En la Unidad Educativa San Francisco de Quito, a dos cuadras del centro comercial Quicentro Shopping, existe un espacio donde las palabras cobran vida y los libros son testigos de cómo el juego y la literatura coexisten. En ese colegio inició uno de los proyectos con los que DK Management Services redefinió su estrategia de relacionamiento con la comunidad.
La empresa creó un plan para “cambiar los regalos fastuosos” que se ofrecían en sus centros comerciales, en Navidad. En su lugar se enfocaron en la comunidad. Cristina Moshenek, gerente de Asuntos Corporativos de DK Management Services lidera este proyecto.
“Este cambio de estrategia nace hace tres años, cuando en la compañía nos sentamos a analizar cómo manejábamos nuestros proyectos de Navidad y miramos la oportunidad que teníamos justamente de dejar a un lado este regalo grande”, asegura.
Esa reunión fue controversial para el directorio. Se generó debate sobre si dejar o no los sorteos de autos, algo en lo que fueron pioneros en el país. La decisión fue analizada y meditada. Finalmente se apostó por la comunidad.
El proyecto nace con la intervención de parques en Manta, Latacunga, Quito y Guayaquil. Se recuperaron espacios y se entregaron a la ciudadanía sitios de juego seguro para los niños.
La experiencia fue grata. En Guayaquil se readecuó un parque en Mapasingue y meses después llegaron los resultados: los vecinos del sector se apropiaron del espacio y le dieron mantenimiento.
La misma acción se repitió en Manta y Latacunga. En el sur de Quito se construyó el primer parque vial de la ciudad. Pero DK Management Services quiso llevar el proyecto a otro nivel. El foco estuvo en la educación como motor de desarrollo en las comunidades cercanas a sus centros comerciales.
“En Ecuador, la educación es un espacio donde todos tenemos que participar. Está bien trabajar en el espacio público, pero este país necesita mejor educación y que todos nos involucremos”.
Con esa visión nace el Laboratorio de Letras, un proyecto enfocado a reacomodar espacios de colegios fiscales y crear un entorno adaptado para fomentar la lectura en niños y jóvenes.
La empresa destinó US$ 500.000 en la adecuación de estos espacios. Visitó entre tres y cinco unidades educativas por cada uno de sus centros comerciales y eligieron a cinco: tres de Quito, una de Guayaquil y una quinta de Latacunga.
Estas fueron: Unidad Educativa Fiscal San Francisco de Quito, Unidad Educativa Carlos Larco Hidalgo, Unidad Educativa Club Árabe Ecuatoriano, Escuela de Educación Básica José Antonio Gallegos y la Unidad Educativa Jorge Icaza.
Durante la inspección se encontraron espacios improvisados que eran destinados para la lectura y aulas abandonadas que funcionaban como bibliotecas. “En Guayaquil, en la Escuela de Educación Básica José Antonio Gallegos, nos topamos con una dura realidad. Tenían un rincón de lectura en un closet de escobas”, recuerda Cristina.
Al equipo de Laboratorio de Letras le impactó la precariedad en la que esa escuela fomentaba la lectura, pero también las ganas de sus profesores de incentivar ese encuentro con los libros.

Además, las estadísticas que recibieron durante su investigación fueron determinantes. “Detectamos que los ecuatorianos leen un libro al año. Y esto, porque en los colegios les obligan o porque lo tienen que hacer por sus trabajos. Ese dato fue alarmante”, recuerda Cristina.
Además, se supo que “los niños tienen la necesidad de leer”, pero no tienen libros. Para suplir esta carencia, DK Management Services hizo alianzas estratégicas con la empresa privada, autoridades locales y el sector público.
El Ministerio de Educación se transformó en un actor clave para la ejecución del proyecto. Ayudó a mapear las instituciones educativas que visitaron y donde finalmente se ejecutaron los proyectos. También entregó una lista de títulos de libros sugeridos, según las edades a las que va dirigido el proyecto y el pensum académico.
La artista ecuatoriana Carolina Vallejo le dio color a cada Laboratorio de Letras instalado, a través de sus murales. Una actividad que se realizó durante las horas de clases y los niños fueron testigos.
Con apoyo de la empresa privada se entregaron entre 5.000 y 10.000 libros a cada escuela intervenida. María Fernanda Riofrío, especialista en educación, fue parte del desarrollo. “Ella fue clave en el desarrollo del proyecto. Nos ayudó a diseñar los espacios con criterio y funcionalidad. Cada mobiliario tiene un sentido, que hace de estas bibliotecas un espacio vivo”, afirma Cristina.
Hoy el Laboratorio de Letras permite a los niños ser protagonistas de cada historia que encuentran en las estanterías que se instalaron. Ellos pueden tomar los libros con toda facilidad, ya que fue pensado como un laboratorio.
Los colores y la iluminación vuelven a este laboratorio en un espacio acogedor. En la escuela San Francisco de Quito, en su biblioteca, hay dos ambientes. Se puede acceder desde la sección básica y la inicial.
Las paredes están decoradas con afiches ilustrados con frases motivadoras. Se pueden leer: “Si lees, eres invencible” y “Tendría que estar loco para no leer un poco”.
Los muebles están diseñados de manera que los niños pueden acceder directamente a los libros, sin necesidad de un adulto. Son muebles que sirven como banca para sentarse y al mismo tiempo como escalera para alcanzarlos.
En algunos colegios, las adecuaciones fueron más profundas. En Latacunga, en la Unidad Educativa Jorge Icaza, se repararon baños del área de educación inicial, ya que se encontraban en mal estado. En Quito, se recuperaron dos aulas que estaban infestadas de ratones.
También se colocaron pantallas y un proyector para videos educativos. En uno de los costados, hay un teatrino para shows de títeres para los más pequeños. Las estanterías ya están llenas de libros. Algunos son los que ya tenía la escuela en su vieja biblioteca.
DK Management Services estima que los Laboratorios de Letras benefician a más de 7.420 estudiantes y a más de 21.900 personas, entre docentes, familias y comunidades.
“Si se logra que los niños de educación inicial se conecten con la lectura y lean por placer, se habrán creado adultos lectores, lo que cambiará la dinámica de la educación. Los lectores son personas informadas que toman mejores decisiones, investigan, leen y se educan”, reafirma Cristina.
La Unidad Educativa San Francisco de Quito fue el punto de partida de este proyecto, que aporta en la educación del país y transformar vidas. (I)