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Un destructor de la US Navy, del Comando Central de EE.UU., navegando por el Est
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Trump, Irán y el fin de la tregua: golpes a la infraestructura, funeral de Khamenei y un mercado del petróleo al límite

Juan Romero

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Estados Unidos volvió a atacar infraestructura clave en Irán —incluidos puentes ferroviarios rumbo a Mashhad— en plena ceremonia de entierro de Ali Khamenei, mientras Donald Trump dio por terminada la tregua y los mercados de petróleo enfrentan inventarios peligrosamente bajos y riesgos crecientes.

9 Julio de 2026 12.00

Los últimos ataques estadounidenses sobre Irán marcaron un giro decisivo en una guerra que ya se había desplazado del frente militar clásico a la disputa por rutas estratégicas y símbolos políticos. Teherán denunció que la madrugada del jueves, horas antes del entierro del exlíder supremo Ali Khamenei en la ciudad santa de Mashhad, aviones y misiles estadounidenses impactaron puentes ferroviarios en la ruta al lugar de la ceremonia, interrumpiendo servicios de pasajeros desde Teherán y ciudades del sur. Uno de los puentes golpeados se encuentra a 55 kilómetros de Mashhad.

El Ministerio de Relaciones Exteriores iraní interpretó los ataques como una provocación directa: afirmó que golpear infraestructura mientras se desarrollaba el funeral de seis días de Khamenei mostraba la “incapacidad de Washington para comprender la profundidad del patriotismo de los iraníes y la lealtad a los ideales de la revolución”. Para las autoridades, el mensaje era claro: Estados Unidos buscaba “ensombrecer” las masivas procesiones y disuadir a los fieles que viajaban para participar del entierro en uno de los sitios más sagrados del chiismo.

Puentes, energía y puertos: la infraestructura bajo fuego

Uno de los objetivos fue un puente ferroviario en la ciudad de Aqqala, en la provincia de Golestán, alcanzado por misiles de crucero, según los Guardias Revolucionarios iraníes, que afirmaron que no hubo víctimas. El puente forma parte de la línea Gorgan–Incheh Borun, utilizada para el transporte de pasajeros y cargas, y es clave en un corredor internacional que conecta Irán, Turkmenistán y Kazajistán, vital para el comercio con Asia Central.

Además de la red ferroviaria, se reportaron ataques sobre infraestructura eléctrica en Chabahar y Konarak, en el sudeste iraní, que dejaron fuera de servicio tres líneas de transmisión y cortaron el suministro en partes de la región. En la ciudad de Iranshahr se registró un bombardeo sobre el aeropuerto, señal de que Washington está dispuesto a golpear objetivos cada vez más profundos dentro del territorio iraní, más allá de la franja costera.

El comando central de Estados Unidos, Centcom, sostuvo que en la noche del miércoles sus fuerzas atacaron alrededor de 90 objetivos militares con el propósito de “degradar aún más la capacidad de Irán de atacar barcos comerciales y marineros civiles inocentes en el Estrecho de Ormuz”. Irán respondió con misiles y drones contra bases estadounidenses en Kuwait, Bahréin y Qatar, y calificó las acciones de Washington como una violación abierta del acuerdo de alto el fuego.

El Ministerio de Salud iraní informó que al menos 14 personas murieron y casi 80 resultaron heridas en las últimas dos jornadas de ataques estadounidenses. Mientras tanto, la empresa estatal de ferrocarriles aseguró que las brigadas de reparación ya estaban trabajando para restablecer los servicios, y cientos de pasajeros que viajaban desde Yazd fueron trasladados a buses para completar el trayecto.

El funeral de Khamenei y el nuevo poder de Mojtaba

En Mashhad, el jueves, multitudes pro-régimen esperaban la llegada del féretro de Khamenei para su entierro en uno de los recintos más venerados por el islam chiita. Aunque los presentes vestían de negro, la masa se veía roja desde el aire, por la cantidad de banderas religiosas rojas que portaban, símbolo de los reclamos de venganza contra Trump.

Buena parte de los asistentes pertenecen al núcleo duro del régimen, un segmento que se opone a cualquier negociación con Estados Unidos. “Si Estados Unidos golpeó nuestra infraestructura, la vamos a reconstruir”, dijo Fatemeh, una joven que esperaba bajo el sol, convencida de que la destrucción de la línea Teherán–Mashhad fue un intento de desviar la atención de las “multitudes de millones” que acompañaron las procesiones en Irán y en Irak. “Mirá la multitud. Esto muestra nuestra resiliencia y sacrificio”, remarcó.

Un empresario de Teherán señaló que la línea férrea funcionó como alternativa durante el reciente bloqueo estadounidense de los puertos iraníes, aunque reconoció su capacidad limitada: “Cuando el bloqueo estaba en marcha, la gente la usaba. Pero tiene una capacidad muy acotada. Cada tren desde Xi’an, en China, llevaba solo unos 3.800 toneladas”, explicó. Aun así, subrayó que el ataque tenía un peso “simbólico” y podía leerse como un “mensaje” político más que como un intento serio de cortar el comercio.

El funeral de Khamenei marca además un cambio de época: tras 37 años al frente de la República Islámica, su muerte en el primer día de la guerra con Estados Unidos e Israel deja el poder en manos de su hijo y sucesor, Mojtaba Khamenei, de quien se sabe poco y que aún no ha aparecido en público desde su nombramiento en marzo. Analistas en Teherán anticipan que, sin los credenciales revolucionarios ni la autoridad acumulada de su padre, Mojtaba dependerá más de instituciones como los Guardias Revolucionarios, redes religiosas y estructuras de patronazgo económico.

“El Estado llegó a un punto en el que ni siquiera Khamenei podía arreglar sus problemas, porque los desafíos internos y externos se volvieron demasiado complejos”, señaló un insider citado por la prensa. “Ahora, su hijo está mejor posicionado para abrir un nuevo capítulo… con el apoyo de instituciones poderosas”, agregó. El nuevo comandante de los Guardias, Ahmad Vahidi, ya se consolidó como pieza central, con influencia sobre seguridad, política exterior y segmentos clave de la economía.

Hormuz, la tregua y un mercado del petróleo al filo

En paralelo al funeral y los bombardeos, se juega otra batalla: la del Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial. El mes pasado, los presidentes de Estados Unidos e Irán firmaron un memorándum de entendimiento para extender la tregua por 60 días y preparar discusiones sobre el programa nuclear iraní. Bajo ese acuerdo, Washington se comprometía a levantar el bloqueo sobre puertos iraníes, mientras Teherán aceptaba reabrir Ormuz al tráfico comercial.

Fue Mojtaba quien autorizó al presidente Masoud Pezeshkian a firmar el documento, aunque se cuidó de marcar distancia: en un texto, dijo que se oponía al acuerdo “en principio”, pero lo dejaba avanzar porque había sido aprobado por el Consejo Supremo de Seguridad Nacional, órgano que reúne a los jefes militares y que preside el propio mandatario. También dejó claro que la responsabilidad de obtener los beneficios económicos —como el descongelamiento de activos iraníes en el exterior— recaía en el gobierno.ft

El delicado equilibrio duró poco. Irán atacó varios buques en el Estrecho de Ormuz el lunes y el martes, y aunque luego aceptó reabrir el paso, Estados Unidos comenzó a recomendar rutas cercanas a la costa de Omán, reduciendo la capacidad de Teherán para controlar el chokepoint. Tras los ataques a los barcos y la nueva oleada de bombardeos, Trump se mostró tajante en Ankara: calificó a las autoridades iraníes de “mentirosos” y “gente enferma”, y afirmó: “Creo que la tregua se terminó”, aunque aclaró que no buscaba volver a una guerra total y pronosticó que el episodio “va a terminar muy rápido”.

Inventarios al mínimo y precios en ascenso

La ruptura de la tregua llega en un momento particularmente delicado para el mercado del petróleo. Tras meses de conflicto en Ormuz, los inventarios globales se han vaciado. En Estados Unidos, los stocks comerciales de crudo se redujeron 52 millones de barriles en nueve o diez semanas, y el hub de almacenamiento de Cushing (Oklahoma) está cerca de su límite operativo: alrededor de 20–21 millones de barriles, nivel a partir del cual los operadores comienzan a tener “complicaciones” técnicas para seguir retirando crudo.

Las reservas de la Strategic Petroleum Reserve (SPR) estadounidense se ubican en su punto más bajo desde 1983, lo que reduce el margen de maniobra de Washington para responder a nuevas interrupciones de oferta o desastres naturales. En la costa del Golfo, el principal polo de refinación y exportación de combustibles de Estados Unidos, los inventarios de gasolina están 7,2 millones de barriles por debajo de lo habitual para esta época del año y muy por debajo del promedio de cinco años, mientras que los stocks de diésel se encuentran en sus niveles más bajos desde comienzos de los 2000.

Los precios ya reaccionan. Desde que Trump anunció los nuevos ataques sobre Irán, el barril de crudo estadounidense subió cerca de 5% hasta rondar los U$S 73,90, el máximo desde fines de junio; los futuros de gasolina escalaron 6,1% y el diésel se disparó más de 10%. El precio promedio nacional de un galón de nafta regular en Estados Unidos se ubicó en U$S 3,85, frente a U$S 2,98 al inicio del conflicto.

“El peor temor del mercado petrolero todavía podría concretarse más adelante este año, cuando lleguemos a los niveles mínimos operativos”, advirtió Andy Lipow, presidente de Lipow Oil Associates. “La única forma de equilibrar los precios es que suban lo suficiente para destruir demanda. Una vez que el estante se vacía, no hay a dónde recurrir”, agregó.

Analistas como Matt Smith, de Kpler, recuerdan que se han perdido unos 10 millones de barriles diarios de producción en Medio Oriente en los últimos cuatro meses, y que la relativa estabilidad del precio alrededor de U$S 70–75 se explica por una combinación de refinadoras que recortan actividad, cambios en flujos globales y un uso intensivo de inventarios. Pero la advertencia es clara: el colchón de stocks no es infinito.

Lo que se juega en el próximo tramo

Para la Casa Blanca, la decisión de atacar puentes, líneas eléctricas y aeropuertos mientras se entierra a Khamenei busca enviar un mensaje de presión máxima sobre el nuevo liderazgo iraní, sin cruzar —al menos por ahora— el umbral de una guerra total. Para Teherán, la lectura es otra: un intento de humillar al régimen en su momento de duelo y de erosionar su nuevo instrumento de poder, el control de Ormuz.

En ese escenario, el margen de negociación se achica. Figuras pragmáticas como Mohammad Bagher Ghalibaf y Masoud Pezeshkian apuestan a un acuerdo con Washington para aliviar sanciones y desbloquear activos; la base dura, que llenó las calles y gritó “Muerte a Estados Unidos” en el funeral de Khamenei, ve cualquier concesión como una traición a su sangre.

La pregunta para los próximos meses es doble: si Mojtaba Khamenei logrará sostener el equilibrio entre instituciones empoderadas, base radicalizada y una economía exhausta, y si la administración Trump estará dispuesta a asumir el costo político interno de una escalada que puede volver a empujar el petróleo por encima de los U$S 100 y poner a prueba, otra vez, la resiliencia de la economía estadounidense y global.

Fuentes: OilPrice.com, WSJ, Financial Times, Politico.com

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