Se cumplen hoy 55 años de una decisión que transformó el funcionamiento de la economía mundial. Ese día, en 1971, el presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, anunció la suspensión de la convertibilidad del dólar en oro. Y si bien la medida debía ser temporal, nunca se revirtió.
Con ese anuncio, conocido como el “Nixon Shock”, el país norteamericano cerró la llamada “ventanilla del oro”, que permitía a los bancos centrales y gobiernos extranjeros cambiar sus dólares por el metal a un precio establecido.
El movimiento marcó el principio del fin del sistema de Bretton Woods, el esquema monetario creado tras la Segunda Guerra Mundial que mantenía al dólar convertible en oro y vinculaba a numerosas monedas extranjeras con la divisa estadounidense. A partir de allí, se abrió el camino hacia un régimen de monedas fiduciarias y tipos de cambio flotantes.
El cambio que desencadenó aquella decisión puede parecer lejano o demasiado técnico, pero todavía condiciona la vida cotidiana. Hoy, el valor del dólar, el peso, el euro o el yen no está fijado por una cantidad de oro que pueda entregarse a cambio. Se sustenta en la confianza en el país emisor de cada moneda, en su capacidad económica y en la credibilidad de sus instituciones.
Cómo funcionaba el sistema de Bretton Woods
En julio de 1944, cuando la Segunda Guerra Mundial todavía no había terminado, representantes de 44 países se reunieron en Bretton Woods, una pequeña localidad del estado de New Hampshire.
El objetivo era diseñar un orden monetario que aportara estabilidad a la reconstrucción económica y evitara las devaluaciones competitivas, es decir, las reducciones deliberadas del valor de una moneda para ganar ventaja comercial frente a otros países, que habían agravado la crisis de la década de 1930.
El acuerdo estableció que las monedas participantes mantendrían un tipo de cambio fijo, aunque ajustable en situaciones excepcionales, frente al dólar estadounidense. Washington, a su vez, se comprometía a convertir los dólares en oro a una cotización de US$ 35 por onza, equivalente a 31,1 gramos. El dólar se convirtió así en el centro del comercio y de las finanzas internacionales.
No cualquier persona podía presentarse con billetes y exigir lingotes a cambio. Los dólares en manos de los ciudadanos estadounidenses dejaron de ser convertibles en oro en 1934, según la Reserva Federal de Estados Unidos. La garantía vigente bajo Bretton Woods estaba destinada principalmente a los gobiernos y bancos centrales extranjeros que acumulaban la moneda como parte de sus reservas.
Durante los primeros años, el esquema funcionó. Estados Unidos concentraba cerca de tres cuartas partes de las reservas oficiales de oro del mundo, mientras Europa y Japón intentaban reconstruir sus economías. La demanda de productos estadounidenses generaba una necesidad constante de dólares y reforzaba la posición del país.
El problema apareció a medida que el resto de las potencias recuperó competitividad. Estados Unidos comenzó a registrar desequilibrios externos y colocó cada vez más dólares fuera de sus fronteras para financiar importaciones, ayuda internacional y gasto militar.
Las erogaciones vinculadas a la guerra de Vietnam, la expansión de los programas destinados a combatir la pobreza y ampliar el acceso a la salud también aumentaron la presión fiscal y monetaria.
Hacia fines de la década de 1960, los dólares acumulados en el exterior superaban el valor del oro disponible para respaldarlos. Si varios países reclamaban la conversión al mismo tiempo, Estados Unidos no podía cumplir con todos. La Reserva Federal describe ese desequilibrio como una amenaza para el papel del dólar como moneda de reserva y para la supervivencia del sistema en su conjunto.
La noche en que Nixon cerró la ventanilla del oro
Entre el 13 y el 15 de agosto de 1971, Nixon reunió a sus principales asesores económicos en Camp David. Participaron el secretario del Tesoro, John Connally; el presidente de la Reserva Federal, Arthur Burns; y Paul Volcker, quien años después también presidiría la entidad.
Estados Unidos llegó a agosto de 1971 bajo una fuerte presión económica. La inflación subía, el desempleo había alcanzado el 6% después de la recesión de 1969-1970 y los mercados dudaban de que el país pudiera mantener la paridad entre el dólar y el oro. Una posible corrida contra las reservas obligaba al Gobierno a tomar una decisión.
A las nueve de la noche del domingo 15, Nixon habló desde el Salón Oval. Durante el discurso, anunció una nueva política económica que incluía la congelación de precios y salarios durante 90 días, recortes de impuestos y un arancel adicional del 10% sobre las importaciones.
Dentro de ese paquete, Nixon ordenó cerrar la ventanilla del oro. Desde ese momento, los gobiernos y bancos centrales extranjeros dejaron de poder entregar sus dólares a Estados Unidos y recibir oro a cambio. El presidente presentó la suspensión como una medida temporal y sostuvo que buscaba proteger la moneda frente a los especuladores internacionales.
El anuncio dejó a los principales aliados de Estados Unidos sin una referencia clara para fijar el valor de sus monedas frente al dólar. Según los registros del Departamento de Estado de EE.UU., la mayoría de los mercados cambiarios permanecieron cerrados durante la semana siguiente mientras los gobiernos definían cómo responder.
Después del anuncio de Nixon, los países intentaron salvar parcialmente el sistema de Bretton Woods. En diciembre de 1971 llegaron al Acuerdo Smithsoniano. Estados Unidos aceptó que el dólar valiera menos frente al oro: la onza pasó de costar oficialmente US$ 35 a US$ 38. Dicho al revés, hacían falta más dólares para comprar la misma cantidad de oro, por lo que el dólar se había devaluado.
Al mismo tiempo, los demás países siguieron manteniendo sus monedas vinculadas al dólar, pero les dieron más margen para subir o bajar de valor. Es decir, todavía no existía una flotación libre como la actual: los gobiernos y bancos centrales seguían tratando de mantener las cotizaciones dentro de determinados límites.
Y lo más importante: aunque se modificó el precio oficial del oro, Estados Unidos no volvió a permitir que los bancos centrales extranjeros cambiaran sus dólares por oro. Ese vínculo ya se había roto.
El acuerdo duró apenas 15 meses. Las presiones sobre el dólar continuaron y Estados Unidos volvió a devaluar su moneda en febrero de 1973. Un mes después, las principales economías abandonaron el intento de mantener sus monedas en valores predeterminados frente al dólar.
En lugar de defender esas cotizaciones mediante la intervención de sus bancos centrales, comenzaron a permitir que variaran con mayor libertad según la oferta y la demanda en los mercados cambiarios. Así empezó a consolidarse el régimen de tipos de cambio flotantes que todavía predomina en buena parte del mundo.
Qué respalda al dinero después del fin del patrón oro
El cierre de la ventanilla del oro eliminó el respaldo físico que había servido como ancla del sistema internacional. Desde entonces, las principales monedas funcionan como dinero fiduciario o fiat. Esto significa que no pueden cambiarse por una cantidad fija de oro y que su valor depende de la confianza en el país emisor y sus instituciones.
El cambio otorgó a los bancos centrales mayor libertad para regular la cantidad de dinero y las tasas de interés, sin necesidad de reservas de oro para respaldar cada unidad monetaria. Esa flexibilidad permite responder ante recesiones o crisis financieras. Sin embargo, si la política monetaria pierde credibilidad, la moneda puede depreciarse y la inflación puede erosionar su poder de compra.
También cambió el mercado cambiario. Las principales monedas comenzaron a variar según la oferta y la demanda, aunque algunos países conservaron esquemas administrados o vincularon su divisa a otra. Empresas e inversores tuvieron que cubrir el riesgo cambiario mediante los mercados financieros.
El fin de la convertibilidad no supuso el fin del dominio internacional del dólar. El tamaño de la economía estadounidense y la profundidad de sus mercados financieros mantuvieron su posición. Un informe de la Reserva Federal de 2025 indicó que representaba el 58% de las reservas oficiales declaradas en el mundo en 2024. Además, estuvo presente en el 88% de las operaciones cambiarias globales relevadas en abril de 2022.
El oro tampoco desapareció. Los bancos centrales todavía lo conservan como activo de resguardo, pero dejó de funcionar como respaldo fijo de sus monedas.
Para la Argentina, donde el dólar se utiliza como medio de ahorro y como referencia de precios para numerosos activos, ese cambio conserva una importancia particular. Los billetes que circulan y se atesoran en el país no otorgan el derecho a reclamar oro. Su aceptación depende de la demanda global de dólares y de la confianza en Estados Unidos.
Nixon presentó la suspensión como una medida transitoria ante una crisis. Cincuenta y cinco años después, la convertibilidad nunca regresó y el dólar continúa en el centro del sistema. El respaldo dejó de estar en las bóvedas, pero el poder de la moneda estadounidense sobrevivió al oro.