La medicina es parte del día a día de Sebastián Joffre, desde su niñez hasta la actualidad. Su padre era médico de una organización no gubernamental y tenía un consultorio en casa, en su natal Montevideo, en Uruguay. Allí, un Sebastián niño veía en primera fila lo que significa atender y tratar a las personas con alguna dolencia.
Pero al crecer eligió otro camino. En la adolescencia trabajaba durante el verano: pasó por una librería, luego por un negocio de pintura y una inmobiliaria. “Esos pequeños trabajos cuando tenía entre 14 y 16 años me permitieron desarrollar algunas competencias y habilidades como escuchar a las personas, ser empático y entender a los compañeros de trabajo”, cuenta en una entrevista con Forbes Ecuador. “En esos empleos temporales desarrollé lo que hoy se conoce como habilidades blandas y fueron una semilla que determinaron mis ganas de trabajar”.
Joffre no recuerda cuánto recibió por su primer salario en sus trabajos de verano, pero sí tiene claro en qué lo utilizó. “Compré ropa; como adolescente me gustaba estar a la moda”. Eran los años ochenta y este uruguayo nacido en 1972 tenía claro que debía esforzarse. Con padres divorciados, estudiaba y trabajaba al mismo tiempo, lo que para él fue “un desafío doble y un mérito doble”. Asegura que esa experiencia le permitió forjar el carácter, entender la importancia de la perseverancia, y valorar los logros académicos y profesionales.
Su primer trabajo oficial lo llevó de regreso al mundo de la medicina, específicamente al sector farmacéutico. Vivía en Bolivia, donde su papá ejercía como médico, y se convirtió en visitador médico de los Laboratorios Recalcine, cuya matriz está en Chile. Tenía 19 años. “Allí estuve por un año y medio, fue hermoso y desafiante, una primera apuesta en mis capacidades”, cuenta este ingeniero comercial graduado en la Universidad NUR, en Bolivia.
En esa empresa Joffre mostró su capacidad. Las habilidades que desarrolló años atrás se convirtieron en herramientas valiosas. Además, supo lo importante que es generar confianza en las demás personas. A los 22 ya supervisaba un equipo de visitadores médicos. “Esa responsabilidad fue el desafío más importante de mi carrera, era joven y todos eran mayores a mí. Para que eso no fuera un problema, hablé con el equipo, acordamos condiciones claras y trabajamos de la mano”.
A los 25 años Joffre ya sumaba seis de experiencia en el mundo farmacéutico. Dos años en Recalcine fueron suficientes para que otro laboratorio, Bagó, se fijará en las destrezas que Joffre ya mostraba en el área comercial. Esta empresa de origen argentino lo contrató en 1995: ejerció una jefatura y luego ascendió a gerente comercial. Estuvo en Bolivia hasta 2004, año en el que fue promovido a Ecuador, a donde llegó para también hacerse cargo de la Gerencia Comercial de Bagó en el mercado ecuatoriano.
¿Alguna vez pensó en estudiar Medicina? Joffre responde sin dudar: “No, me gustaba siempre el mundo empresarial, pero de alguna manera había un punto de conexión importante con la medicina y me gustaba, pero no para ser médico. Por eso combiné lo empresarial con el mundo científico”.
Llegó a Ecuador con una tarea: encauzar algunos aspectos comerciales. Su horizonte de trabajo era de unos dos o tres años. “Pensé que sería un buen tiempo”. Pero en 2006 Bagó le ofreció la Gerencia General. Joffre tenía 33 años y supo que nuevamente confiaban en su capacidad, a pesar de su juventud. En ese momento recordó sus primeros retos laborales. “El hecho de asumir retos cuando era muy joven me sirvió. Trabajar desde adolescente me dio cierto grado de madurez, sabía lo que era ganar dinero, lo que significaba desarrollar una relación con el cliente, con otros compañeros”.
En este punto de la entrevista, el gerente general de Bagó hace hincapié en un factor que considera vital: la confianza. “En todos los momentos hubo alguien que confió en mí. Para los jóvenes, para los líderes que se están formando o asumiendo una nueva función, la confianza es un factor fundamental. La trato de devolver hacia las personas que trabajan conmigo, confiando en ellos. Eso no quiere decir que no me hayan exigido, siempre me han puesto la vara alta, y yo también, pero siempre partiendo de la base de la confianza”.
También recuerda que, cuando asumió la Gerencia de Bagó, pensó que ya tenía el rodaje suficiente. “Ahora lo veo en perspectiva y digo no, era muy joven”. ¿Cometió errores? “Muchos, por haberme apresurado o por haberme deslumbrado con ciertas situaciones que de pronto me faltó analizar mejor, más profundamente”. Luego añade que con las canas se analiza con un poco más de sabiduría. Los errores, en definitiva, no son malos, “son parte del proceso”.
Otro factor decisivo fue la capacitación permanente. Tiene estudios de posgrado en ADEN University Campus Panamá, la Universidad Internacional de Catalunya y la Universidad Francisco de Vitoria, en Madrid. La dirección de empresas y el management son dos áreas en las que Joffre siempre profundiza.
El deporte y un hito comercial
La jornada del CEO de Laboratorios Bagó es intensa y empieza siempre con deporte. Joffre se levanta temprano para correr, hacer bicicleta o a veces nadar. “En algún momento competía en triatlón, en los ironman. Para mí practicar deporte y meditar es muy importante”.
Aplica esa filosofía en la organización. Cuenta, por ejemplo, que en ocasiones el equipo realiza pequeños ejercicios de respiración y meditación para marcar una pausa y recargar energía.
La jornada avanza con reuniones con los gerentes, algunas son presenciales y otras, virtuales. A veces se reúne con personas de fuera de las oficinas. En la agenda también están almuerzos de trabajo. “Son jornadas intensas, pero con mucho dinamismo”.
Una de las inquietudes de su día a día es el entorno económico del país. “Es desafiante, a veces incierto o ambiguo. Esas variables son un reto. Sin embargo, en un momento dado decimos: ‘Bueno, listo, con esto hay que convivir’. Ecuador es un país siempre desafiante”, dice este ejecutivo que disfruta del fútbol en sus tiempos libres.
Al hablar del actual momento de Laboratorios Bagó, no esconde su satisfacción. Indica que la firma cuenta con cerca de 430 colaboradores. “Es una estructura buena, grande para solamente dedicarnos a lo comercial y a lo administrativo”. Comenta también que en 2025 la empresa alcanzó un hito importante:. “Superamos la barrera de los US$ 100 millones en ingresos”.
Destaca la buena imagen y reputación de Bagó en el Ecuador. “Tenemos muy buenos índices sociales, de gobernanza y ambientales. Existe una muy buena percepción en cuanto a temas de sostenibilidad. Somos el laboratorio número uno en prescripciones, lo que quiere decir que existe confianza de parte del cuerpo médico”.
Al hablar de cómo empezó el 2026, mantiene el optimismo, pero aclara: “No nos quedamos con lo que pasó en el 2025, no vivimos de las glorias pasadas, pensamos seguir aportando valor a al país”. (I)