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Cómo este hombre llevó su empresa de robots humanoides a una valuación de US$ 39.000 millones

Anna Tong

Brett Adcock, fundador de Figure.
Foto: Cody Pickens para Forbes.
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Vender el futuro le reportó a Brett Adcock una fortuna de once cifras. Primero apostó por taxis voladores y después por androides con inteligencia artificial. Si bien estas máquinas ya son una realidad, la distancia entre lo que pueden hacer hoy y lo que el empresario promete sigue siendo enorme.

9 Octubre de 2026 09.32

Brett Adcock dedicó la última década a convertir el futuro en dinero. Ganó sus primeros US$ 30 millones a la vieja usanza. Creó Vettery, una plataforma online de empleo, y después la vendió por US$ 110 millones en 2018. A partir de ahí, su fórmula consistió en conseguir que los inversores pagaran hoy por negocios que prometían resultados a futuro. 

En 2021, Archer Aviation salió a bolsa mediante una SPAC, una compañía creada específicamente para captar fondos y fusionarse con otra empresa para llevarla al mercado bursátil. La operación recaudó US$ 858 millones y le dio una valuación de US$ 1.700 millones, incluso antes de que sus aeronaves completaran un solo vuelo comercial. 

Más tarde, convenció a los inversores de valorar Figure en US$ 39.000 millones, pese a que sus robots humanoides todavía participaban en pruebas piloto de pequeña escala en fábricas y demostraciones bajo condiciones muy controladas. En mayo de este año, consiguió US$ 700 millones con una valuación de US$ 6.000 millones para Hark, una empresa de asistentes de IA que, en ese momento, todavía no tenía ningún producto disponible en el mercado.

De todas formas, muchas de las promesas del empresario dieron grandes resultados. Vettery se convirtió en un éxito rotundo. Archer construyó una avioneta eléctrica de tamaño real con capacidad de despegue y aterrizaje verticales. Los humanoides de Figure trabajaron en una línea de producción de BMW y colaboraron en la fabricación de 30.000 SUV X3, según informó la automotriz.

Adcock, con apenas 40 años, se ganó una reputación por conseguir enormes sumas de dinero, contratar ingenieros talentosos y poner en marcha máquinas de gran complejidad. Actualmente es CEO de tres empresas. Y cuando habla de robots humanoides, su entusiasmo es contagioso.

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A los 40 años, Adcock ya dirige tres empresas disruptivas. (Foto: LinkedIn de Brett Adcock)

Una apuesta de miles de millones por los humanoides

"A largo plazo, tendremos quizás diez o veinte mil millones de humanoides en el planeta", afirmó. "Gestionarán toda la cadena de suministro. Construirán casas para nosotros", aseguró.

Adcock también se ganó fama de exagerar. Un proyecto piloto puede convertirse, según su relato, en una flota de robots; un desacuerdo con un socio relevante, en una supuesta victoria técnica. Esa tendencia, sin embargo, no frenó su ascenso. Los primeros avances de sus proyectos impulsaron la valoración de su empresa hasta los US$ 39.000 millones, mientras que su trabajo —y la forma en que lo comunica públicamente— le permitió acumular una fortuna superior a los US$ 20.000 millones. Al mismo tiempo, algunas de sus afirmaciones obligaron a BMW, OpenAI y Archer a salir públicamente a hacer aclaraciones.

¿La afirmación de Adcock de que durante su etapa en Archer "diseñó, desarrolló y probó en vuelo cinco generaciones de avionetas"? Un vocero de Archer la calificó de "completamente inexacta" y añadió que "desde su salida en 2022, exageró sistemáticamente sus contribuciones". Un vocero de Adcock lo desmintió y sostuvo que Archer "intentaba atribuirse el mérito y minimizar sus logros".

Algo similar ocurrió con el proyecto piloto de BMW de 2025. Según Adcock, implicaba una "flota de robots que realizaban operaciones de principio a fin". Sin embargo, BMW declaró a Forbes que solo un robot de Figure trabajaba a la vez y que había un segundo en el lugar para reemplazarlo mientras el primero se recargaba.

También está el acuerdo con OpenAI. El laboratorio de IA invirtió en 2024 en la ronda de financiamiento Serie B de Figure. Ambas compañías se propusieron crear los modelos de inteligencia artificial que controlarían los robots de Figure. Pero la relación se vino abajo en menos de un año.

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Las diferencias entre el relato de Adcock y el de sus socios se repitieron en algunos de los proyectos más importantes de Figure. (Foto: Cody Pickens para Forbes)

OpenAI atribuyó la ruptura al "fracaso constante de Figure en el cumplimiento de los objetivos, las deficiencias en el soporte de software y hardware" y a "problemas en la relación laboral", sobre las cuales no se profundizó. Adcock, en cambio, afirmó que despidió a OpenAI por no estar a la altura.

Nada de esto lo afectó. Forbes ahora estima su fortuna en US$ 23.400 millones, principalmente por el fuerte aumento de la valuación de Figure. Porque si un humanoide puede, al menos en teoría, hacer todo lo que hace una persona, ¿qué precio se le puede poner?

Hoy, el futuro del mercado de los robots humanoides está rodeado de enormes interrogantes. Morgan Stanley calcula que alcanzará los US$ 5 billones para 2050. Citi habla de US$ 7 billones, mientras que UBS estima hasta US$ 1,7 billones y RBC proyecta entre US$ 9 billones y US$ 12 billones. En medio de semejante disparidad de pronósticos, la ´valuación de Figure pasó de US$ 2.600 millones a US$ 39.000 millones en apenas 19 meses.

Esa falta de certezas es el terreno en el que Adcock se mueve con soltura. Por eso puede afirmar con tanta seguridad que los humanoides ocuparán una parte importante del mercado laboral mundial, valuado en US$ 42 billones anuales, pese a las enormes limitaciones que todavía enfrenta la tecnología. 

Entre ellas aparecen la falta de datos para entrenar a estos robots, los posibles conflictos con los sindicatos y dificultades técnicas que todavía parecen elementales. Enseñar a un humanoide a usar unas tijeras, por ejemplo, sigue fuera de alcance. A diferencia de lo que ocurre con los modelos de IA entrenados con textos e imágenes disponibles online, no existe en internet una gran base de datos de movimientos y comportamientos humanos que permita enseñarles con facilidad cómo actuar físicamente en el mundo real.

Amigos como Marc Benioff quedaron impresionados con la magnitud de su propuesta. "Es sumamente positivo, sumamente enérgico y tiene una gran visión... [Hace] afirmaciones muy audaces sobre el futuro que, en realidad, solo escuchamos en la ciencia ficción", dijo el cofundador de Salesforce e inversor de Figure.

"Creo que todo ser humano tendrá uno, como un teléfono o un auto", afirmó.

Adcock también cuenta con el respaldo de Jensen Huang, una de las figuras centrales de la infraestructura de IA. El CEO de Nvidia sostiene que Adcock posee una capacidad extraordinaria para imaginar el futuro y, al mismo tiempo, dirigir el enorme trabajo necesario para convertirlo en realidad. Nvidia también es inversor de Figure.

Los humanoides forman parte de una de nuestras fantasías más antiguas. Los griegos imaginaron a Hefesto acompañado por doncellas doradas capaces de pensar y hablar. Leonardo da Vinci esbozó un caballero mecánico que podía sentarse y mover los brazos. Westinghouse presentó a Elektro en la Feria Mundial de 1939. Medía dos metros, estaba hecho de aluminio y tenía un vocabulario de 700 palabras que salían de un tocadiscos. Primero fueron cables y poleas, después interruptores eléctricos y ahora redes neuronales. Cada época construye con la tecnología que tiene a mano y exagera las virtudes de aquello que creó.

Para Adcock, el futuro está claro. Imagina un humanoide en cada hogar, disponible por un alquiler de unos US$ 500 o US$ 600 por mes, que lave la ropa, vacíe el lavavajillas, limpie la cocina y junte los juguetes de los chicos. Un mundo sin tareas tediosas. "Creo que todos los humanos tendrán uno, como un teléfono o un auto", afirmó.

La enorme sede de Figure, de 27.870 metros cuadrados, en San José, California, está pensada para impresionar, como si saliera de una película de James Cameron. Los robots recorren los pasillos como si fueran empleados más. Algunos practican cómo dar vuelta paquetes dentro de un depósito simulado. A los visitantes les entregan calcomanías para cubrir las cámaras de sus celulares y el personal controla que queden bien colocadas. Adcock sonríe como un chico orgulloso de mostrar un espectacular volcán de papel maché. "Lindo, ¿no?", preguntó.

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Figure alcanzó una valuación de US$ 39.000 millones mientras sus robots todavía atravesaban pruebas y etapas de desarrollo. (Foto: Cody Pickens para Forbes)

Adcock prefiere estar en el centro de todo. Le gusta involucrarse en los detalles y tiene su escritorio en medio de la oficina, cerca de un pequeño museo dedicado a los distintos modelos de Figure. Trabaja sin descanso. Dice que participa de media docena de reuniones diarias de producto e ingeniería, en las que discute hasta los detalles del pie de un robot, define qué errores de software deben corregirse primero y busca nuevos talentos.

Durante una reunión de diseño esa misma tarde, observa fascinado una imagen digital de la futura estación de carga de Figure. Se trata de una especie de sarcófago circular de cristal al que el humanoide entra marcha atrás, similar a un brillante portal de ciencia ficción hacia el futuro. "Ese cargador es genial", dijo. 

En Silicon Valley, sus empresas ocupan un lugar particular, por fuera de la jerarquía tradicional del capital de riesgo del sector. Forbes contactó a una docena de inversores destacados de firmas incluidas en su Lista Midas, el ranking anual que reconoce a los principales inversores de capital de riesgo del mundo, que respaldaron compañías de robótica. Todos cuestionaron la valuación de Figure y algunos también expresaron dudas sobre las afirmaciones de Adcock.

A él no le preocupa. Consigue financiamiento a través de una red independiente de inversores que le facilita el acceso al capital y de socios estratégicos como Salesforce y Nvidia, compañías que, además de invertir, pueden aportar tecnología, contactos o acuerdos comerciales. "En la medida en que necesitemos recaudar fondos, contamos con una gran capacidad financiera y mucho interés y demanda", dijo Adcock. "Creo que no tendremos problemas", aseguró.

El año pasado, cuando Figure buscaba recaudar US$ 1.500 millones con una valuación de US$ 38.000 millones antes de recibir esa inversión, el acuerdo reservaba hasta US$ 1.200 millones para dos firmas de capital de riesgo relativamente desconocidas, Parkway Venture Capital y Align Ventures. Ninguna contaba por sí sola con los activos necesarios para aportar una suma semejante. 

Align anunció recientemente un fondo de US$ 125 millones destinado a pequeñas inversiones en empresas de consumo, entre ellas la marca de agua con gas Olipop y Starface, especializada en parches para el acné. Ambas firmas completaron sus aportes mediante vehículos de propósito especial, conocidos como SPV por sus siglas en inglés. Son fondos creados para invertir específicamente en una sola empresa y permiten reunir dinero de distintos inversores para completar una ronda de financiamiento. 

Align aceptó aportes a partir de US$ 100.000. Al cierre de la ronda, la valuación de Figure subió a US$ 39.000 millones, frente a los US$ 2.600 millones del año anterior. Ese salto la colocó entre las 20 empresas privadas más valiosas del mundo, casi al nivel de su socio estrella, BMW. Adcock sostiene que los inversores consiguieron un buen negocio.

"Si logramos ser los primeros en dotar a un robot humanoide de verdadera inteligencia en el mayor mercado potencial del mundo", afirmó, "creo que 40.000 millones de dólares probablemente sea una cifra muy baja".

BMW, UPS y la prueba de la escala

Un factor clave detrás de ese extraordinario aumento de la valuación fueron las flotas de robots que Figure todavía debía desplegar para dos grandes clientes, BMW y una empresa cuya identidad no se reveló, pero que personas al tanto del acuerdo identificaron como UPS.

Adcock declaró públicamente que veía "un camino hacia los 100.000 robots en los próximos cuatro años" entre ambas compañías. En un memorando dirigido a potenciales inversores del vehículo de propósito especial, Align afirmó que 100.000 robots en cuatro años representarían "9.000 millones de dólares en ARR [ingresos recurrentes anuales] según las hipótesis de precios actuales". El ARR es una métrica financiera que calcula cuánto ingreso recurrente generaría una empresa en un año. 

El programa piloto de BMW, que terminó a fines del año pasado, representó un avance importante. La automotriz confirmó que los robots participaron en la producción de decenas de miles de vehículos y manipularon unas 90.000 piezas. Sin embargo, el alcance del trabajo fue mucho menor que el que Adcock había descrito públicamente. 

En redes sociales, afirmó que Figure contaba con una flota de robots que realizaba tareas de principio a fin para el fabricante. BMW declaró a Forbes que solo un robot de Figure trabajaba a la vez. Cuando Fortune publicó la misma información, Adcock acusó a la revista de tergiversaciones y mentiras flagrantes, y amenazó con iniciar acciones legales. Aunque nunca explicó públicamente qué parte consideraba falsa, un vocero de Figure declaró a Forbes que Fortune tergiversó el alcance de nuestra colaboración inicial con BMW.

En junio, Figure regresó a la planta de la automotriz en Spartanburg, Carolina del Sur, y las redes sociales de Adcock se llenaron de publicaciones promocionales. Los videos, con música electrónica a todo volumen, mostraban a las nuevas versiones de los robots Figure mientras tiraban de carros pesados dentro de las instalaciones de BMW.

Al describir el proyecto, Adcock le comentó a Forbes que cree que hay "seis u ocho" robots de Figure en las instalaciones y afirmó estar "bastante seguro" de que BMW los está pagando, aunque quiere confirmar ambos puntos con su equipo de comunicación. "Creo que ya nos pagan por todos los robots", dijo. "Todos nuestros clientes tienen una cierta cantidad de robots asignados y contratos, y tratamos de enviarles muchos más ahora mismo", agregó.

La explicación resulta llamativamente confusa para una colaboración de semejante importancia. La versión de BMW es más clara. La automotriz declaró a Forbes que el proyecto fue una prueba fuera de la línea de producción en la que participaron dos o tres robots. Ahora que finalizó, ningún robot de Figure opera actualmente en la planta.

De los cuatro robots que aparecen en el video promocional, BMW afirma que solo uno realizó la tarea. Los otros tres no participaron. También señala que Figure envió entre cinco y diez personas para garantizar que la grabación saliera sin inconvenientes. Sobre la relación entre ambas compañías, BMW se limitó a decir que "continúan con una evaluación constante y con el intercambio de conocimientos relacionados con la robótica humanoide". No aclara si existió algún intercambio económico.

La experiencia con BMW expuso la distancia entre las cifras difundidas por Figure y el alcance que describió la automotriz. (Foto: LinkedIn de Figure)

Cuando más tarde le preguntaron por esa diferencia entre ambas versiones, Adcock evitó dar una respuesta concreta. "No puedo dar una cifra exacta porque, a medida que exploramos juntos nuevos casos de uso, trasladamos robots de un lado a otro entre nuestras instalaciones para el trabajo de desarrollo continuo", remarcó.

Al parecer, tampoco hay robots humanoides de Figure en uso activo en UPS. Un vocero de la Hermandad Internacional de Camioneros, el sindicato conocido en Estados Unidos como Teamsters y que representa a trabajadores de UPS, afirma que la empresa de logística no les notificó sobre ninguna prueba con robots de Figure. Según el gremio, UPS tiene la obligación de informar cualquier ensayo tecnológico que pueda afectar a sus afiliados. UPS no quiso hacer comentarios sobre una posible relación con Figure y Adcock tampoco dio detalles.

Un tercer cliente, Catalyst Brands, el holding de JCPenney, ya puso en marcha el proyecto, aunque Figure no quiso precisar cuántos robots humanoides trabajan ahí. Ambas compañías comparten a Brookfield como inversor.

Figure es una empresa real que opera como si fuera una compañía mucho más grande. De los aproximadamente 1.000 humanoides que construyó, no está claro cuántos se desplegaron ni dónde. Tampoco se sabe con certeza quién financia esos despliegues.

La relación anterior de Figure con el gigante de la IA, OpenAI, muestra un patrón similar de versiones contradictorias. El laboratorio de inteligencia artificial declaró a Forbes que Figure incumplió en varias oportunidades los compromisos acordados y no pudo proporcionar el hardware y el software que sus investigadores necesitaban. Finalmente, según OpenAI, llegó a la conclusión de que Figure no era un socio viable para sus proyectos de robótica e informó a Adcock que planeaba invertir más recursos en su propio desarrollo dentro de ese campo. 

Figure rechaza esa versión. Según un vocero de la compañía, su equipo avanzaba más rápido que OpenAI en el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial para robots y no quería dejar esa tarea en manos de un tercero, por lo que decidió terminar la relación.

En la actualidad, Adcock centra el relato de Figure en el uso doméstico. A través de videos de robots que se entrenan en casas y departamentos alquilados mediante Airbnb, afirma que, para el próximo año, los humanoides de Figure podrían llegar a nuestros hogares para ayudar con las tareas de la casa.

Del robot industrial al hogar y la IA personal

Pero los humanoides todavía están muy lejos de ser lo suficientemente seguros para eso, afirmó Rodney Brooks, cocreador de Roomba, la aspiradora robótica que se convirtió en uno de los primeros dispositivos de este tipo en llegar masivamente a los hogares. "Por supuesto, no dejaría a mis nietos con un humanoide", declaró.

Una demanda por despido injustificado, presentada en noviembre de 2025 contra Figure por su exjefe de seguridad de productos, Rob Gruendel, describe una disputa interna justamente por esos riesgos. A principios de ese año, según la demanda, Adcock le preguntó a Gruendel qué hacía falta para instalar robots en los hogares. Gruendel elaboró un plan centrado en la detección de objetos cercanos y en sistemas destinados a evitar choques con personas y otros seres vivos.

 Según su denuncia, Adcock se negó a asistir a una reunión y tampoco respondió los mensajes sobre ese plan. Cuando Gruendel insistió en la necesidad de incorporar medidas para reducir los riesgos, la demanda sostiene que otro ejecutivo de Figure le dijo que "[Adcock] nos mataría si lo hacíamos".

Gruendel afirma que un robot humanoide Figure 02, programado durante una prueba en julio de 2025 para golpear con la máxima fuerza, produjo impactos que superaron por más del doble la fuerza necesaria para fracturar el cráneo de un adulto. También describió una falla en la que un robot hizo un corte de unos 0,6 centímetros en la puerta de una heladera de acero y pasó a muy poca distancia de un empleado. Gruendel sostiene que reforzó sus advertencias, protestó cuando la empresa canceló las tareas necesarias para certificar el sistema de parada de emergencia y fue despedido pocos días después de presentar por escrito sus reclamos más detallados.

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La seguridad de los humanoides quedó bajo discusión tras una demanda de un exdirectivo de Figure contra la empresa. (Foto: captura de pantalla de Figure)

Figure rechaza partes de la versión de Gruendel y afirma que mantiene los más altos estándares de seguridad. La compañía sostiene que lo despidió por bajo rendimiento y que muchas de sus preocupaciones eran triviales o carecían de fundamento. El litigio continúa en curso.

Rett Adcock creció entre unas 809 hectáreas de campos de maíz y soja en Moweaqua, Illinois, rodeado de maquinaria y de familiares emprendedores que crearon empresas, entre ellas un concesionario de tractores y un fabricante de silos para granos, a partir de la actividad agrícola de la zona. 

Mientras estudiaba en la Universidad de Florida, consiguió una pasantía en un banco de inversión boutique, una firma financiera pequeña y especializada, después de contactar por teléfono a personas con las que no tenía vínculo previo. Después llegó Vettery. Luego Archer. Más tarde Figure. Después Cover, que según Adcock todavía no captó capital externo ni contrató empleados a tiempo completo y desarrolla tecnología para detectar armas con el objetivo de prevenir tiroteos en escuelas. Por último, Hark.

Adcock crea empresas que van a contramano de la lógica actual de Silicon Valley. En una época en la que una sola persona puede usar Claude, el asistente de inteligencia artificial de Anthropic, para programar, lanzar y vender un producto en cuestión de días, Adcock apuesta por otra fórmula. Recauda enormes sumas de dinero, arma grandes equipos y promociona una visión ambiciosa mucho antes de que haya algo que los clientes puedan comprar.

Su última iniciativa, Hark, es quizás el ejemplo más claro. Durante la primavera estadounidense recaudó casi US$ 750 millones en una ronda de financiamiento que volvió a liderar Parkway Venture Capital. Ya emplea a cerca de 100 personas. El producto es un asistente de IA wearable que puede recordar aspectos de la vida del usuario y ejecutar acciones en su nombre, como hacer compras o gestionar determinadas tareas online. 

Una persona usando un laptop, smartphone y tablet con una mano protésica, enfatizando la conectividad digital.
Hark recibió cientos de millones de dólares antes de lanzar su dispositivo, otra muestra de la capacidad de Adcock para captar capital. (Foto: Pexels)

En un video promocional de agosto, una estilista prepara a Adcock para una sesión de fotos antes de que él presente la ambición del proyecto. "En Hark, creamos la inteligencia personal más capaz del mundo", declaró Adcock.

Dana Berlin, ejecutiva de Figure y Hark, describe los productos actuales de IA como prácticamente inexistentes frente a la visión de Adcock. "Lo que les digo es que estamos en plena revolución de la IA y, hasta donde yo sé, hay un tipo en Silicon Valley que dio con la fórmula para crear productos de inteligencia artificial totalmente diferentes". Hark no tiene precedentes, afirmó, porque "no existe un modelo de cómo usar una computadora. Simplemente no existe".

Pero los asistentes de IA capaces de tomar la iniciativa existen desde hace tiempo. Google presentó en su conferencia de desarrolladores I/O de 2018 un asistente de inteligencia artificial que podía realizar llamadas para hacer reservas en restaurantes y pedir turnos en peluquerías. 

En agosto, Instinct, una startup de unas diez personas, lanzó un asistente de IA que ya realiza tareas para sus clientes, como buscar podólogos dentro de la cobertura de su plan de salud y negociar por WhatsApp con proveedores para casamientos. Un par de semanas después, Meta lanzó Muse, un agente personal de IA capaz de resolver tareas mucho más complejas que simplemente pedir flores.

Ese es el escenario que enfrenta Hark, que todavía no lanzó al mercado su dispositivo wearable. "Creo que Figure y Hark van a tener un éxito arrollador este año y el próximo", afirmó Adcock.

La distancia entre la promesa y el negocio real

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Figure probó que puede fabricar humanoides. El desafío ahora pasa por demostrar que ese desarrollo puede sostener un negocio a gran escala. (Foto: LinkedIn de Brett Adcock)

Adcock demostró que Figure puede construir robots humanoides. Sin embargo, todavía le falta probar que puede desarrollar un negocio de robots humanoides a gran escala. La empresa consiguió avances importantes y BMW así lo reconoce. El problema es que su valoración, el volumen de producción que proyecta y su presencia comercial describen un negocio mucho más grande que el que existe hoy. Figure es una empresa real, pero con cifras propias de una compañía de dimensiones muy superiores.

Adcock es también un producto de este momento. La popularización de la IA generativa volvió rentable la venta de una gran visión de futuro. 

Elon Musk usó las redes sociales para presentar directamente a sus seguidores promesas propias de la ciencia ficción, mientras que Sam Altman, de OpenAI, y los hermanos Amodei, de Anthropic, proyectan llevar sus empresas a bolsa bajo la promesa de que las máquinas están cada vez más cerca de igualar o superar la inteligencia humana. Pero sus compañías también consiguieron grandes resultados con productos que ya están disponibles. Hoy cualquiera puede usar ChatGPT y Claude. Al menos mil millones de personas utilizan este tipo de herramientas. 

Figure, en cambio, se niega a revelar sus ingresos y resulta imposible estimarlos con precisión a partir de la información disponible. De los aproximadamente 1.000 humanoides que construyó, tampoco está claro cuántos llegaron efectivamente a clientes ni dónde están.

La cuestión es simple. La forma humanoide es una estrategia de marketing sorprendentemente eficaz y, en este momento, hace que las capacidades reales de la máquina parezcan mucho mayores de lo que son. Un robot con aspecto humano despierta de inmediato expectativas de una funcionalidad casi ilimitada. Si tiene manos, parece lógico pensar que podrá doblar la ropa o hacer un huevo frito. Si tiene piernas, parece igual de probable que pronto pueda cortar el césped o alzar a un bebé.

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La promesa de llevar humanoides a los hogares convive con obstáculos técnicos que todavía separan esa idea de la vida cotidiana. (Foto: LinkedIn de Brett Adcock)

Es mucho más fácil vender la idea de un futuro con un robot en cada hogar cuando su diseño hace que nuestra mente lo reconozca de inmediato como humano. Eso también permite olvidar la enorme complejidad de nuestro propio cuerpo. 

Los seres humanos tienen unos 4 millones de mecanorreceptores, sensores del sistema nervioso que detectan presión, contacto, vibraciones y movimientos, y alrededor de 17.000 se encuentran en cada mano. La mayoría de los movimientos complejos de todo el cuerpo exige coordinar decenas de músculos principales, millones de fibras musculares individuales y una cadena de miles de millones, si no billones, de conexiones entre neuronas que deben activarse con enorme precisión. Para recrear siquiera una parte de esa capacidad primero hace falta reunir suficientes datos de entrenamiento y, además, desarrollar máquinas capaces de aprovecharlos.

A pesar de esas dificultades, Figure volvió a buscar financiamiento. Gregg Hill, fundador de Parkway Venture Capital y miembro del directorio de la empresa, afirmó que la compañía estaba por cerrar una ronda de varios miles de millones de dólares como extensión de su Serie C, aunque Figure se negó a confirmar si buscaba capital en ese momento. Hill también anticipó que la valoración de la próxima ronda, la Serie D, sería considerablemente mayor. Adcock coincidió con esa expectativa. Como ocurrió otras veces, sus planes avanzaron al ritmo del capital.

"En la empresa pasan cosas increíbles", dijo. "A principios de este año hice una predicción. Mi objetivo ambicioso sería llevar un robot a una casa que nunca antes conoció y realizar tareas complejas a largo plazo, como lavar la ropa de principio a fin o incluso preparar huevos revueltos. Tengo mucha confianza en mí mismo", cerró.

*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.

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