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Foto: Daniel Oberhaus, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons
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La compañía creada por Jeff Bezos suma contratos públicos, respaldo oficial y capacidad técnica, mientras el liderazgo privado del sector espacial enfrenta una presión cada vez más concreta.

13 Julio de 2026 07.40

Las acciones de SpaceX (SPCX) se mueven como las de un monopolio: una valuación de US$ 1,75 billones y un precio superior a 100 veces sus ingresos de los últimos doce meses. Esos números solo cierran si los inversores creen que la compañía casi no tendrá competencia seria durante un largo período. Pero esa ventaja no debería darse por garantizada para siempre. SpaceX es, ante todo, una apuesta de largo plazo, y ahí aparece su doble filo: los rivales más chicos y en ascenso merecen más atención de la que hoy marca su peso en el mercado. Por ahora, hay pocos competidores creíbles. Entre ellos, Blue Origin, de Jeff Bezos, sobresale como el rival más relevante. Aunque todavía corre desde atrás, ya muestra avances importantes, sobre todo en desarrollos técnicos y regulatorios.

Space X (Se puede usar) Foto: Olga Ernst
SpaceX acelera su ritmo de lanzamientos mientras crece la competencia en la industria espacial. Foto: Olga Ernst

El apoyo regulatorio está en el centro del relato

Los contratos federales son decisivos para el sector espacial, y obtenerlos depende en gran medida de los vínculos con organismos del Gobierno. Los últimos avances de Blue Origin reflejan esa realidad. Sus contratos federales promedio por año bajo la actual presidencia de Donald Trump subieron 177% frente al ritmo registrado durante el Gobierno de Joe Biden. La Space Force autorizó a la firma siete lanzamientos militares y de inteligencia valuados en hasta US$ 2.400 millones. NASA le otorgó US$ 188 millones para entregas de carga lunar asociadas con el programa Artemis. Blue Origin también quedó habilitada para competir por partes de la iniciativa de defensa antimisiles Golden Dome, del Pentágono, valuada en US$ 151.000 millones.

Durante este mandato, Bezos cultivó una relación mucho más cercana con Trump y, en consecuencia, habría conseguido mayor acceso a la Casa Blanca. Ese vínculo coincidió con líderes de NASA y la Space Force que ubicaron públicamente a Blue Origin como un contrapeso necesario frente a SpaceX, una señal de interés sostenido de las agencias por contar con un segundo gran proveedor de lanzamientos.

SpaceX también se benefició del vínculo de Elon Musk con el presidente Trump. Sin embargo, el escenario cambió: Blue Origin ahora cultiva un acceso similar, lo que vuelve menos probable que el apoyo del Gobierno siga como una ventaja exclusiva de una sola compañía durante un período prolongado.

Elon Musk, SpaceX - SE PUEDE USAR - (Foto: creada con IA)
Elon Musk mantiene a SpaceX como líder del negocio espacial, aunque Blue Origin gana terreno con apoyo oficial. - (Foto: creada con IA)

Aunque los lanzamientos y Starlink siguen como ejes centrales para SpaceX, los servicios inalámbricos también parecen ganar peso en los planes de la empresa.

La brecha operativa sigue muy amplia

La diferencia en capacidades operativas es enorme. SpaceX realiza lanzamientos de cohetes cada dos o tres días, lo que le da muchas más oportunidades para mejorar su tecnología, bajar costos y atraer clientes. Ya consiguió aterrizar propulsores reutilizables cientos de veces, mientras que el cohete pesado New Glenn, de Blue Origin, completó su primer lanzamiento este año y todavía atraviesa sus primeras pruebas de aterrizaje. Además, SpaceX opera más de 8000 satélites Starlink, que aportan miles de millones en ingresos recurrentes, un terreno al que Blue Origin todavía no entró. Esa distancia también se refleja en los contratos públicos: desde 2008, SpaceX obtuvo compromisos federales por alrededor de US$ 24.900 millones, frente a unos US$ 2.600 millones para Blue Origin.

Starship marca otra diferencia. SpaceX ya realiza pruebas de vuelo de un sistema de lanzamiento superpesado y completamente reutilizable, pensado para bajar de manera considerable el costo de acceso a la órbita y respaldar misiones a la Luna y Marte. Blue Origin, por ahora, no tiene en sus planes un vehículo comparable.

Blue Origin (New Gleen)
Un cohete de Blue Origin despega en plena pulseada por los contratos y el futuro del negocio espacial. (Foto: New Glenn).

Aun así, Blue Origin cuenta con ventajas reales más allá de su mayor respaldo regulatorio. Su motor BE-4 impulsa tanto el New Glenn como el Vulcan Centaur, de United Launch Alliance, lo que convierte a Blue Origin en un proveedor clave para el mercado de lanzamientos de Estados Unidos. Jeff Bezos también financia la compañía con miles de millones, un respaldo económico que pocas startups aeroespaciales pueden igualar. A diferencia de la mayoría de las startups espaciales, Blue Origin no enfrenta una presión intensa para recaudar fondos ni para priorizar la rentabilidad de corto plazo, lo que le permite invertir de manera sostenida en proyectos de largo plazo. Además, a diferencia de muchos competidores, New Glenn fue diseñado desde el inicio para ser reutilizable, una ventaja para competir en un mercado que depende cada vez más del uso repetido del mismo hardware para bajar los costos de lanzamiento.

¿Es necesario cerrar la brecha?

Cerrar la distancia con Starlink o Starship en esta década parece poco probable, por las ventajas que conserva SpaceX en flujo financiero y datos de vuelo.

Jeff Bezos (SE PUEDE USAR) Crédito: Wikimedia Commons
Jeff Bezos impulsa a Blue Origin como alternativa fuerte frente al dominio de SpaceX en la industria espacial. Crédito: Wikimedia Commons.

Blue Origin no necesita igualar su operación para tener peso ante los inversores. Debe construir credibilidad suficiente y respaldo del Gobierno para seguir como la alternativa financiada en los grandes proyectos, y la evolución de los contratos durante el último año muestra que eso es, exactamente, lo que ya pasa. Para los inversores de SpaceX, la preocupación es que las agencias federales decidan distribuir fondos de manera deliberada para sostener a un segundo proveedor. Eso podría limitar el poder de fijación de precios y la porción de contratos que SpaceX aspire a controlar, aun con su superioridad operativa.

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com

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