Aprendió los secretos del mundo cartonero y fundó una empresa que vende US$ 6 millones
Pedro Cevallos consiguió su primer trabajo como barrendero en la cartonera Industrias Omega, cuando tenía 19 años. Ahora lidera su propia empresa, Envatub, donde procesa 2.862 toneladas métricas de tubos y cajas de cartón, papel higiénico, servilletas y otros productos. Genera 85 plazas de empleo y cuenta con 534 clientes.

Cada vez que Pedro Cevallos camina por la fábrica de Envatub, entre las altas bobinas de cartón, recuerda el frío de las noches en Tambillo cuando dormía en el piso. 

La construcción de la planta de Envatub comenzó en 2011. Cevallos obtuvo un crédito por US$ 247.000 de la Corporación Financiera Nacional (CFN), luego de hipotecar su casa. Él y su socio, Fernando Obando, se turnaban durmiendo en el galpón para cuidar la obra mientras realizaban los trabajos. 

"No teníamos los fondos suficientes para contratar seguridad". En ocasiones también hacía guardia con su hijo de 12 años.

Solo un año antes, dejó su posición como gerente de ventas en Industrias Omega para comenzar su emprendimiento. Era la primera vez que montaba un negocio propio. 

"Mi esposa siempre se quejaba porque había dejado nuestra casa en prenda a la CFN", cuenta Cevallos. "Le prometí que en cinco años le iba a devolver la vivienda y así lo hice". 

Actualmente, Envatub produce tubos, cajas, envases de cartón, papel higiénico, servilletas, limpiones y otros productos. El año pasado facturó US$ 6 millones y ya suma 534 clientes y 85 trabajadores. Pero no siempre fue así; para llegar al éxito este empresario, de 56 años, tuvo que comenzar desde abajo. 

Así comienza el proceso de ensamblaje de un tubo en la fábrica de Envatub. 

De agricultor a CEO

Pedro Cevallos nació en la granja de sus padres en el recinto La Chima, una zona rural del sur de la parroquia San Pablo de Atenas, que pertenece al cantón San Miguel, en Bolívar. 

Creció entre ganado y cultivos. Su padre, un ávido jugador de cartas, Segundo Cevallos, es agricultor de toda la vida. Ahora, con 85 años, sigue manejando sus 14 hectáreas de tierra donde siembra maíz, trigo y cebada. Esto lo hace junto a su esposa, Lidia Quintana, quien tiene 84 años. 

"Incluso a su edad siguen trabajando en el campo, aunque ya menos", cuenta Pedro. "Se rehúsan a vivir en la ciudad porque se aburren".

Cuando piensa en su juventud y la sencillez de sus padres sonríe. "Yo crecí en el campo y tuve una infancia muy bonita". Con nueve años, Cevallos ayudaba a su padre a arar la tierra para cultivar. Sin embargo, Segundo y Lidia querían que siguiera otro camino por lo que lo impulsaron hacia una educación formal. 

Con solo 11 años, se fue a vivir a San Miguel, a 30 minutos de Guaranda, para estudiar los primeros dos años de la secundaria. Sus padres le pagaban su vivienda y comida. 

En tercer curso se mudó a Guaranda donde aprendió a cocinar. "En esa época me volví un experto en preparar arroz con atún". Luego migró a Quito, donde se inscribió en el Colegio Nacional Eloy Alfaro y se graduó a los 17 años. "Mis padres siempre me impulsaron porque sabían que era un chico inteligente y capaz". 

Con muchas posibilidades frente a él, Pedro Cevallos decidió estudiar Medicina en la Universidad Central del Ecuador, un sueño que parecía imposible. Sin embargo, después de dos años tuvo que retirarse de la carrera. "No contaba con los fondos para pagar la matrícula extraordinaria por lo que me tocó dejar mis estudios y empezar a trabajar". 

A los 19 años consiguió empleo como barrendero en Industrias Omega, donde se encargaba de limpiar y sacar los tachos de basura. Ese fue su primer trabajo formal. Esta empresa cartonera fue como una escuela de negocios para él. Pasó a trabajar en el área gráfica donde se desenvolvió como guillotinero y se encargaba de cortar los empaques. En su rol como descartonador de envases retiraba los excedentes de los estampados.

Entusiasmado por lo que estaba aprendiendo, a los 21 años decidió sacar un título como Tecnólogo de Sistemas para aprender a manejar las computadoras de la empresa. Empezaba la década de 1990 y Cevallos sabía que aprender a manejar estos sistemas lo cambiaría todo. 

Con ese diploma, consiguió un puesto como asistente de jefatura. Además, hacía horas extras en el área de limpieza durante la noche para poder sostener a su familia. Esas ganas de crecer le abrieron más puertas: pasó a ser supervisor de planta y, luego, gerente de ventas. 

Comenzó su negocio con alcancías

En 2008 apareció su espíritu emprendedor y empezó a pensar en la posibilidad de poner su propia empresa. Ese año le compró cartón a Industrias Omega para hacer alcancías artesanales. 

"Me fue bien con ese negocio y utilicé esos fondos como respaldo para sacar el crédito de la CFN". Cevallos todavía recuerda cómo vendía sus productos afuera del estadio del Aucas, en el sur de Quito, después de los partidos. 

Con esas ganancias e hipotecando su casa pudo sacar el crédito de US$ 247.000 que le permitió construir su planta y comprar la maquinaria necesaria.  

No sabía que los problemas estaban en el horizonte. Su falta de experiencia en los negocios lo perjudicaría. 

Durante su primer año de operaciones Envatub fue víctima de una estafa. En 2012, un proveedor les vendió bobinas de cartón robadas. "Como confiaba en esta ferretería, nunca saqué los códigos de barra de sus productos", dice. "Un día después de que recibimos el cargamento llegó la Fiscalía a tocar la puerta". 

Se abrió una investigación en su contra por una supuesta compra ilegal. Eso puso en riesgo el futuro de Envatub. "Lo primero que hice fue conseguir un abogado con el cual fui a la Fiscalía y justifiqué mis facturas". Tres meses después fue absuelto y la empresa pudo volver a operar con normalidad. Junto a su hijo lograron recuperar 70 % de su mercancía legalmente. 

El tropiezo les había costado tiempo y reputación, por lo que tuvo que volver a demostrar su seriedad como empresario. Solo con trabajo duro fue recuperando sus clientes uno por uno, incluyendo a corporaciones como Reybanpac, una de las exportadoras de banano más grandes del país, para la cual hacían cajas de cartón. 

Actualmente, la empresa trabaja con clientes como República del Cacao, Pájaro Azul y Oilosophy. 

Tiene siete líneas de negocio incluyendo papel higiénico, servilletas, poliolefina y envases de cartón que siguen siendo el producto más popular. 

La inversión también es clave. En 2025, Envatub destinó US$ 4 millones en materia prima, desarrollo tecnológico y medidas sostenibles. La planta tiene instalados 238 paneles solares para generar energía que se usa en la operación. 

Aunque no se dedicó a la siembra como sus padres, Cevallos todavía está conectado con la agricultura. "No me quería dedicar al negocio de la siembra porque vi a mis padres lidiar con mucha injusticia en esa industria", explica. "Preferí liderar espacios donde pudiera apoyar a los trabajadores con una compensación justa, siguiendo los valores que me inculcaron mis padres". 

En 2024 se convirtió en presidente de FruPro, una exportadora de frutas exóticas como pitahaya y tomate de árbol. Su meta para el futuro es subir la rentabilidad de sus negocios y continuar formándose académicamente. Cree que con esfuerzo, trabajo duro y honestidad se puede seguir adelante. (I)