Forbes Ecuador
Adrián y Christián Cerón, Cerón Studio
Fotos: Pavel Calahorrano Betancourt
13 Julio de 2026 10.05

María Judith Rosales Andrade

Una casa patrimonial, ahora un negocio cultural

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La restauración de Casa Sotomayor superó el millón de dólares y tomó 30 meses de trabajo. Hoy, el espacio funciona como un centro de experiencias artísticas, formación y eventos. El proyecto es liderado por dos hermanos que transformaron una herencia familiar vinculada al arte en un modelo de negocio cultural.

Entrar a Casa Sotomayor, ubicada en la calle Junín, en el corazón del barrio de San Marcos, es recorrer más de cuatro siglos de historia en un mismo trayecto. Los muros de adobe conservan la huella de una arquitectura que nació alrededor de 1595, cuando el sector comenzaba a consolidarse como uno de los primeros núcleos urbanos de Quito. Las vigas de madera recuerdan una forma de construcción pensada para resistir el tiempo y organizar la vida en torno a patios interiores.

Durante el siglo XX fue residencia de la familia Sotomayor, de ahí su nombre. Luego quedó en silencio por un largo periodo hasta que Sonia Salvador y su familia decidieron rescatar esta edificación patrimonial.

La intervención se realizó bajo las normas del Instituto Metropolitano de Patrimonio, que regula cada decisión en construcciones históricas del Centro. Los espacios originales debían respetarse con precisión, mientras se incorporaban elementos contemporáneos como vidrio y acero para diferenciar lo nuevo de lo antiguo.

La recuperación tomó 30 meses y la inversión superó los US$ 1,2 millones. En el proceso se buscaba evitar que la casa terminara convertida en una estructura perfecta, pero vacía. La idea inicial fue convertirla en hotel, pero en el camino cambió dirección hacia un espacio cultural.

Adrián y Christian Cerón llevan el arte en sus venas.  Tienen 10 años de diferencia, pero comparten la misma memoria familiar. Su padre, Edgar Cerón es pintor y de los pocos calígrafos que todavía persisten en el oficio. Su abuelo también dedicó su vida a oficios artísticos. Sus vidas han girado alrededor de pinceles, pan de oro, lienzos y papelería. Crecieron en el sur de Quito, en la ciudadela La Internacional. 

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Adrián, el mayor, encontró en la pintura un lenguaje emocional. A los 12 años realizó su primer cuadro y desde entonces la abstracción se convirtió en una forma de procesar sus memorias, frustraciones y vacíos de infancia. En México se especializó por dos años y hoy sus obras alcanzan precios de entre US$ 300 y US$ 3.000. “Pinto para sacar lo que llevo adentro”.

Christian, en cambio, desarrolló otra sensibilidad. Lector, estudió música en el Conservatorio, luego fotografía y terminó inclinándose por la comunicación, el marketing y la gestión de proyectos.

“Adrián es el loco. Yo soy el que intenta aterrizar las ideas”.

Esa combinación define cada decisión que han tomado.

Mucho antes de llegar a Casa Sotomayor, se empeñaron en demostrar que el arte también puede ser un negocio sostenible.

Hace más de una década, Adrián vendió un departamento ubicado en el sur de Quito por alrededor de US$ 30.000. Con ese dinero creó, junto a una socia, la Fundación Escuela de Arte Quiteño, dedicada a rescatar técnicas tradicionales como el pan de oro y otros oficios patrimoniales. El proyecto llegó a reunir a 12 personas y facturaba cerca de  US$ 100.000 al año.

Por su parte, Christian en plena pandemia buscó una alternativa de subsistencia y abrió un taller de bellas artes con clases virtuales. La inversión en la plataforma fue de US$ 5.000 y logró ingresos cercanos a los US$ 50.000 en un año.

Estas experiencias los llevó a sentarse una tarde a lanzar un sinfín de ideas para empezar juntos nuevas aventuras.

En 2022 abrieron un taller dentro del conocido Wonder Bar, en el Teatro Bolívar. Llegaron a tener unos 30 alumnos. “Descubrimos que las personas no solo querían aprender, sino vivir el arte. 

Si saber estaban probando un modelo que más tarde encontraría su espacio en una casa patrimonial del siglo XVI.

Cuando cruzaron por primera vez el portón, hablaron poco y casi al mismo tiempo llegaron a la conclusión de que “este es el lugar”.

Convencieron a la familia propietaria de realizar una feria de arte con 30 expositores. Más de 2.000 personas visitaron la casa en un fin de semana. “Gastamos unos US$ 5.000, los recuperamos con ganancia”.

En octubre de 2025 firmaron el contrato de arrendamiento.

El inmueble supera los 1.022 metros cuadrados, distribuidos en seis salas para exposiciones, talleres, espacios formativos y eventos.

Los hermanos Cerón destinaron US$ 40.000 en iluminación, mobiliario, caballetes, materiales y adecuación de espacios. El arriendo mensual es de US$ 6.000.” Recibimos el respaldo de una institución de decidió apoyarnos, porque vio una forma de economía cultural”.

Su estructura económica se sostiene sobre tres líneas. Clases artísticas para turistas, laboratorio de formación académica y alquiler de espacios para eventos. “En tres meses logramos US$ 40.000. aspiramos cerrar 2026 con US$ 200.000 en ingresos.

En Casa Sotomayor ya no se escucha el silencio de años. Adrián y Christian entendieron que el mayor valor de la casa no está únicamente en su historia, sino en la posibilidad de volver a llenarla de vida. (I)

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