Las acciones de Nike cayeron cerca de un 78% desde su máximo de 2021 y ahora la compañía quedará afuera del S&P 100, uno de los índices que reúne a las principales empresas de Estados Unidos. La salida, que llega como parte de un reajuste del índice después de años de deterioro bursátil y pérdida de terreno frente a sus competidores, suma otro golpe simbólico para una de las marcas de consumo más reconocidas del mercado.
De todas formas, Nike seguirá en el S&P 500, por lo que no exageraría la importancia práctica del cambio. Sin embargo, después de todo lo que le ocurrió a la empresa en los últimos años, es difícil ignorar el momento. La mayoría de los inversores verá otra noticia decepcionante. Yo empiezo a preguntarme cuántas malas noticias esperan todavía de acá en adelante.
Escribí dos veces sobre Nike en los últimos meses porque el argumento de inversión cambió con rapidez. En julio, en el artículo "La recuperación de las acciones de Nike podría ser real. La valuación aún tiene que funcionar", consideré que Elliott Hill comenzaba a corregir algunos de los errores que perjudicaron al negocio.
Nike reparaba las relaciones con los mayoristas, volvía a poner al deporte en el centro de su estrategia, ajustaba la distribución e intentaba recuperar el ritmo de lanzamiento de nuevos productos. Ya se percibían las primeras señales de un posible cambio de rumbo, aunque las acciones todavía exigían una recuperación demasiado rápida para justificar su precio.
Para agosto, cuando escribí "Las acciones de Nike alcanzan su nivel más bajo en 12 años y deben demostrar que su ventaja competitiva sigue intacta", el argumento ya era otro. Las acciones estaban más baratas, pero la propia empresa parecía menos sólida.
La participación de mercado en calzado cayó, China siguió débil y Hoka y On ganaron terreno hasta convertirse en competidores de peso. Al mismo tiempo, algunas ventajas que los inversores consideraban permanentes empezaron a mostrar signos de desgaste. La pregunta ya no era solamente si las acciones de Nike estaban baratas, sino si la caída de su precio reflejaba lo suficiente el deterioro de su posición frente a la competencia.
La salida del S&P 100 suma otro elemento al debate. La cuestión ya no pasa tanto por las zapatillas ni por los resultados trimestrales, sino por quiénes tienen las acciones, qué espera el mercado y qué ocurre con una empresa que alguna vez estuvo entre sus favoritas, tras varios años de decepciones.
Las acciones de Nike perdieron más que el valor de mercado
Los comités que deciden la composición de los índices suelen detectar tarde los problemas de una empresa. Nike no se debilitó porque S&P decidió sacarla del S&P 100. Los clientes reaccionaron primero y los competidores ganaron terreno. Nike dependió demasiado de líneas de productos conocidas, apostó en exceso por la venta directa al consumidor y deterioró algunos vínculos con mayoristas que después tuvo que recomponer. El mercado chino se volvió más difícil y la demanda de productos vendidos a precio completo cayó en algunos mercados.
Con el tiempo, los números reflejaron lo que ya ocurría en el negocio. El cambio de índice llega después de ese proceso, no antes, por lo que lo interpreto más como una confirmación que como un descubrimiento.
También es interesante observar qué empresas ingresan al índice. Dell Technologies, Palo Alto Networks, Arista Networks y Sandisk reemplazan a Nike, Colgate-Palmolive, Simon Property Group y Honeywell Aerospace. Un solo reajuste no explica por sí solo lo que ocurre en el mercado, pero la tendencia resulta difícil de ignorar. Los servidores, la ciberseguridad, las redes y la infraestructura de datos ganan espacio en un índice que reúne a compañías líderes. Al mismo tiempo, quedan afuera una marca emblemática de consumo, una empresa dueña de centros comerciales y compañías tradicionales de los sectores industrial y de consumo.
Nike representó, en otra época, casi todo lo que los inversores buscaban en una empresa de consumo. Tenía presencia global, relevancia cultural, una amplia red de distribución, capacidad para fijar precios y una marca que parecía prácticamente imbatible. Ahora, el mercado concentra buena parte de ese entusiasmo en compañías vinculadas a la infraestructura de inteligencia artificial y a la expansión de los negocios digitales. A Nike, en cambio, se le exige que vuelva a demostrar cuánto valoran sus productos los clientes. La pregunta que más me interesa es qué efecto tuvieron esos años de revisión sobre quienes poseen acciones de la empresa.
Las acciones de Nike ahora tienen otro tipo de accionista
En The Edge dedicamos mucho tiempo a analizar quiénes poseen las acciones, porque la composición de la base de accionistas puede resultar casi tan importante como los fundamentos de una empresa. Las escisiones, es decir, la separación de una parte del negocio para crear una empresa independiente, son un claro ejemplo. Una excelente compañía puede tener un mal desempeño en bolsa porque los inversores que poseen sus acciones nunca quisieron tenerlas. Los recortes de dividendos, por su parte, pueden expulsar a los accionistas que buscan ingresos.
Una estrategia de crecimiento que fracasa también puede alejar a los administradores de fondos mucho antes de que los inversores orientados al valor consideren que llegó el momento de entrar. Los cambios en los índices provocan otra versión del mismo proceso.
Las acciones de Nike, a US$ 180, estaban en manos de inversores con razones muy distintas de quienes hoy las tienen a US$ 38. El inversor que compró cerca del máximo pagaba por una empresa global dominante y con un crecimiento extraordinario. Nike mostraba un avance confiable, una enorme fortaleza de marca, expansión internacional y la expectativa de que su elevada rentabilidad sobre el capital se mantuviera durante años.
Sin embargo, cada decepción puso en duda esas suposiciones. Los inversores orientados al crecimiento encontraron menos motivos para quedarse cuando el negocio perdió ritmo, mientras que quienes apostaban al impulso de la cotización se retiraron cuando la acción dejó de subir.
Los inversores que priorizaban la calidad también tuvieron que reconsiderar si la ventaja competitiva era realmente tan sólida como creían. Quien compra las acciones ahora no necesita creer en esa misma historia. Eso importa porque una acción muy castigada se vuelve más interesante cuando el próximo comprador ya no exige que todo salga a la perfección. Nike tampoco necesita recuperar, de un día para otro, las condiciones económicas que tenía en 2021. Si las expectativas cayeron lo suficiente, tal vez la empresa solo necesite mostrar una mejora moderada frente a lo que hoy representa el mercado.
No le daría demasiada importancia a las ventas forzadas vinculadas a la salida de Nike del S&P 100, porque la compañía todavía forma parte del S&P 500. El cambio en el perfil de sus accionistas se produjo de manera gradual a lo largo de los años. La caída del precio modificó tanto las razones para mantener las acciones como el tipo de inversor dispuesto a comprarlas. Lo que antes era una inversión de crecimiento con una valuación elevada pasó primero a ser una apuesta por la recuperación y, después, una trampa de valor, es decir, una acción que parece barata pero continúa deteriorando sus fundamentos. Ahora se acerca más a una apuesta contraria al consenso del mercado.
Existe una distancia considerable e incómoda entre el momento en que una acción con gran potencial deja de resultar atractiva para los inversores de crecimiento y aquel en que su precio empieza a despertar el interés de otro tipo de comprador. Nike parece estar en algún punto de ese recorrido.
La recuperación de las acciones de Nike todavía tiene que llegar al cliente
Nada de esto resuelve el problema del negocio. Una caída del 78% no crea una mejor zapatilla para correr, y quedar fuera de un índice no recupera la participación de mercado en China ni convence a alguien que debe elegir entre Nike, Hoka, On y Adidas a optar por el Swoosh, el característico logo de Nike.
Hill todavía tiene mucho que demostrar, aunque creo que la dirección de la empresa ya comenzó a corregir varios de los errores que contribuyeron al problema. Nike recompone las relaciones con los mayoristas, intenta recuperar el control de las ventas a precio completo y muestra una mayor disciplina en el inventario en algunas áreas del negocio. Algunos productos nuevos también empiezan a rendir mejor.
El Vomero 18, por ejemplo, generó más de US$ 100 millones en ventas en sus primeros tres meses. Me interesan estas señales porque un cambio real deberá reflejarse en la demanda de los clientes a través de los distintos canales de venta, no en las presentaciones de la empresa sobre su estrategia de distribución.
China sigue entre los mercados más importantes. Nike puede liquidar inventario, ajustar la distribución y acercar las decisiones sobre productos a las preferencias locales, pero nada de eso sirve demasiado si los consumidores chinos no deciden volver a comprar sus zapatillas.
El reconocimiento de marca nunca fue un problema para Nike. Lo que importa ahora es la preferencia de los consumidores. Ese era precisamente el eje de mi artículo de agosto sobre la ventaja competitiva de Nike. La gente conoce la marca. La pregunta es si la elige con la frecuencia suficiente, a precios lo bastante altos y frente a competidores cada vez más fuertes como para sostener la rentabilidad que los inversores asociaron históricamente con la compañía.
La cuestión de la valuación que planteé en julio también cambió. Me gustaban algunos aspectos de la recuperación, pero quería un precio más bajo. En agosto, la cotización resultaba más atractiva, aunque su posición frente a la competencia me preocupaba más. Hoy me interesa cada vez más una tercera variable: las expectativas.
Las acciones de Nike podrían entrar en una etapa de inversión diferente
Uno de los temas que analicé en Price Catalysts es la diferencia entre algo que simplemente está barato y algo que cuenta con un catalizador. Las acciones baratas pueden permanecer así durante años si nada cambia.
Es poco probable que Nike encuentre un catalizador drástico. Si la recuperación llega, probablemente lo haga a través de una serie de acontecimientos menores que, de a poco, obliguen a los inversores a revisar sus expectativas. El inventario mejora. Las ventas a precio completo se estabilizan. Algunos productos ganan terreno. El mercado chino deja de deteriorarse. La participación de mercado se estabiliza y los márgenes empiezan a recuperarse. Ninguno de esos factores requiere que Nike regrese a su situación anterior. Solo deben lograr que la realidad resulte menos decepcionante que las expectativas que hoy sustentan el precio de las acciones. Eso representa un obstáculo mucho menor que el que Nike enfrentó cuando cotizaba en torno a US$ 180.
A veces, a los inversores les cuesta distinguir entre una empresa y sus acciones. Puedo sentirme decepcionado por lo ocurrido con un negocio y, al mismo tiempo, interesarme más en sus acciones. El precio influye en una inversión, al igual que las expectativas. Puede que la empresa todavía tenga mucho trabajo por delante, pero al inversor que paga US$ 38 se le pide que apueste por un futuro muy distinto al que imaginaba quien pagó casi cinco veces más.
La salida del S&P 100 resulta útil, en parte, porque muestra hasta dónde llegó el pesimismo del mercado. Nike pasó de ser una empresa de la que los inversores esperaban un crecimiento casi indefinido a quedar fuera de un índice integrado por algunas de las principales compañías estadounidenses.
Es una situación incómoda para la empresa, pero también importa para la inversión. En algún momento, tener una acción se vuelve tan poco atractivo que quienes la mantienen suelen hacerlo por motivos muy específicos. Vi ese patrón muchas veces en situaciones especiales de inversión, en las que un hecho particular puede alterar la valuación de una empresa. Los fundamentos del negocio no siempre se recuperan primero. A veces, antes cambia la composición de los accionistas. La oportunidad surge porque los inversores que exigían resultados prácticamente perfectos ya se fueron.
Lo que quiero ver ahora en las acciones de Nike
Todavía necesito pruebas antes de adoptar una postura más decidida. Quiero lanzamientos de productos que generen demanda más allá del impulso inicial de las campañas de marketing. Quiero que los mayoristas pidan más productos de Nike porque los clientes agotan el inventario, no solo porque la empresa mejoró su relación con los comercios. También quiero que China se estabilice mediante una recuperación real en las preferencias de los consumidores y no por comparaciones interanuales favorables frente a períodos anteriores muy débiles. Sobre todo, quiero pruebas de que la participación de mercado en calzado dejó de caer.
También quiero plantear una pregunta que no destaqué en julio: ¿quiénes tienen hoy las acciones de Nike y quiénes todavía tienen motivos para venderlas? Después de más de 30 años de trabajo en situaciones especiales de inversión, aprendí que algunas de las oportunidades más atractivas surgen antes de que los fundamentos del negocio parezcan estables. La situación puede cambiar porque la composición de los accionistas y las expectativas ya sufrieron un fuerte reajuste. Los inversores que exigían una historia impecable se retiran y otro grupo acepta invertir en una empresa imperfecta porque el precio ya no presupone que todo saldrá perfecto.
Nike atravesó casi todas las etapas de ese proceso. Pasó de ser una empresa asociada a un crecimiento extraordinario a convertirse en una apuesta por la recuperación y, después, en algo que muchos inversores consideraron una trampa de valor. Sus acciones tocaron su nivel más bajo en 12 años y ahora la compañía pierde su lugar en el S&P 100. Cada etapa redujo un poco más el optimismo en torno a la acción.
No estoy dispuesto a afirmar que la empresa tocó fondo simplemente porque un comité decidió excluirla de un índice, y una caída del 78% no impide que la acción vuelva a caer. Sin embargo, sus acciones resultan más interesantes porque el precio, las expectativas y la composición de los accionistas ya cambiaron. En julio me preguntaba si la valuación era correcta. En agosto, si la ventaja competitiva seguía intacta. Después de la salida del S&P 100, la pregunta que más me inquieta es cuántas malas noticias faltan todavía y cuánto de ese escenario negativo ya está reflejado en el precio de las acciones.
*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.