El estrecho de Ormuz volvió a cerrarse y el precio del petróleo crudo subió un 9% este lunes tras conocerse la noticia. Como era previsible, los inversores tradicionales se volcaron a activos vinculados a petroleras y oleoductos. La reacción resulta lógica, aunque quienes actúan con cautela y apuestan por una estrategia contraria pueden moverse con más inteligencia, sin seguir a la mayoría.
Sin embargo, el sector energético todavía cotiza barato tras meses de rechazo por parte del inversor. Por eso, hoy ponemos la lupa sobre siete empresas con rentabilidades que van del 4,8% al 13,9%. Estas compañías vinculadas al consumo energético pagan dividendos, exista o no una crisis geopolítica.
Veamos cuáles son las siete petroleras que hoy pagan una rentabilidad media del 8,8%.
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Los productores como Crescent Energy (CRGY, con una rentabilidad por dividendo del 4,8%) son quienes más se benefician de la suba del petróleo, porque el precio del barril impacta directamente en sus resultados. Si comparás una empresa estadounidense de exploración y producción con el crudo West Texas Intermediate, suele verse algo así:
Por supuesto, rara vez existe una relación perfecta de uno a uno. Muchos productores trabajan con más de una materia prima. La eficiencia cambia según la empresa y, en algunos casos, cuentan con líneas de negocio adicionales por fuera de las actividades tradicionales de exploración y producción.
Mirá el caso de Crescent Energy. La compañía produce petróleo, condensado (un tipo de crudo ultraligero) y gas natural. Opera en la formación Eagle Ford Shale y en las cuencas de Uinta y Pérmica, aunque también posee derechos mineros y regalías sobre activos administrados por otras empresas. Así, CRGY recibe los flujos de caja de esas propiedades sin necesidad de destinar capital a su explotación.
Su expansión no depende del desarrollo de nuevas instalaciones, sino de la compra de operaciones existentes, como la adquisición de Vital Energy por US$ 3.100 millones, que cerró a fines del año pasado, y de mejoras en la eficiencia. Se trata de un modelo de crecimiento más lento, aunque también más estable.
Las caídas registradas desde abril llevaron a CRGY a cotizar a solo 4,4 veces las ganancias estimadas para 2026, apenas un tercio de la valuación promedio del sector energético. Su rentabilidad cercana al 5% también resulta atractiva, aunque su breve historial de pagos todavía deja margen de mejora. La compañía nació a fines de 2021 tras la fusión de Independence Energy y Contango Oil & Gas. Poco después, empezó a pagar un dividendo trimestral de US$ 0,12, lo elevó a US$ 0,17 durante casi un año y luego lo redujo otra vez a US$ 0,12, nivel que conservó desde entonces.
Northern Oil & Gas (NOG, con una rentabilidad por dividendo del 8,9%) tiene más trayectoria en el mercado, aunque su programa de dividendos comenzó hace relativamente poco. La empresa nació en 2006 y debutó en bolsa en 2007. Su actividad se concentra en la extracción de petróleo y gas natural en las formaciones Williston, Uinta, Pérmica, Apalaches y Duvernay.
Aunque, en términos técnicos, se trata de una empresa de exploración y producción (E&P), no opera los activos de forma directa: posee participaciones en miles de pozos y se asocia con otras compañías de E&P para explotarlos. El negocio produce sólidos flujos de caja, aunque Northern Oil & Gas recién empezó a repartir ganancias hace pocos años. El dividendo arrancó en 2021 con US$ 0,03 por acción cada trimestre y, a partir de ahí, NOG lo aumentó cada tres meses.
En 2024, el ritmo de aumentos se redujo a dos por año, y la última suba llegó a principios de 2025. Aun así, el dividendo de US$ 0,45 quedó muy por encima de sus niveles iniciales y, como resultado, NOG paga una rentabilidad cercana al 9%. El ratio de reparto, que representa apenas la mitad de las ganancias previstas para este año y el 45% de las proyectadas para 2027, tampoco genera preocupación. La empresa no atraviesa una crisis de liquidez: hace poco redujo su gasto de capital, pero amplió en US$ 150 millones su programa de recompra de acciones. Las acciones cotizan a un PER futuro extremadamente bajo de 6, aunque esa valuación también refleja un modelo de negocio más conservador.
Viper Energy (VNOM, con una rentabilidad por dividendo del 5,4%) tiene una estructura similar. Diamondback Energy (FANG) creó la compañía para adquirir y mantener derechos mineros y regalías. Viper alquila esos derechos, vinculados principalmente con petróleo, gas natural y líquidos de gas natural de la Cuenca Pérmica, a empresas de exploración y producción. La fórmula es simple: poco capital y mucha liquidez.
La versión de este modelo de negocio que aplica Viper mostró una mayor solidez que la de Northern durante los últimos tiempos, y los inversores lo reflejaron en sus carteras: VNOM casi duplicó su rentabilidad total en tres años y todavía conserva buena parte de las ganancias bursátiles del primer trimestre. En cambio, NOG perdió un tercio de su valor y acumula pérdidas en lo que va del año. Sin embargo, Viper tampoco presenta una valuación demasiado atractiva, ya que cotiza por debajo del mercado, pero por encima del promedio del sector. Además, aunque su rentabilidad del 5% resulta aceptable, ese porcentaje podría variar.
En concreto, la empresa paga un dividendo base variable, cuyo piso actual es de US$ 0,38, después de que lo aumentó un 15% este año. Por un lado, los últimos pagos, que representaron entre el 85% y el 90% del efectivo disponible para distribuir entre los accionistas, no son habituales. La dirección señaló que este año probablemente regresaría al mínimo del 75%. Sin embargo, los precios elevados también podrían sostener el dividendo en niveles altos.
¿Dónde más se pueden buscar altos rendimientos? En las empresas de infraestructura energética, que en la práctica funcionan como "recaudadoras de peaje": cobran una comisión cada vez que el petróleo, el gas natural y otras materias primas circulan por sus oleoductos, instalaciones de almacenamiento y demás activos.
Hess Midstream LP (HESM, con una rentabilidad por dividendo del 7,8%), por ejemplo, posee activos energéticos intermedios, entre ellos gasoductos, plantas de procesamiento de gas, terminales y redes de recolección.
Hess Midstream es una sociedad limitada maestra (MLP), por lo que su valuación resulta más difícil de determinar con la tradicional relación precio-beneficio (P/E). La relación entre el valor de la empresa y las ganancias antes de intereses, impuestos, depreciación, amortización y exploración (EV/EBITDAX) suele resultar más representativa. El múltiplo cercano a 7 veces de HESM es bastante bajo frente a las valuaciones de entre 9 y 10 veces de muchas de sus competidoras.
Hace apenas un par de semanas, incluí a Hess Midstream entre las acciones con importantes anuncios de dividendos previstos para los próximos días. En ese momento, dije: "Históricamente, HESM registró aumentos trimestrales de entre el 1% y el 3%, que impulsaron un crecimiento interanual cercano al 10%. Sin embargo, la compañía redujo hace poco su previsión de gastos de capital para todo el año y elevó la de flujo de caja libre, lo que podría derivar en subas algo mayores durante los próximos trimestres, aunque también genera dudas sobre su potencial de expansión. Sea cual sea la decisión, probablemente se anuncie a fines de julio", señalé.
Los accionistas buscarán algo más que liquidez adicional. También seguirán de cerca los planes de Chevron (CVX), que posee cerca del 38% de HESM tras la compra de Hess Corp. en 2025. Hasta ahora, la situación resultó poco clara. Habría margen de expansión si CVX decidiera invertir en la compañía de transporte y almacenamiento de hidrocarburos, pero ese margen sería menor si se limitara a retirar efectivo.
HESM, como muchas MLP, presenta otro inconveniente: el temido formulario K-1. Estas sociedades deben enviar ese documento al cierre de cada año fiscal, un trámite que suele generar complicaciones tanto para los inversores como para quienes preparan sus declaraciones impositivas.
Sin embargo, ese dolor de cabeza podría compensarse con una ganancia muy superior. Mirá el caso de Mach Natural Resources LP (MNR, con una rentabilidad por distribución del 13,9%), que destaqué justo cuando estalló la guerra entre Estados Unidos e Irán y que mostró un margen de suba mucho mayor que el conjunto de las MLP durante los máximos del petróleo.
Mach Natural Resources es una empresa atípica, porque se trata de una sociedad limitada dedicada a la energía, es decir, a la exploración y producción, no a la infraestructura. Opera en la cuenca de Anadarko, aunque también cuenta con activos en las cuencas de Green River, San Juan y Pérmica.
Mach es un operador eficiente, con un sólido historial de compra de activos a precios bajos. Además, no depende solo del petróleo: de hecho, el gas natural representa algo más de la mitad de su producción.
A pesar de la fortaleza que mostró en lo que va de 2026, MNR todavía cotiza a un módico múltiplo EV/EBITDAX de 4,5 veces, apenas por encima del nivel de fines de febrero. La distribución también es muy elevada, aunque no es fija: depende del efectivo disponible después de aplicar una tasa de reinversión del 50% y, por ese motivo, presenta fuertes variaciones.
¿Qué pasa si buscamos los altos rendimientos de las MLP, pero queremos evitar la complejidad fiscal que implican? Los fondos cerrados (CEF) permiten acceder a ambas ventajas.
El Kayne Anderson Energy Infrastructure Fund (KYN, con una rentabilidad por distribución del 7,5%) posee acciones de las principales compañías de logística energética. Al invertir en este fondo, accedemos a empresas como The Williams Companies (WMB) y Kinder Morgan (KMI), además de MLP como Enterprise Products Partners LP (EPD) y Energy Transfer LP (ET).
A diferencia de otros fondos cotizados en bolsa (ETF) similares, Kayne Anderson puede sacar provecho de una ventaja propia de los fondos cerrados (CEF): el apalancamiento financiero, que permite reforzar algunas de sus apuestas con mayor convicción. Su apalancamiento efectivo, relativamente elevado, del 25%, le permite alcanzar una rentabilidad superior sobre sus inversiones. Además, paga intereses todos los meses.
Sin embargo, ese apalancamiento también implica que KYN tendrá mayores fluctuaciones que un ETF de infraestructura tradicional, para bien o para mal.
Conviene recordar que los fondos cerrados (CEF) pueden cotizar con primas o descuentos respecto de su valor liquidativo (VL). El Kayne Anderson Energy Infrastructure Fund opera actualmente con un descuento del 14%, lo que permite acceder a sus participaciones en infraestructura energética por US$ 0,86 por cada US$ 1 de activos. No está mal, aunque tampoco resulta tan atractivo como parece: ese nivel apenas supera el descuento histórico del 13% de KYN.
Tortoise Energy Infrastructure (TYG, con una rentabilidad por distribución del 13,1%) es una inversión más diversificada dentro del sector, pero paga una renta considerablemente mayor. La cartera de este fondo cerrado se reparte, aproximadamente, en un 55% de compañías de infraestructura energética y un 45% de empresas de servicios públicos. Además, incluye corporaciones energéticas y MLP, como Targa Resources (TRGP) y MPLX LP (MPLX), junto con compañías de servicios públicos como Entergy (ETR) y Sempra Energy (SRE).
Se trata de otra particularidad del universo de los CEF. Los ETF de energía rara vez adoptan una estructura de este tipo; sin embargo, varios fondos cerrados de infraestructura energética reúnen ambos sectores dentro de una misma cartera.
TYG paga dividendos todos los meses y, además, permite evitar el trámite del formulario K-1.
Tortoise Energy Infrastructure cotizó con un descuento promedio del 14% durante los últimos cinco años. En el pico energético de 2026, TYG llegó a operar con una pequeña prima. Aunque después perdió parte de esa diferencia y hoy cotiza con un descuento del 9%, todavía no volvió a ser una verdadera ganga.
*Este artículo fue publicado originalmente en Forbes.com.