Más de la mitad de las empresas que integran el Russell 3000, uno de los índices más amplios del mercado bursátil estadounidense, sufrieron caídas de al menos un 20% respecto a sus máximos de junio, según cifras de Morgan Stanley. El dato contrasta con el comportamiento del S&P 500, que se mantiene cerca de sus máximos históricos gracias al desempeño de un grupo reducido de grandes compañías. La diferencia genera preocupación por la fortaleza del mercado de Wall Street y los riesgos que podrían surgir en los próximos meses.
El deterioro es todavía más amplio si se consideran las pérdidas menores. Casi nueve de cada diez empresas del Russell 3000 perdieron más del 10% de su valor desde sus máximos de junio. Además, el 29% registró caídas superiores al 30% y el 7% perdió más de la mitad de su valor. Así, los principales indicadores pueden mostrar resultados favorables, mientras que muchas carteras de inversión registran pérdidas importantes.
Sin embargo, estas cifras no permiten determinar por sí solas si conviene comprar las acciones que cayeron o vender las que aún suben. Una empresa puede perder un 30% de su valor si sus ganancias se desploman o si sus accionistas venden sus participaciones. Aunque el resultado bursátil sea el mismo, las causas son diferentes y requieren un análisis particular.
Por qué el S&P 500 no refleja las pérdidas de gran parte del mercado
El S&P 500 no refleja por igual el comportamiento de todas las empresas que lo integran. Las compañías más grandes, como las principales tecnológicas, tienen mayor peso en el índice. Por eso, el S&P 500 puede seguir subiendo gracias a unas pocas empresas, aunque las acciones de muchas otras estén cayendo.

Mike Wilson, estratega de Morgan Stanley, señaló que el porcentaje de empresas del S&P 500 que cotizan por encima de su media móvil de 200 días (el precio promedio de sus acciones durante ese período) cayó del 75% a menos del 50%. Sin embargo, esto no significa que el mercado vaya a sufrir una caída inmediata. La situación podría mantenerse durante meses, hasta que las acciones que perdieron valor comiencen a recuperarse o las grandes compañías que sustentan el índice también retrocedan.
Wilson también advirtió que la volatilidad del mercado de bonos podría provocar una caída del 5% al 10% en el S&P 500. De todos modos, muchas acciones ya acumulan pérdidas importantes, independientemente de lo que pueda ocurrir con el índice.
Las tasas de interés más altas explican parte de esas caídas, ya que encarecen el financiamiento de las empresas. A esto se suman las dudas de los inversores sobre si las enormes inversiones en inteligencia artificial llegarán a generar ganancias suficientes. Por eso, las compañías que dependían de préstamos baratos o de expectativas de crecimiento demasiado optimistas tienen más dificultades para sostener sus valuaciones anteriores.
Sin embargo, algunas empresas sufrieron fuertes retrocesos pese a mantener resultados relativamente sólidos. Según Morgan Stanley, la mitad de las empresas analizadas registra un crecimiento de sus ganancias superior al 15% y la otra mitad, inferior. Además, los analistas están revisando más previsiones de resultados al alza que a la baja.

Por qué una acción que cayó 30% no siempre es una oportunidad
Que una acción haya perdido buena parte de su valor no significa necesariamente que esté barata. Por ejemplo, una empresa que antes cotizaba a US$ 100 y ahora vale US$ 65 puede parecer una buena oportunidad de inversión. Sin embargo, su precio anterior no garantiza que vuelva a alcanzar ese valor.
La caída podría estar justificada si la compañía vende menos, tiene dificultades para pagar sus deudas o enfrenta una competencia que perjudica su negocio. Por eso, lo importante es determinar si sus acciones perdieron más valor del que realmente se deterioró la empresa.
Para hacer esa evaluación, conviene analizar si las expectativas de ganancias se mantienen, cuánto dinero genera la compañía después de cubrir sus inversiones y si puede refinanciar sus deudas sin recurrir a la emisión de nuevas acciones. También es importante observar si sus directivos están comprando participaciones con dinero propio o, por el contrario, vendiendo las que poseen.
Otro aspecto importante es cómo utiliza sus recursos. Algunas empresas intentan proteger sus ganancias mediante recortes de costos, pero siguen destinando grandes sumas a las mismas estrategias que provocaron sus problemas. De esa manera, pueden aliviar temporalmente la situación sin resolver las dificultades de fondo.

Las oportunidades más interesantes podrían estar en aquellas compañías cuyas acciones cayeron mucho más de lo que justifica su situación económica. Sin embargo, incluso en esos casos, hace falta algún motivo concreto que pueda impulsar una recuperación. El simple hecho de que una acción haya estado más cara en el pasado no alcanza.
Cómo afectan las caídas a los fondos y gestores de inversión
Las fuertes caídas de algunas acciones también pueden provocar nuevas ventas y profundizar las pérdidas. Por ejemplo, un gestor de inversiones cuya cartera perdió un 15% mientras el S&P 500 se mantiene cerca de sus máximos enfrenta una situación complicada. Sus clientes ven que el principal índice de Wall Street sigue mostrando buenos resultados, pero sus inversiones pierden valor.
Esa presión puede llevar a los gestores a desprenderse de las acciones que más cayeron. Además, cuando los clientes retiran dinero de los fondos, sus administradores pueden verse obligados a vender los activos que encuentran compradores con mayor facilidad, aunque no sean los que preferirían vender. A esto se suman los sistemas de gestión de riesgos, que pueden reducir automáticamente las inversiones cuando aumenta la volatilidad.
Mientras tanto, parte del dinero se dirige hacia los fondos que replican índices como el S&P 500. Como estos destinan una mayor proporción de sus inversiones a las empresas más grandes, el capital termina concentrándose todavía más en las mismas compañías que sostienen al índice.

De esta manera, las acciones que suben siguen atrayendo compradores, mientras que las que acumulan pérdidas enfrentan nuevas ventas. En algunos casos, sus precios pueden caer por motivos que tienen poco que ver con los resultados económicos de las empresas.
Esto puede ocurrir cuando una compañía queda fuera de un índice bursátil, deja de cumplir con los requisitos de determinados fondos o sus acciones pierden liquidez, es decir, se vuelven más difíciles de comprar o vender sin afectar su precio. También puede suceder que una empresa se vuelva demasiado pequeña para los grandes inversores institucionales. En estas situaciones, las ventas no necesariamente reflejan un deterioro del negocio, sino la necesidad de algunos accionistas de desprenderse de sus participaciones.
Sin embargo, cuando esa presión vendedora termina, surge una pregunta importante. ¿Quién estará dispuesto a comprar esas acciones? Para que recuperen valor, necesitan atraer nuevos inversores, algo que podría ocurrir si un accionista activista impulsa cambios en la empresa, los directivos comienzan a comprar acciones, se reduce la deuda o se vende alguna de sus divisiones.
También puede ayudar que la compañía modifique la forma en que utiliza sus recursos, por ejemplo, cambiando sus prioridades de inversión. Sin algún factor concreto que vuelva a despertar el interés de los compradores, una acción puede permanecer barata durante mucho tiempo, incluso después de que terminen las ventas que provocaron su caída.

Dónde podrían aparecer oportunidades y qué riesgos enfrenta Wall Street
Morgan Stanley identifica oportunidades de inversión en algunas empresas industriales de calidad cuyas acciones perdieron valor, pero mantienen buenas perspectivas de ganancias. Muchas se vieron afectadas por las tasas de interés elevadas, la incertidumbre económica y la preferencia de los inversores por las grandes tecnológicas.
Sin embargo, no todas atraviesan la misma situación. Una compañía con una cartera de pedidos sólida, deudas manejables y una mayor capacidad para generar efectivo podría cotizar por debajo de su valor real. En cambio, otra que recibe cada vez menos pedidos y necesita refinanciar sus deudas a tasas que duplican las anteriores podría seguir enfrentando dificultades, incluso tras una fuerte caída de sus acciones.
Los riesgos también alcanzan a las grandes compañías que mantienen elevado al S&P 500. Que unas pocas empresas concentren buena parte de las subas no significa necesariamente que estén sobrevaloradas. Sin embargo, si alguna de ellas no cumple con las expectativas de los inversores, el impacto en el índice podría ser considerable.

De cara a los próximos meses, hay dos escenarios posibles. Si la volatilidad de los bonos disminuye y las ganancias empresariales se mantienen firmes, el dinero podría volver a dirigirse hacia las compañías que ya sufrieron fuertes pérdidas. Esto permitiría que más acciones participaran en la recuperación, sin necesidad de una caída importante del S&P 500. Por el contrario, si las tasas de interés continúan aumentando o las previsiones de ganancias empeoran, las grandes empresas que hasta ahora sostuvieron al índice también podrían comenzar a retroceder.
Ante estos escenarios, es más útil evaluar la situación financiera de cada compañía que intentar anticipar los próximos movimientos del mercado. El S&P 500 puede seguir cerca de sus máximos históricos, pero para más de la mitad de las empresas del Russell 3000 la caída bursátil ya ocurrió. El interrogante ahora es cuáles tienen posibilidades de recuperarse y qué podría llevar a los inversores a volver a comprar sus acciones.
*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.