Tras el fracaso de las conversaciones de paz entre Estados Unidos e Irán y después de que Trump calificara de "totalmente inaceptable" la última contrapropuesta de Teherán, los mercados deben enfrentar algo que los inversores intentaron evitar durante meses: la posibilidad real de que esta guerra se prolongue, se expanda y transforme el panorama económico mundial durante años, no semanas.
El petróleo ya supera los US$ 100 por barril. El bloqueo del estrecho de Ormuz continúa. Los temores a la estanflación, que hace tres meses ocupaban un lugar secundario, ahora dominan las preocupaciones. Si todavía esperás una solución diplomática, el tiempo se agota. Esto es lo que realmente importa para tu cartera ahora mismo.
El verdadero riesgo no está únicamente en los precios del petróleo
La mayoría de los inversores mira el crudo cuando estalla un conflicto en Medio Oriente. Resulta lógico: por el estrecho de Ormuz circula aproximadamente el 20% del petróleo mundial, y cualquier bloqueo prolongado o una escalada significativa dispararía los precios de manera considerable. Pero, en realidad, el petróleo es el componente más fácil de modelar. Los riesgos más complejos aparecen debajo de esa superficie.
Primero, aparece la trampa de la inflación. Los precios de la energía impactan en los costos del transporte, de la manufactura y de los alimentos, mientras la Reserva Federal de Estados Unidos todavía lidia con un IPC que ya muestra rigidez.
Esa combinación resulta particularmente adversa. Un conflicto prolongado podría elevar el IPC global en más de un punto porcentual y, al mismo tiempo, frenar el crecimiento: la definición clásica de estanflación. La Fed queda con un escaso margen de acción. Recortar las tasas de interés frente a una inflación en alza no resulta viable ni políticamente ni económicamente, pero sostenerlas mientras la economía se desacelera también genera un daño considerable.
Segundo, aparece el impacto en los bonos. La estrategia tradicional, es decir, acudir a los bonos del Tesoro cuando aumenta el riesgo geopolítico, dejó de funcionar. Cuando las crisis petroleras generan inflación, los bonos del Tesoro pasan a ser parte del problema, no de la solución. Los rendimientos subieron durante la escalada inicial, en lugar de caer.
Daniel Ivascyn, de PIMCO, gestor del mayor fondo activo de bonos del mundo, anticipó esta dinámica desde el comienzo: redujo exposición al crédito corporativo y acumuló liquidez no porque esperara refugio en la duración, sino porque preveía una disrupción. Esa es una señal reveladora.
Tercero, hay que monitorear el riesgo de contagio a nivel regional. El conflicto no se limita a Irán e Israel. Las exportaciones de GNL de Qatar atraviesan el estrecho de Ormuz. Los costos de los servicios públicos en Asia, los márgenes industriales y las cuentas de importación de energía dependen directamente de lo que ocurre en el Golfo. Una escalada del conflicto, incluso a través de actores indirectos, alteraría las cadenas de suministro globales de una manera que los mercados tardarían trimestres, no semanas, en asimilar por completo.
Qué funciona realmente como cobertura
Acciones del sector energético, no solo futuros de crudo
La exposición directa a los futuros de petróleo funciona como instrumento de trading, no como cobertura de cartera para la mayoría de los inversores. Las compañías energéticas integradas y las empresas de servicios petroleros ofrecen una vía más sólida para capturar el potencial alcista de precios de la energía elevados y sostenidos, mientras generan flujo de caja real. Si los precios se mantienen altos, y cada vez surgen más señales de que así seguirá, estas empresas van a generar ganancias extraordinarias.
Defensa y sector aeroespacial
No se trata de una apuesta a corto plazo. La escalada militar impulsa compromisos de gasto público que se despliegan durante años. El equipo de investigación de Morgan Stanley identificó específicamente la defensa, la seguridad y el sector aeroespacial como áreas en las que el gasto público probablemente genere una demanda sostenida durante varios años, más allá de cómo se resuelva este conflicto en particular. Los gobiernos firman contratos, las empresas consolidan cadenas de suministro y las partidas presupuestarias adquieren una rigidez difícil de revertir desde el momento en que se crean.
Oro, pero con una mirada realista
El papel del oro como activo refugio es innegable, pero su precio ya lo incorpora con rapidez. Lo más interesante radica en la demanda sostenida que surge de la diversificación de reservas por parte de los bancos centrales y de los inversores minoristas en mercados emergentes importadores de energía, que buscan protección frente a la depreciación de sus monedas locales.
La mesa de metales de JP Morgan señaló un posible aumento de la prima de riesgo del oro entre 5% y 10% respecto de los niveles actuales, pero la verdadera razón para mantenerlo en cartera radica en la duración de la inversión, no en un repunte repentino.
Efectivo e instrumentos de corto plazo
Esto no implica rendirse, sino preservar opciones. Cuando surgen disrupciones, que a menudo se presentan en bloque durante conflictos prolongados, contar con liquidez disponible para invertir a precios más bajos constituye una posición estratégica activa. La decisión de PIMCO de recurrir a equivalentes de efectivo antes de la escalada no reflejó pesimismo, sino preparación.
Diversificación internacional selectiva
No todos los mercados globales enfrentan el mismo nivel de exposición. Los países exportadores de energía, especialmente aquellos ubicados fuera de la zona inmediata de conflicto, pueden beneficiarse de precios elevados. La exposición selectiva a mercados como Noruega, Canadá o ciertos países del Consejo de Cooperación del Golfo, donde los inversores vendieron activos por temor a la guerra, puede compensar la dependencia de economías importadoras de energía.
Qué reducir o evitar
Los sectores sensibles a las tasas de interés se perfilan como las víctimas más evidentes de un entorno estanflacionario. Las empresas de servicios públicos, los fondos de inversión inmobiliaria (REIT) y los bonos de largo plazo sufren fuertes caídas de precio cuando la inflación se mantiene elevada y los recortes de tasas se postergan. La estrategia de "obtener un 4% de rentabilidad y esperar a que la Reserva Federal recorte las tasas", que parecía prometedora a comienzos de 2026, ahora enfrenta obstáculos serios.
El sector de consumo discrecional también recibe el impacto. El aumento de los precios de los combustibles actúa como un impuesto directo sobre el gasto de los hogares. En un año de elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, la presión política para abordar este problema será intensa, pero las herramientas disponibles, como la liberación de reservas estratégicas de petróleo y la presión sobre los aliados de la OPEP, tienen un alcance limitado.
Las tecnológicas orientadas al crecimiento, en particular aquellas que cotizan a múltiplos elevados, enfrentan una doble presión: tasas de descuento más altas por la persistencia de la inflación y un menor apetito por el riesgo ante la incertidumbre geopolítica sostenida. Esto no justifica abandonar el sector por completo, pero sí exige analizar con mayor profundidad las valuaciones y priorizar la calidad por encima de la especulación.
El marco que más importa
El error que comete la mayoría de los inversores en situaciones como esta consiste en interpretar cada noticia en términos binarios: alto el fuego equivale a comprar, escalada equivale a vender. Así se generan los movimientos bruscos del mercado. El enfoque más inteligente consiste en construir una cartera que no exija prever la próxima noticia.
Eso implica mantener posiciones largas en activos reales que se benefician de la inflación, contar con suficiente efectivo para actuar cuando la volatilidad genere oportunidades y dimensionar las posiciones defensivas según el riesgo de duración, no según una supuesta certeza sobre el rumbo de la diplomacia. Nadie, ni la comunidad de inteligencia, ni los analistas, ni la Casa Blanca, sabe con precisión cómo ni cuándo terminará esto.
Lo que sí podés hacer es no quedar desinformado ante la próxima escalada. En este momento, todo indica que la próxima situación probablemente genere más tensión, no menos. Actuá en consecuencia.
*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.