Forbes Ecuador
Paola Arias, arquitecta y diseñadora en la firma IDG de Islas Caimán
Fotos: Cortesía
9 Julio de 2026 06.00

David Paredes Periodista

Una arquitecta del lujo en Islas Caimán

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La ecuatoriana Paola Arias es diseñadora y arquitecta en Interior Design Group, una firma especializada en diseño de interiores en propiedades de lujo. Manejan proyectos que van desde US$ 240.000 hasta US$ 2,5 millones.

Paola Arias descubrió desde niña que su vocación estaba ligada a la creatividad. Pasaba las horas armando maquinarias, casas y edificios con legos y bloques de madera. Sin saberlo, construía el camino hacia sus sueños. Hoy es arquitecta y diseñadora de interiores en Interior Design Group, una prestigiosa firma en Islas Caimán que maneja proyectos de lujo de entre US$ 240.000 y US$ 2,5 millones en decoración y readecuación de espacios.

Esta quiteña soñaba con ser arquitecta desde que tiene memoria. A los seis años ya dibujaba bocetos de la casa de sus sueños y construía unas de juguete para su primer cliente: Daniela Arias, su hermana menor y compañera de juegos.

“Desde niña, siempre que me preguntaban qué quería ser de grande, decía que sería arquitecta. Mi familia siempre me apoyó, aunque no estaban seguros de si yo tenía claro en qué consistía esta profesión”, asegura.

Arias siempre fue una mujer decidida. Su paso por el colegio Blas Pascal reafirmó su anhelo de vivir entre planos, escuadras y diseños. En 2011 se graduó de arquitecta en la Universidad Tecnológica Equinoccial (UTE).

Al año siguiente viajó a China, donde se especializó en diseño de ciudades inteligentes y comportamiento humano. En ese país descubrió que crear con sencillez era un lujo. Encontró una forma de interpretar los espacios y cómo la cultura puede combinarse con tradición, tecnología e identidad. “Mi mamá me decía que yo siempre caminaba mirando para arriba, porque todas las fotografías que le compartía eran de techos, edificios y rascacielos”.

Su paso por el Gigante de Asia le sirvió también para desarrollar habilidades y descubrirse como adulta. Vivió sola y lejos de casa por primera vez y asumió responsabilidades.

Sus primeras obras

Sus primeros pasos en arquitectura fueron con Wright Soto & Asociados, una compañía que diseña y construye proyectos para el sector de retail y que pertenece a Corporación Favorita.

Allí trabajó aproximadamente tres años y medio, periodo en el cual desarrolló cerca de 70 diseños para la cadena Supermaxi y centros comerciales. También formó parte del comité de expansión y llevó la bitácora de los proyectos.

“Fui parte de la remodelación de Sukasa de Mall El Jardín. También apoyé en algunas readecuaciones del Megamaxi y desarrollamos proyectos en Panamá, cuando la compañía se expandió”.

Cuando pasa por alguno de los supermercados en los que colaboró siente nostalgia, pero sobre todo orgullo. “Veo esas obras y siento que dejé un pedacito de mí”.

Después de tres años, Arias decidió dejar la empresa e irse a Panamá a estudiar un diplomado. Lo que iba a ser un periodo corto, terminó siendo una estancia de cinco años, en los que hizo contactos que le abrieron las puertas al mundo de la arquitectura de lujo.

Trabajó en Melillo Group, una promotora de viviendas de alto nivel de origen italiano. Ahí se desempeñó como Project Manager. Ella tenía contacto directo con los clientes, con quienes se reunía para entender sus gustos y requerimientos. También se involucraba en el desarrollo completo del proyecto de diseño y adecuación y hacía visitas de campo para supervisar las obras que estaban en ejecución.

Esta empresa le permitió ganar experiencia, entender el mercado y afianzarse en el sector de lujo de este país centroamericano. Con más recorrido, Pacific Development, otra de las promotoras inmobiliarias más grandes de ese país, le ofreció el cargo de Gerente de proyectos especiales.

“En esta empresa el foco cambió. Se trataba de proyectos en rascacielos de más de 70 pisos. Eran penthouse en cuyas adecuaciones y remodelaciones los clientes invertían hasta US$ 8 millones”.

Uno de sus clientes contrató a la compañía para adecuar el último piso de uno de los edificios más lujosos de Panamá. Pidió que le instalaran una piscina, una cancha de fútbol y área barbecue con especificaciones técnicas. Para cumplir con estas exigencias, Arias tuvo que contratar especialistas argentinos, que viajaron desde Buenos Aires para hacer la instalación de varias parrillas.

En Pacific Development trabajaba con otros arquitectos. Ella era quien coordinaba los diseños y velaba porque se cumplieran las exigencias de los propietarios.

Un amor inesperado

En 2024 la vida de Paola Arias tuvo un giro inesperado. Mientras dirigía proyectos y estaba consolidándose como profesional en Ciudad de Panamá, conoció al abogado caimanés Matheo Vinciullo. Él disfrutaba de un fin de semana de vacaciones, cuando se encontraron. Desde entonces se hicieron amigos y, más tarde, entablaron una relación a distancia.

Hace un año y medio, esta arquitecta quiteña dejó todo en la capital panameña y se mudó a Gran Caimán, la principal isla de Islas Caimán. Ahí encontró refugio y trabajo a la semana de haber llegado. Buscó empresas similares a las que trabajaba en Panamá, arregló su hoja de vida y fue hasta la puerta de la compañía para presentarse y entregar sus documentos. Días después ya integraba el equipo que está compuesto por dos arquitectos, diseñadores de interiores y el personal administrativo.

Interior Design Group (IDG) le abrió sus puertas y le dio la oportunidad de trabajar con ellos. Ahora se encarga de diseñar espacios y tratar directamente con los clientes para satisfacer sus necesidades y caprichos.

“Hay clientes que quieren que diseñemos habitaciones y espacios para niños de 10 años. Nos piden que les pongamos personajes o colores infantiles, pero ahí nosotros les hacemos caer en cuenta de que los chicos crecerán y sus gustos cambiarán. Se volverán adolescentes. Les guiamos para que tomen las mejores decisiones”, asegura.

La compañía maneja actualmente entre 30 y 40 proyectos en simultáneo. Su especialidad está en las viviendas de lujo. Por ahora se dedica completamente al interiorismo.

Las Islas Caimán están a 240 kilómetros de Cuba y a poco más de una hora de Miami (Estados Unidos) en avión. Sus playas paradisíacas y su ambiente seguro implican un costo elevado de vida.

“Islas Caimán es una isla pequeñita que para encontrarla en un mapamundi hay que ampliarlo. Acá se genera una comunidad amigable y hay una especie de burbuja, donde todo es seguro. Pero vivir en Gran Caimán puede ser exageradamente costoso”.

Un arriendo de una casa de tres pisos, que en Ecuador cuesta US$ 800 mensuales, en Gran Caimán puede llegar a los US$ 6.000. Una hamburguesa que en el continente vale US$ 7, en la isla triplica su precio. Las compras de supermercado del mes, que en Quito le significaban entre US$ 250 y US$ 300, ahora le representan US$ 1.600.

Diseñar en este país es uno de sus retos profesionales más grandes e importantes. Las diferencias entre sistemas de medida, los términos y las especificaciones técnicas fueron uno de los desafíos a superar.

“Aunque parezca simple, como arquitecta estoy acostumbrada a trabajar en centímetros y metros. Acá el sistema de medida es en pulgadas y pies y cuando se diseña hay una gran diferencia”, reconoce.

Además, hace más de siete años que no vive en Ecuador y estar lejos de casa ya le pesa, aunque entiende que hay más facilidad para reconectarse con su familia que si estuviera en Estados Unidos o Europa.

“Lo que más extraño es la familia y la comida de casa. Acá encuentras todos los ingredientes para un ceviche, por ejemplo. Incluso hay tostado. Los productos son buenos, pero no es lo mismo cuando los como allá”.

Paola asegura que es complicado encontrarse con otros ecuatorianos. No es un destino habitual, pero se siente segura y respaldada. Hoy, es una migrante más que hace lo que le apasiona a miles de kilómetros de su lugar de origen.

“Me siento afortunada, porque salí de Ecuador para trabajar en algo que soñaba desde niña. No es común que pase esto”.

Ese boceto de la vivienda de sus sueños que dibujó cuando era una niña, aún reposa en su casa, en el norte de Quito. Rosa, su madre, lo guarda como prueba de que con trabajo los sueños primero se dibujan en la imaginación y luego se construyen con trabajo. (I)

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