Javier Milei habló ante la Asamblea General de las Naciones Unidas y convirtió su discurso en una vidriera para exponer el rumbo económico que busca imprimirle a la Argentina y los activos con los que pretende reposicionar al país en el escenario internacional. Desde el estrado de la ONU, el Presidente llamó a invertir en Vaca Muerta, presentó a la energía, los minerales críticos y el talento humano como ventajas estratégicas y planteó que la Argentina quiere ubicarse entre los destinos más competitivos para el desarrollo de inteligencia artificial.
El hilo conductor fue una definición que atravesó toda su exposición: dejar atrás décadas de "decadencia", aislamiento e irrelevancia y transformar esos recursos en crecimiento e inversión.
"Durante demasiado tiempo, la Argentina administró su decadencia. Administramos la pobreza, administramos el aislamiento, administramos la irrelevancia", sostuvo Milei. Y enseguida explicitó la receta económica elegida por su administración: "Por eso abrazamos el capitalismo de libre empresa. Estamos abriendo nuestra economía, el comercio y la inversión".
Vaca Muerta: "Vengan, inviertan, desarróllenla"
Uno de los mensajes más explícitos para los inversores estuvo dirigido al sector energético. Milei convirtió a Vaca Muerta en una pieza central de la oferta que la Argentina busca presentar al mundo y utilizó una convocatoria sin demasiados rodeos: "Vaca Muerta es una oportunidad histórica con potencial para ser una de las grandes protagonistas energéticas de las próximas décadas. Vengan, inviertan, desarróllenla, háganlo con nosotros".
Sin embargo, el llamado a desarrollar Vaca Muerta llegó inmediatamente acompañado por una advertencia relacionada con Malvinas. "Esta invitación tiene un límite", dijo Milei. "No seremos indiferentes frente a quienes exploten recursos bajo ocupación externa e ilegal", y remarcó: "Malvinas es para nosotros una causa nacional. Repito, Malvinas es para nosotros una causa nacional".
El Presidente presentó el conflicto también como un caso concreto para cuestionar la efectividad de las instituciones multilaterales y la capacidad de Naciones Unidas para convertir sus resoluciones en hechos. En particular, mencionó el proyecto Sea Lion y afirmó que avanza hacia la extracción de petróleo en la cuenca Malvina Norte mediante licencias británicas que la Argentina rechaza "por ilegales e ilegítimas".
Milei sostuvo que cualquier actuación no autorizada por la República Argentina constituye un acto ilícito, tanto según el derecho internacional como el derecho interno argentino. Fue entonces cuando lanzó una de las preguntas retóricas más fuertes de su intervención: "¿De qué sirve una resolución si durante décadas la contraparte puede actuar en sentido contrario y esa resolución queda intacta en los archivos pero impotente frente a la realidad?. No faltan palabras ni resoluciones. Lo que falta es que tengan consecuencias".
Según enumeró Milei, frente a lo que el Gobierno considera una explotación no autorizada de recursos en el área en disputa, la Argentina presentó notas de desaliento, acudió a herramientas jurídicas, sancionó a compañías involucradas y a sus proveedores y envió al Congreso una ley de defensa de la soberanía nacional.

"Durante demasiado tiempo, los gobiernos argentinos optaron por una defensa discursiva; nosotros elegimos una defensa pacífica, práctica y efectiva". Paralelamente, el mandatario llamó al Reino Unido a retomar negociaciones para alcanzar una solución pacífica a la disputa de soberanía.
Inteligencia artificial: beneficios fiscales y una apuesta por la productividad
La inteligencia artificial también fue protagonista. Milei volvió a recurrir a una de sus referencias económicas habituales, Adam Smith, para argumentar que la IA debe observarse principalmente como un salto de productividad y no como una amenaza que justifique regulaciones preventivas.
"La inteligencia artificial será la fábrica de alfileres del siglo XXI y mucho más", afirmó. Según el mandatario, esta tecnología puede "multiplicar nuestra productividad en órdenes de magnitud que todavía no comprendemos" y transformar "nuestras economías, nuestra medicina, nuestra educación e incluso nuestra forma de gobernar".
Su razonamiento partió de un paralelismo histórico. Milei sostuvo que las grandes revoluciones tecnológicas —desde la imprenta y la máquina de vapor hasta la electricidad e internet— estuvieron acompañadas por temores vinculados con la destrucción del empleo. Para cuestionar esas advertencias, recurrió al ejemplo de la Revolución Industrial y sostuvo que el avance tecnológico terminó ampliando las posibilidades productivas de las sociedades.

El Presidente trasladó luego esa discusión al terreno macroeconómico. Afirmó que la IA funciona, de manera análoga a la división del trabajo de Smith, como "un acelerador para el crecimiento de la productividad". También planteó que la expansión económica encontraría como contrapartida una "demanda genuina", sin que fueran necesarios, según sus palabras, "déficits fiscales ni emisiones espurias de dinero".
También le habló a inversores y empresas. "Queremos ser el lugar más competitivo del mundo para desarrollar la IA", aseguró Milei. Y enumeró tres componentes para ese esquema: "El compromiso de no regular de manera preventiva, responsabilidad limitada para las empresas que operen con agentes de IA y beneficios fiscales".
En oposición a una regulación anticipatoria, Milei advirtió sobre la posibilidad de que el temor al avance tecnológico derive en una ampliación de las facultades estatales. "Concederle el control sobre la innovación es conceder a algunos la facultad de limitar lo que los demás pueden crear", dijo. Y sintetizó su postura en cuatro contraposiciones: "Ante la incertidumbre, proponemos determinación. Ante el miedo, coraje. Ante la decadencia, ambición. Y ante la resignación, proponemos optimismo".
Estados Unidos, Israel y la elección por Occidente
El programa económico que Milei expuso ante la ONU se apoyó también en su agenda de política internacional. El Presidente habló de una Argentina más abierta al comercio y la inversión, con mayor capacidad energética y tecnológica, pero también alineada de manera explícita con las potencias y los países de Occidente.
"Nos alineamos sin ambigüedades con Occidente", afirmó Milei. Identificó en particular a Estados Unidos e Israel como países con los que la Argentina comparte, según sus palabras, una "profunda afinidad de valores" y una "complementariedad estratégica".

En ese mismo tramo repudió los ataques del régimen iraní contra Israel, afirmó que su Gobierno declaró organización terrorista a la Guardia Revolucionaria Iraní y vinculó esa política con la búsqueda de justicia por los atentados ocurridos en territorio argentino en 1992 y 1994.
De los recursos al "poder nacional"
El cierre terminó de unir las distintas piezas del discurso. Para Milei, la Argentina dispone de energía, alimentos, minerales críticos y talento humano, pero el desafío consiste en transformar esos activos en capacidad económica y política.
"Tenemos algo que durante demasiado tiempo nos faltó: la voluntad de transformar nuestras posibilidades en poder nacional", señaló. "Queremos una Argentina próspera, influyente y poderosa. No para someter a otras, sino para ser libres; no para conquistar a otros, sino para que nuestro destino sea decidido por los argentinos".
De esta forma, Milei ratificó el rumbo de su agenda. Con un mensaje hacia el ámbito local, volvió a hacer énfasis en la libre empresa, la apertura comercial, la inversión y una menor intervención estatal. Hacia afuera, buscó presentar a la Argentina como una plataforma para capitalizar tres grandes activos: energía, recursos estratégicos y tecnología.
En palabras del propio Presidente, la invitación final fue contundente: "Miren al sur".