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Foto: creada con IA

Elon Musk redobla su apuesta por la IA: mientras SpaceX rebota 39%, prepara una megafábrica de chips de US$ 16.800 millones

Agustín Jamele

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Las acciones de SpaceX recuperaron terreno después del desplome que siguió a su salida a bolsa y los inversores vuelven a mirar el potencial de la inteligencia artificial. En paralelo, Musk avanza con Terafab, una planta de semiconductores en Texas que busca abastecer la creciente demanda de cómputo de SpaceX, Tesla y xAI.

14 Agosto de 2026 05.05

Elon Musk quiere llevar su apuesta por la inteligencia artificial mucho más allá del desarrollo de modelos y chatbots. Mientras las acciones de SpaceX protagonizan una fuerte recuperación en Wall Street, el empresario avanza con un proyecto industrial de US$ 16.800 millones destinado a atacar uno de los principales cuellos de botella de la nueva carrera tecnológica: la disponibilidad de chips.

Las dos historias comenzaron a converger durante los últimos días. Las acciones de SpaceX subieron 9,65% el miércoles 12 de agosto y cerraron en US$ 146,15, su mayor nivel desde el 9 de julio. Desde el mínimo histórico de US$ 105,11 registrado apenas seis días antes, el papel acumula un rebote del 39%.

elon musk - photo by win mcnamee:gettyimages-2214431997
elon musk - photo by win mcnamee:gettyimages-2214431997

Detrás de la recuperación aparecen las expectativas que Musk está generando alrededor de la inteligencia artificial. Según una grabación de una reunión interna citada en el material, el empresario habría dicho a los empleados que los ingresos relacionados con IA podrían superar al resto de las fuentes de ingresos de SpaceX tan pronto como septiembre.

Musk definió a la inteligencia artificial como "extremadamente importante" para el futuro de la compañía. Para los inversores, el mensaje introduce una nueva variable en la historia de crecimiento de una empresa que atravesó meses de elevada volatilidad después de su debut bursátil en junio.

Pero la apuesta de Musk no se limita a generar ingresos a partir de la IA. También busca controlar una parte cada vez mayor de la infraestructura necesaria para desarrollarla.

SE PUEDE USAR/SpaceX/Falcon 9            Foto: SpaceX, CC0, via Wikimedia Commons
SE PUEDE USAR/SpaceX/Falcon 9 Foto: SpaceX, CC0, via Wikimedia Commons

Una fábrica de US$ 16.800 millones

En el sureste de Texas, a unos 113 kilómetros al sudoeste de Houston, Musk proyecta construir Terafab, una megafábrica de semiconductores cuya primera fase demandará una inversión de US$ 16.800 millones.

El proyecto apunta a abastecer las necesidades de chips de SpaceX, Tesla y xAI y avanzar hacia una mayor integración vertical de un ecosistema empresarial que consume cantidades crecientes de capacidad de cómputo.

La lógica detrás de la inversión parte de un problema que atraviesa a toda la industria tecnológica. La expansión de la inteligencia artificial disparó la necesidad de semiconductores avanzados y centros de datos, mientras las compañías de Musk agregan otras fuentes de demanda.

xAI necesita grandes cantidades de capacidad computacional para desarrollar sus sistemas de inteligencia artificial. Tesla utiliza chips tanto en sus vehículos eléctricos como en sus proyectos de robots humanoides. SpaceX también forma parte de un ecosistema cada vez más dependiente de infraestructura tecnológica avanzada.

Tesla (SE PUEDE USAR) Crédito: Wikimedia Commons
Tesla (SE PUEDE USAR) Crédito: Wikimedia Commons

De acuerdo con la información difundida sobre Terafab, la demanda combinada podría superar un terawatt de cómputo, por encima de la producción global disponible actualmente. Ante ese escenario, la respuesta de Musk es avanzar un paso más en la cadena productiva.

De comprar chips a fabricarlos

Terafab busca concentrar bajo una misma instalación tres etapas críticas: fabricación, empaque y pruebas de semiconductores. La integración vertical es uno de los aspectos centrales del proyecto. En lugar de depender completamente de proveedores externos para un insumo estratégico, las compañías de Musk pasarían a contar con capacidad propia para abastecer al menos parte de sus necesidades.

Es una estrategia especialmente relevante en un mercado global de semiconductores dominado por compañías como TSMC, Samsung e Intel y en el que la explosión de la IA intensificó la competencia por capacidad productiva.

La inversión anunciada de US$ 16.800 millones corresponde solamente a la primera etapa. El proyecto contempla posibles expansiones posteriores que podrían elevar significativamente el capital comprometido. La planta también generaría unos 3.000 puestos de trabajo directos en Texas.

Elon Musk (Photo by Scott Olson/Getty Images)
Elon Musk (Photo by Scott Olson/Getty Images)

La magnitud de Terafab permite dimensionar hasta qué punto Musk considera que el acceso a chips puede convertirse en una restricción para el crecimiento de sus empresas. La apuesta ya no consiste únicamente en desarrollar mejores modelos de inteligencia artificial, vehículos, robots o infraestructura espacial: también implica asegurar los componentes necesarios para producirlos.

Wall Street vuelve a mirar la historia de crecimiento

La aparición de esa narrativa coincide con un momento particular para SpaceX en el mercado. La compañía llegó a tocar un mínimo histórico de US$ 105,11 el 6 de agosto, coincidiendo con el vencimiento de su primer período de lock-up posterior a la OPI. El evento habilitó aproximadamente 911,5 millones de acciones en manos de empleados y ejecutivos para ser vendidas y había generado expectativas de una fuerte presión sobre la cotización.

Sin embargo, el mercado absorbió esa potencial oferta mejor de lo que algunos inversores esperaban. Desde aquel piso, SpaceX recuperó 39% en menos de una semana. La reacción a los comentarios de Musk sobre IA agregó un segundo catalizador.

Pese a la recuperación, el recorrido muestra la magnitud de la volatilidad que acompaña a la compañía desde su debut. Incluso después del rebote, las acciones permanecen alrededor de 41% por debajo del máximo histórico cercano a US$ 226 alcanzado a mediados de junio.

Elon Musk joven en 2008
Elon Musk en 2008

Wall Street, sin embargo, mantiene expectativas elevadas. Según los datos incluidos en el material, el precio objetivo promedio de los analistas se ubica en US$ 231,40. Frente a los US$ 146,15 del cierre del miércoles, implicaría un potencial alcista superior al 58%.

La discusión pasa ahora por cuánto de esas expectativas puede transformarse efectivamente en nuevos negocios.

El ecosistema Musk se prepara para necesitar más cómputo

Terafab permite observar el movimiento de SpaceX desde otra perspectiva. Si las declaraciones de Musk apuntan a instalar a la IA como un nuevo motor de ingresos, la fábrica representa una apuesta por construir la infraestructura que necesitaría ese crecimiento.

El empresario está intentando conectar distintas piezas de su ecosistema. La demanda de inteligencia artificial de xAI, los vehículos y robots de Tesla y las necesidades tecnológicas de SpaceX confluyen en un mismo insumo: capacidad de cómputo.

En ese esquema, los semiconductores dejan de ser solamente un componente adquirido a terceros para convertirse en un activo estratégico.

La ambición declarada va incluso más lejos. El proyecto de Terafab plantea a la fábrica terrestre como un primer paso dentro de una visión que eventualmente contempla centros de datos y otra infraestructura tecnológica fuera de la Tierra.

Por ahora, el mercado mira resultados mucho más inmediatos. SpaceX acaba de recuperar 39% desde mínimos, Musk asegura que la IA puede ganar rápidamente peso dentro de los ingresos y US$ 16.800 millones comienzan a tomar la forma de una apuesta industrial para asegurar los chips necesarios.

El desafío será demostrar que esas tres piezas (inteligencia artificial, infraestructura propia y crecimiento de ingresos) pueden efectivamente convertirse en una misma historia de negocios.

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