Aída Guerrero nunca dejó de investigar. A sus 85 años aún llega cada mañana a la Botica Bristol, en el centro de Ambato, donde elabora fórmulas magistrales para sus pacientes, como lo ha hecho por casi seis décadas. Para ellos sigue siendo la ‘doctorita corazón’.
Con su esposo, el bioquímico farmacéutico, Ángel Jadán quien falleció 2001, dio vida a un pequeño proyecto en su casa en Ambato, unos años más tarde se transformó en Laboratorio Génesis, una empresa que hoy maneja cuatro líneas de negocio elabora marcas blancas y trabaja en su expansión internacional.
Esta historia nació el día que ella de niña regresó a su casa llorando de la escuela.
Aída nació en Ambato. Era la sexta de once hermanos. Tenía siete años cuando perdió a su padre. En su mente permanece un recuerdo que marcó su camino. “En la escuela escogían cada año a la princesa de Navidad, a mí nunca me tomaban en cuenta. Una amiga me dijo que a nosotros nuestros papás nos hicieron de mala gana y que por eso somos feas. Yo les reclamé llorando, pero mi mamá me respondió que, La suerte de la fea, la bonita la desea. Lo importante es ser una persona estudiosa y dedicada”. A partir de entonces, nunca más se preocupó por ser la más bonita sino por ser la mejor alumna del colegio y luego de la Universidad.
Estudió Bioquímica y Farmacia en la Universidad Central, donde conoció a su esposo Ángel Jadán. “Fuimos novios por diez años. Nos fascinaba la química y la investigación”. Esta afinidad se volvió en un proyecto de vida.
Juntos ganaron una beca de especialización en Alemania. Aida se enfocó en análisis de alimentos y Ángel en tecnología de alimentos. Tres años después volvieron a Ecuador con la convicción de que es posible hacer ciencia con impacto.
En 1967 abrieron la Botica Bristol en las calles Cevallos y Martínez en Ambato. “Preparábamos las fórmulas que los médicos recetaban a sus pacientes”. Aída pasaba buena parte del día elaborando cremas, lociones, medicamentos y jarabes. Cada receta recuerda era una oportunidad para experimentar. “Una vez un médico me pidió hacer una pomada a base de clorofila para ayudar a cicatrizar las heridas de un paciente diabético”. Pedidos como este se repetían una y otra vez.
Su esposo Ángel, mientras tanto, se dedicaba al trabajo científico. En 1987 recibió el Rolex Award for Enterprise, uno de los reconocimientos internacionales para proyectos de innovación entre otros. Juntos decidieron crear una farmacéutica propia. Empezaron en un lugar improvisado, con maquinaria artesanal y una inversión cercana a un millón y medio de sucres. En marzo de 1999 constituyeron oficialmente Laboratorio Génesis, el nombre, significa el comienzo de una nueva vida.
Los primeros productos fueron Siloe, un suplemento alimenticio rico en fibra y Oncosol, una loción de uso medicinal. El primer año vendieron apenas 150 fundas de Siloe. “No nos desanimamos. No fue mucho, pero nunca dejamos de seguir estudiando”.
En 2001, a Ángel Jadán falleció. La cuenta de su tratamiento médico superó los US$ 70.000. “Nos quedamos endeudados, todo lo dedicamos a su enfermedad y casi quebramos”.
Aida reunió hijos para diseñar una estrategia para mantener viva la empresa. Marco, el menor de los tres asumió la gerencia general a sus 31 años. “Desde niño desayunaba, almorzaba y cenaba escuchando hablar de fórmulas”, comenta entre risas.
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Marcos Jadán, se concentró en consolidar la compañía. Hasta 2008 se registraban pérdidas y las ventas bordeaban los US$ 60.000 anuales. “Hacía de todo, atendía clientes, visitaba médicos, supervisaba la producción y resolvía problemas administrativos, mientras mi mamá seguía perfeccionando sus fórmulas”.
Poco a poco fueron ampliando su portafolio. Adquirieron un edificio en el centro de la ciudad y ahora están ubicados en el parque industrial. La planta supera los 1.300 metros cuadrados valorados sobre US$ 1 millón. El crecimiento parecía encaminar el negocio. Sin embargo, una prueba inesperada puso a tambalear los números. En 2023, uno de sus principales clientes de marca blanca, con el que trabajaban desde 2018, se declaró en quiebra. La deuda, cercana a los US$500.000, representó un golpe duro.
Con el paso de los años llegaron a desarrollar 34 productos propios, producen suplementos alimenticios, cosmética, medicamentos y productos naturales. Además, elaboran marcas blancas para otras compañías, entre los que se encuentra el Birm, del doctor Edwin Cevallos, un inmunomodulador de origen natural a base de extracto de Dulcamara. En 2025 los ingresos alcanzaron los US$ 1,8 millones. La organización emplea a 25 colaboradores y trabaja con 50 proveedores permanentes. “Nosotros elaboramos los productos con tecnologías que nos permiten transformar frutas, vegetales y plantas medicinales en polvo, sin que pierdan su valor nutritivo”.
Marco asegura que de sus padres heredó una disciplina que no admite improvisaciones. La pasión por la investigación ya alcanzó a la tercera generación.
Johann Jadán, nieto de Aída y sobrino de Marco tiene 27 años. Actualmente lidera los proyectos de automatización y nuevas tecnologías. Al mismo tiempo impulsa Jadán Food & Drinks, que es la nueva apuesta del grupo. “Siempre me aconsejando para que siga aprendiendo, para que la rectitud sea la base de mi formación y que nunca olvide que ella siempre estará para darme apoyo”, sostiene Johann, al tiempo que cruzan una mirada cómplice.
Casi seis décadas después Aida y su familia se alistan para cruzar las fronteras. Mientras tanto, ella cada mañana con su bata blanca atiende en su botica a sus clientes que todavía la llaman ‘doctorita corazón’. (I)