajo que hay detrás. Todo cambia en la mente cuando ves y pruebas. Somos sencillos, sí, pero le metemos ñeque en la cocina- Desde que abrimos hasta acá, hemos evolucionado”. 

Paté de vísceras de cuy. Foto: Pavel Calahorrano. 

La degustación -que también puede trabajarse en un domiciio- varía en sus precios, entre US$ 24 y 29, en la que desfilan creaciones como el ceviche de taxo o el alucinante paté de cuy, que los clientes más asiduos ya presionan para verlo pronto en las perchas de los supermercados. “Queremos brindar una buena cocina al alcance de todos. Es parte de nuestra esencia. Hay cosas que la gente no logra enlazar entre lo que tiene en su mente y lo que ve, pero cuando las prueba encuentra todo el sabor de Ecuador”. (I)

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