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La historia detrás del imperio que llevó a Beyoncé a convertirse en multimillonaria

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Con una estructura empresarial que maneja desde sus discos hasta sus espectáculos en vivo, la cantante diseñó una estrategia comercial que la aleja de los moldes tradicionales y la convierte en una máquina de facturar millones sin intermediarios.

Para casi cualquier otro artista musical, The Renaissance World Tour habría sido el punto más alto de su carrera. Pero en el caso de Beyoncé, ese recorrido de tres horas por su discografía fue apenas un capítulo más. En 2023, su gira se convirtió en una de las grandes sensaciones del año, recaudó casi US$ 600 millones y la confirmó, junto a Taylor Swift, como una de las mayores figuras de la cultura pop global.

Sin embargo, la superestrella del pop, con 44 años, volvió a reinventarse en 2024. Lanzó un álbum de música country, Cowboy Carter, que abrió nuevas puertas comerciales, protagonizó el show del entretiempo de la NFL en Navidad y encabezó la gira más taquillera del mundo en 2025. Ese camino la llevó a sumar un nuevo título a su carrera: multimillonaria.

Renaissance Beyonce
 

Ahora forma parte de un grupo reducido de celebridades que, en los últimos años, cruzaron el umbral de los tres ceros en su cuenta bancaria. De los 22 artistas multimillonarios que identificó Forbes, casi la mitad ingresó a esa lista en los últimos tres años. Beyoncé se convirtió en la quinta música en lograrlo, junto a su esposo Jay-Z, Taylor Swift, Bruce Springsteen y Rihanna.

Empezó a construir su imperio empresarial de forma decidida en 2010, cuando fundó Parkwood Entertainment y tomó el control interno de casi todos los aspectos de su carrera. La empresa gestiona su trayectoria y produce toda su música, documentales y conciertos. También asume la mayor parte de los costos de producción para quedarse con una porción mayor de los ingresos finales.

“Cuando decidí ser mi propia manager, era importante no recurrir a una gran agencia de representación”, dijo en una entrevista de 2013, mientras promocionaba su álbum homónimo, Beyoncé. “Sentía que quería seguir los pasos de Madonna, ser una figura influyente, tener mi propio imperio y demostrar a otras mujeres que, al llegar a este punto de tu carrera, no tienes que firmar con nadie más y compartir tu dinero y tu éxito; lo haces tú misma”, agregó.

Aunque Queen Bey diversificó sus negocios en algunas industrias asociadas a celebridades —incluyó una marca de cuidado del cabello (Cécred), otra de whisky (SirDavis) y una línea de ropa (Ivy Park, que cerró en 2024)—, la mayor parte de su fortuna personal sigue ligada a la música. Conserva los derechos de su valioso catálogo y obtiene ingresos millonarios gracias a sus giras globales.

En cualquier rincón de la industria del entretenimiento, hay pocos negocios tan rentables como el de un músico capaz de llenar estadios. En la etapa posterior a la pandemia, muchos artistas adoptaron una lógica clara para sus shows en vivo: cuanto más grande, mejor. No solo ampliaron la escala de sus espectáculos, sino que en muchos casos también sumaron un documental al final de cada gira. Una entrada para el Cowboy Carter Tour de este verano no solo aseguraba casi tres horas de Beyoncé en vivo, sino también una producción monumental. Hubo un auto volador, brazos robóticos (con Sir Davis incluido), un toro mecánico dorado y apariciones especiales de su esposo, sus hijos y sus excompañeras de Destiny's Child.

Llevar adelante una producción mundial de ese tamaño, claro, es una tarea enorme —y carísima—. En el caso del Cowboy Carter Tour, se necesitaron más de 350 personas en el equipo, 100 camiones con equipamiento y ocho aviones de carga 747 para trasladarlo todo de una ciudad a otra. En una gira tradicional, un espectáculo así sería inviable desde lo económico. Pero Beyoncé se convirtió en una de las primeras en adoptar un nuevo modelo: el de las minirresidencias. En lugar de moverse de ciudad en ciudad, se instaló varios días en solo nueve estadios de Estados Unidos y Europa, donde ofreció un total de 32 conciertos. Y, como ocurrió con la gira Eras de Taylor Swift, los fans estuvieron dispuestos a viajar miles de kilómetros y pagar cifras altísimas para no perderse el show.

En total, la gira Cowboy Carter recaudó más de US$ 400 millones en venta de entradas, según Pollstar, y otros US$ 50 millones en merchandising vendido durante los shows, de acuerdo con estimaciones de Forbes. Como Parkwood se encargó de toda la producción, Beyoncé pudo quedarse con márgenes de ganancia más altos. Sumando lo que generó en giras, las regalías de su catálogo musical y los acuerdos de patrocinio firmados este año, Forbes calcula que ganó US$ 148 millones antes de impuestos en 2025, lo que la ubicó como la tercera artista mejor pagada del mundo.

Ese nivel de éxito financiero fue resultado de un trabajo sostenido durante años, sobre todo desde que se separó de Destiny's Child a comienzos de los 2000 y dejó de estar representada por su padre en 2010. También encontró formas originales de transformar cada lanzamiento en un evento. Lo hizo con el álbum sorpresa Beyoncé en 2013, con el "álbum visual" que presentó por HBO con Lemonade en 2016, y con su show principal en Coachella en 2018. Esa actuación atrajo a 458.000 personas en simultáneo en YouTube y luego derivó en un documental producido por Netflix, por el que recibió cerca de US$ 60 millones.

Con Cowboy Carter, Beyoncé protagonizó un show especial en el entretiempo del primer partido de la NFL en Navidad, transmitido por Netflix. Ese evento recaudó cerca de US$ 50 millones, incluyendo los costos de producción. Además, se apoyó en su nueva estética country con una serie de publicidades para Levi’s, por las que cobró alrededor de US$ 10 millones.

Sin embargo, a pesar de éxitos como "Texas Hold 'Em", las ventas equivalentes a álbumes en la discografía de Beyoncé —una métrica que contempla el streaming, además de las ventas digitales y físicas— fueron en 2025 menos de la mitad que las de otros artistas pop como Sabrina Carpenter, Bad Bunny o The Weeknd, según datos de Luminate.

Beyoncé
Beyoncé protagonizó un show especial en el entretiempo del primer partido de la NFL en Navidad, transmitido por Netflix.

De todos modos, en un escenario donde las giras representan más de tres cuartas partes de los ingresos anuales de un artista —y, según especialistas de la industria, en muchos casos podrían alcanzar el 90%—, los que más ganan son aquellos capaces de llenar los estadios más grandes. En ese grupo están nombres como Coldplay, Shakira y Ed Sheeran.

Eso es, justamente, lo que Beyoncé hizo durante la última década. En 2016, se convirtió en la primera artista mujer en encabezar una gira compuesta exclusivamente por estadios, y llevó ese formato un paso más allá con el Renaissance World Tour en 2023. Al igual que Taylor Swift, produjo una película del concierto y la distribuyó directamente a través de la cadena de cines AMC, quedándose con casi la mitad de los US$ 44 millones que recaudó en taquilla a nivel mundial.

En las pocas entrevistas que Beyoncé concedió en los últimos años —siempre a través de preguntas enviadas por escrito— contó que Renaissance y Cowboy Carter son las dos primeras partes de una trilogía de álbumes con géneros distintos. Sus seguidores siguen especulando sobre cómo podría reinventarse en el futuro y cuándo volvería a presentarse en vivo. Aunque, a comienzos de este año, le dijo a GQ que solo quiere salir de gira mientras sus hijos no estén en edad escolar, con la intención de que puedan tener una infancia lo más normal posible.

“Hice un esfuerzo extremo por mantenerme fiel a mis límites y protegerme a mí misma y a mi familia”, explicó. “Ningún dinero vale mi paz”, concluyó.

*Con información de Forbes US.

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