Forbes Ecuador
10 Julio de 2026 10.49

Pedro Maldonado Ordóñez Editor

Carlos Montúfar: el optimista que insiste en aprender a observar

Carlos Montúfar, cofundador de la USFQ.
Fotos: Pavel Calahorrano Betancourt
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El cofundador de la USFQ y presidente del Consejo de Regentes de la institución, conversó con Forbes Ecuador sobre educación, ciencia, las nuevas generaciones, el presente y el futuro de Ecuador. “Hay que preparar al individuo para saber dudar, saber preguntar y saber calcular".

“Acabo de volver de Islandia, allá fui a ver el electrón”. Carlos Montúfar se refiere a los rayos cósmicos que se atrapan en el campo magnético de los polos del planeta y que, con la excitación del oxígeno, crean una luz espectacular, la que todos conocemos como aurora boreal.

Islandia, cuenta el cofundador de la Universidad San Francisco de Quito y actual presidente del Consejo de Regentes de la institución, es un país de unas 400.000 personas. Ahí, “todo funciona muy bien, aunque resulta aburrido para mi gusto. Puro hielo, pura roca, yo ya quería ver los postes de luz con las marañas de cables. Estando allá pensaba en Ecuador y me decía: ‘¡Qué país más espectacular el que tenemos!’”.

Ese país del que habla sirvió de laboratorio a científicos como Humboldt, Whymper o La Condamine. El mismo país en donde “lo interesante es que, de alguna manera, a pesar del desorden de las cosas, funciona”. Ese Ecuador donde la inestabilidad —no solo política— permite que ocurran cambios necesarios. “Me encanta el Ecuador, conozco el país del Carchi al Macará, del Tiputini a Galápagos”.

Montúfar es optimista y en cada pregunta siempre mira el lado bueno de las cosas. Si el tema son los jóvenes, él los describe como espectaculares. Sobre el estudio de la física, asegura que es una belleza. Y, cuando habla de la ciencia en general, no duda: “Ha abierto más puertas del bienestar”.

Con 77 años y anécdotas para llenar páginas y más páginas, Montúfar cuenta que la física le liberó. “Primero estudié Ingeniería, después Física Nuclear, luego Ingeniería Nuclear. Y el conocimiento que pude acumular me sirvió en varias etapas para resolver problemas difíciles, problemas de la vida real. He pasado de agricultor, de ganadero, de abogado”.

La oficina de este fanático de los autos (los Mercedes Benz son su debilidad), de los Beatles y de cada producto de Apple es una muestra de esa curiosidad que defiende como un derecho que permite a las personas crecer en todos los sentidos. Un cuadro de Piaguaje ocupa la pared de ingreso, también sobresalen dos pupitres —con rayones de hace décadas— de las primeras aulas de la “San Pancho”, que abrió sus puertas a finales de los ochenta. Junto a una ventana, un mueble está lleno de una colección de vehículos a escala y dos transbordadores espaciales, también a escala.

En los libreros no cabe nada y el monitor de su computadora está apagado. No hace calor, pero tiene a mano el control remoto del aire acondicionado. La luz del mediodía entra por la ventana, desde donde se observa parte del campus y la nueva arquitectura de Cumbayá. "Hubiera preferido que no se construyera tanto edificio”, dice al salir a una terraza para la sesión de fotos.

En su escritorio, que también hace de mesa de reuniones, hay más objetos que reflejan el espíritu de Montúfar. Un par de reglas de cálculo, dos Einstein en miniatura, varias esferas de cristal, un café doble —“para no dormirme”—, un ejemplar de La mirada interior, de Javier Vásconez, y un Carlos Montúfar a escala son parte de la decoración; cada elemento ocupa un lugar y en ahí donde este académico, padre, abuelo, mentor y emprendedor pasa parte de su tiempo. “Ahora vengo un par de días a la universidad, solo tengo una clase y prefiero caminar por los jardines, allí converso con estudiantes, profesores y personal de la universidad”.

Quién es Carlos Montúfar

“Soy un apasionado por las ciencias, también me gusta el deporte, jugaba fútbol como puntero derecho.

He cruzado sistemas educativos ecuatorianos y norteamericanos. He estado involucrado mucho en la agricultura y la ganadería, me encantan los autos y en tecnología soy fiel a Apple. Soy un apasionado de los científicos viajeros como La Condamine, Humboldt o Darwin, que vieron al Ecuador con una perspectiva que nosotros no.

Crecí fascinado por la radio y fui radioaficionado. Hoy estoy zambullido en la inteligencia artificial y tengo dificultad en entender algunas cosas de complejidad como la computación cuántica, es algo fantástico, pero todavía no le ‘cacho’ el detalle, es una cosa muy complicada”.

Los inventos más importantes

“La regla de cálculo. Con esto se puso el hombre en la Luna, con esto se calculó todo. Yo estudié con ella, multiplicas, divides, sacas logaritmos exponenciales. Así como ahora se jactan de que quién tiene la mejor calculadora, en mi época estudiantil se competía por la regla de cálculo (toma una y se la lleva a la chaqueta). Estas eran de bolsillo, todo ingeniero llevaba una.

La invención fundamental que transformó el mundo es el transistor. Antes eran equipos muy grandes, con tubos, y el transistor logró que llegara la miniaturización de la ingeniería y ahí empezó la revolución de la electrónica. Ciertos países como China, Taiwán o Singapur aprovecharon ‘el tren del transistor’, como le llamo yo.

También están el libro y la imprenta. Se pasó del papiro y de la biblioteca de Alejandría a la imprenta. Eso fue un shock (recomienda el libro El infinito en un junco, de Irene Vallejo). El recelo estuvo entre los profesores y los maestros que antes eran oradores y pensaron que iban a perder todo su poder porque el conocimiento iba a estar al alcance de todos. Fue una amenaza tremenda que se superó y lo que vino fue increíble.

Otro invento es el telescopio. Fue el primer paso para ver más allá, cambió y transformó la guerra, el conocimiento de las estrellas y sirvió para darnos cuenta de que la Tierra no está en el centro del universo, gracias a Keppler, Copérnico y Tycho Brahe. Los mapas más importantes no eran los terrestres, sino los mapas celestes, eran ya un primer GPS, gracias al telescopio.

El microscopio también es fabuloso. Entre el microscopio y el telescopio nos ponen en nuestro sitio: somos de una ‘pendejadita’, pero también somos unos ‘monstruos’. El microscopio cambió la historia de la medicina.

El quadrivium también es importante. La astronomía, la música, la geometría y la aritmética son cuatro herramientas fundamentales que todo ciudadano, toda persona debe por lo menos entender (NDLR: el quadrivium significa en latín cuatro vías o cuatro caminos. Es el segundo ciclo de las antiguas siete artes liberales impartidas en la educación clásica y medieval, enfocado en el estudio exacto de las matemáticas). El quadrivium es lo que nos pone como observadores de lo que hacemos.

¿Qué tiene que ver la música con la ciencia? Permite ver patrones en el tiempo, uno ve patrones en el espacio y ve patrones en el tiempo. Y las herramientas como la aritmética y la geometría permiten entender el universo. En el tema de educación no se ha hecho suficiente énfasis a nivel mundial en la importancia del proceso de observar. Da Vinci decía que lo más difícil es saber ver. Y no hay cómo enseñar a ver”.

Educar es experimentar

“Hay una frase que dice: ‘La única vez que interrumpí mi educación es cuando fui a la escuela’. Esto es un poco exagerado porque la educación, la comunicación y saber ver son herramientas fundamentales que el ser humano tiene que ir desarrollando porque como especie somos la más inútil que hay. Nace un bebé y, si se le deja solo, muere. En cambio, un ternerito a los tres días ya está levantándose. 

Si no hay un proceso de educación y comunicación entre la madre y el padre con el bebé, no sobrevivimos. También es cierto que el ser humano tiene la capacidad de hablar, de desarrollar un idioma, un lenguaje para transmitir información.

Parte de la educación es aprender el concepto básico de saber escuchar y saber decir, preguntar, dudar. El tema es que la educación en América Latina era como ‘llenar el vaso’ con información. Llenar al ‘guagua’, al niño, con información. Si el profesor dice, es así.

La educación muy memorista es obviamente deficiente para la creatividad. La clave es el proceso de observar y aprender. Por ejemplo, no hay manera de enseñar a un niño lo que es quemarse sino solo cuando se quema. Yo le puedo describir, decir que le va arder o doler, pero hay que quemarse para entender. Entonces, el proceso educativo no ha tenido este componente experimental.

El ejercicio de aprender de memoria está bien, pero no puedes depender de eso. Hay que probar y hay que saber calcular en la parte de atrás de un sobre. Los grandes genios, como Bohr y Einstein, se sentaban a tomar café y proponían sus ideas atrás de una servilleta.

En el Ecuador cada año tenemos cerca de 300.000 bachilleres y más o menos seis o siete millones de personas menores de 18 años. Entonces, ¿estamos educando ese montón de chicas y chicos debidamente para este mundo que está tan acelerado? Porque, si no estamos listos para adaptarnos, caemos en ser víctimas de nuestro éxito personal. 

Una persona que se dedica exclusivamente a la electrónica o a los transistores puede ser un genio, pero a lo mejor es un fracaso pronto porque no tiene la amplitud necesaria que ahora se requiere.

Entonces, creo que el modelo de la USFQ de artes liberales para complementar las distintas áreas del saber en la formación del individuo sí produjo un despertar. En ese sentido nos sentimos orgullosos, quisiéramos educar a todo el mundo y creemos que nuestro modelo es el mejor. El hecho de que otras instituciones hayan crecido privado ya es ya es un impacto.

Tenemos cerca de 30.000 exalumnos y ahora la pregunta es, ¿debemos seguir igual o debemos cambiar? Es mejor tener una fundación sólida en las humanidades, en las ciencias, en las matemáticas para que sean adaptables a cualquier cambio. 

Hay que preparar al individuo para saber dudar, saber preguntar y saber calcular, cosas fundamentales que le permitan a una persona tener éxito. Puede ser un artista, puede ser un antropólogo, puede ser un físico, pero uno no puede estar atrapado en ser esclavo de su profesión. Eso es gravísimo”.

Carlos Montufar universidad San Francisco
Carlos Montúfar, cofundador de la USFQ y presidente del Consejo de Regentes de la institución-

La docencia y el nivel de ignorancia

“Siempre me ha encantado la docencia porque hay cosas que siento que no entiendo bien. Y, cuando estás en la clase y quieres explicar, es un reto que todo profesor tiene. 

El profesor que entra y dice: ‘Yo entiendo perfecto esto’, y luego anota en el pizarrón y pide que aprendan de memoria, no enseña. 

Uno tiene que pensar que no lo sabe todo, hay un nivel de ignorancia que uno tiene. Al iniciar un ciclo siempre les digo a los estudiantes que van a salir más ignorantes y que les va a costar plata. Y después entienden qué quiere decir eso. 

Otro tema es la duda y también el pensamiento crítico. Hay que dudar y no aceptar todo como verdad, sobre todo ahora. Siempre he sido y seguiré siendo escéptico. Por eso quiero saciarme hasta convencerme de algo y ahora las herramientas son tan buenas de que puedo averiguar si en lo que estoy siendo escéptico tengo algo de razón o no.

Los jóvenes de hoy en día no saben escribir una carta, pero saben expresarse de otras maneras. No digo que está mal y creo que la juventud de hoy es espectacular. 

Tenemos una comunidad de 8.000 estudiantes en todas las disciplinas. Más de la mitad estudia algo relacionado con STEM o ciencias. En ocasiones nos dicen: ‘¿Para qué voy a tomar esos cursos que llamamos socráticos?’. Pero cuando se gradúan la mayor parte dice: ‘Los socráticos me cambiaron la manera de pensar’. 

Me han dicho que hagamos clases en línea, pero yo digo que esa experiencia no es la que queremos dar a los estudiantes. Queremos estar en el campus, convivir con los alumnos, y la grata noticia es que el 80 % de los estudiantes entran a las nueve y se van a las cinco. Y no están en el aula todo ese rato; pasan en el jardín, en biblioteca, practicando deportes, que es una parte tan importante hoy día la socialización”.

Energía per cápita

“Lo más necesario para que un país salga adelante es la estabilidad. Aquí tenemos varias inestabilidades que también son buenas. Si uno vive en una ciudad extremadamente estable, no pasa nada, es aburrido. Una de las cosas interesantes del país es su inestabilidad y no me refiero solo a la política. Hablo de la inestabilidad en el sentido geográfico, en el sentido sísmico, en el ecológico, en lo meteorológico.

Es bueno tener estabilidad, pero por periodos. Porque, si es demasiado estable, ya no se puede hacer nada. El cambio es lo más importante, pero el cambio cada día también es imposible. Uno no puede vivir enfrentándose al cambio diario, pero uno necesita estar preparado para eso.

Hemos crecido de un Quito de 400 000 habitantes en los años sesenta y setenta a un Quito de tres millones de habitantes. Este crecimiento es rápido y desorganizado, y lo interesante es que, de alguna manera, a pesar del desorden de las cosas, funciona. Las disrupciones son buenas porque a uno le sacuden; entonces, ¿qué debe ser permanente?: la energía.

Necesitamos estabilidad energética a futuro. Para lograr eso se requiere planificación, visión más a largo plazo. Tenemos hidroeléctricas que ha sido una visión a largo plazo y el 80 % de la energía del Ecuador es hidroeléctrica. Dependemos de demasiado de una sola fuente y es peligroso. Si deja de llover o se rompe una represa…

Entonces, necesitamos energía, kilovatios, joules, calorías por individuo. Hay que preguntarse cuánta energía disponemos por individuo. Ese número representa riqueza, es la energía per cápita. ¿cuántos kilovatios tengo yo para gastarme? ¿Y tiene un precio cómodo y estable?

Para mí un país rico en energía es un país rico. Un país como Estados Unidos o algunos de Europa tienen por lo menos 10 veces más energía per cápita que el Ecuador. Necesitamos ‘oro en polvo’ y ahí viene el uranio, que es energía concentrada. El gobierno actual está ya explorando eso y muchos países de América Latina también están en el vagón de instalar energía nuclear.

No hablo de grandes reactores nucleares , sino de los que están en desarrollo, lo que se llama pequeños reactores modulares o SMR. Hay como 70 empresas desarrollando esto en el mundo. Está todavía muy caro, pero es una tecnología segura, concentrada y limpia.

Siendo realista, el desarrollo tomará al menos unos 20 años. En la región de puede tener varios reactores pequeños, y se puede pensar a futuro con tres reactores y una sola red para Colombia, Ecuador y Perú; una maravilla, una Gran Colombia nuclear con reactores similares en cada país”.

¿Quién es más peligroso: un político o un científico?

“Hay mucho escepticismo respecto a la ciencia, el tema creció sin razón de ser y se dice incluso que la vacuna del COVID-19 es la causa de todos los males que tenemos. Y no se ve que es la causa de que mucha gente está viva. 

El ser humano, por naturaleza, ve la paja en el ojo ajeno, pero no le molesta la piedra en el ojo propio y comienza a creer cualquier cosa. Y eso se propaga a una velocidad mucho más rápida que el conocimiento real. Esto es algo complicado con tantas fake news.

El crecimiento de la población viene asociado con la medicina. Allí están el descubrimiento de los antivirales antibióticos, el descubrimiento de las vacunas. Hay una investigación, hay un esfuerzo de la biotecnología de sacar adelante y parece que ahora hay mucha comunicación en contra de este proceso.

La ciencia en sí no es mala ni buena, pero te da una llave que te abre dos puertas: la del cielo y la del infierno. Creo que la ciencia, en general, por el bienestar que tenemos hoy día, ha abierto más puertas del bienestar. Claro que ha habido guerras, la bomba atómica, pero hoy somos más de 8.000 millones de personas en el planeta. Vean lo que está pasando en China, un país basado en la tecnología es un gobierno autocrático, pero vive de la ciencia y la ingeniería

¿Es más peligroso un científico o un político? La historia ya nos ha contado eso, aunque sí ha habido políticos buenos. Nadie tiene la verdad en la mano y siempre vamos a culpar al otro, entonces no hay respuesta”. (I)

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