Creó una clínica para la caída del cabello en Perú y factura US$ 1,5 millones
La caída del cabello suele verse como un problema estético, pero la guayaquileña María Belén Peña descubrió que detrás había pacientes con años de diagnósticos equivocados y secuelas emocionales. Ese hallazgo la llevó a construir un modelo de negocio en Lima y Arequipa.

Julissa Villanueva Periodista

En 2012, María Belén Peña Borja dejó Guayaquil y viajó a Lima para acompañar a su esposo, quien fue reubicado en un cargo gerencial. En estos 14 años, ella combinó su estancia entre la capital peruana y el Puerto Principal para completar el internado. 

Finalmente, en 2016, se tituló como médico cirujano general e inició su carrera con un particular giro al momento de elegir la especialidad: en lugar de continuar Ginecología, como era su plan, eligió la tricología. 

Esta área, que se encarga de diagnosticar, prevenir y tratar patologías capilares como la alopecia, le permitió abrir su clínica en tres sedes: dos en Perú y una en Ecuador. Allí atendió a más de 6.000 pacientes en sus primeros tres años. 

“Yo siempre quise ser ginecóloga. Siempre pensé en el tratamiento de las mujeres, pero al final, la tricología es una rama donde también puedo vincular a la ginecología, porque si hay una caída de pelo, existe una condición hormonal”, comenta a través de una conexión virtual desde su despacho, en la clínica Alopecia CIT Centro Internacional de Tricología, que dirige en Lima. 

Peña eligió la medicina desde niña, inspirada en sus tíos maternos y paternos, también guayaquileños. En su familia hay oftalmólogos y tres tipos de cirujanos: plásticos, vasculares y cardiotorácicos. Sin embargo, su estancia en Perú le permitió explorar otras alternativas con diferentes colegas, con quienes identificó un creciente número de mujeres -incluyendo menores de edad- que buscaban asistencia médica de alta tecnología para casos extremos de la caída del cabello.

“Para mí llegó a ser normal ver este tipo de atención, pero cuando venía a Ecuador veía a muchas personas con alopecia que eran tratadas con técnicas que en Perú se usaron hace 20 años. Eran obsoletas y los tratamientos eran más enfocados en lo estético, con mesoterapia o con champús. Casi no había especialistas en tricología”, comenta. Ese escenario, dice, le empujó a especializarse en implante capilar en México (2019) y en tricología Australia (2022).

Hoy, a los 37 años, dedica su tiempo a sus tareas como como directora fundadora de la clínica Alopecia CIT. La de Lima abrió en diciembre de 2023 y la de Arequipa entró a operar en agosto del año pasado. La facturación anual llega a US$ 1,5 millones y la inversión inicial bordeó los US$ 300.000, que salieron de los ahorros familiares y con financiamiento

Para preparar el mercado ecuatoriano, María Belén Peña y su esposo, Andrés Arteaga Cordero, organizaron brigadas médicas dos veces al año en Ecuador, mientras invirtieron cerca de US$ 500.000 en una propiedad en Samborondón, en el centro comercial La Torre,. “Atendemos a niñas y mujeres con secuelas psicológicas importantes como baja autoestima, dismorfia corporal, aislamiento social y dependencia de pelucas, gorros o diademas para ocultar la pérdida capilar”. 

También reciben a personas con tratamientos oncológicos. “Actualmente existen diferentes técnicas durante las sesiones de radioterapia para evitar que el cabello se pierda para siempre”, puntualiza.

El trabajo de ‘hormiga’ en las redes sociales 

Mientras la demanda por consultas en esta especialidad crecía de forma global, Peña empezó a fortalecer su presencia en redes sociales para hablar sobre la alopecia femenina, un tema del que, asegura, casi no se discutía. 

Era inicios de 2020, pero con la declaratoria de la pandemia y el confinamiento obligatorio, su contenido comenzó a atraer pacientes no solo de Perú, sino también de Colombia, Chile, Argentina, México y, cada vez con más frecuencia, de Ecuador. Entonces, cambió su usuario de Instagram a Dra. Alopecia y diseñó un sistema de atención virtual adaptable a diferentes tipos de pacientes. 

Su horario se distribuía entre la generación de contenidos, dar respuestas a quienes le comentaban de forma pública o privada, cerrar citas y atender a los pacientes. Por otra parte, se organizaba en su rol de madre, con dos hijos que para ese momento tenían 6 y 10 años, respectivamente; mientras su esposo (ingeniero comercial, economista y con posgrado en Marketing) la impulsaba a construir poco a poco el proyecto que en este momento congrega a 21 colaboradores (todas mujeres).

Fuera de las consultas virtuales del momento, y conforme las restricciones de movilidad se volvían flexibles, Peña encontraba equilibrio en las caminatas junto a su esposo y a Lola, la perrita chihuahua. “Durante largas caminatas con mi esposo y conversábamos sobre el futuro, sobre los pacientes que habíamos conocido y sobre cómo podríamos crear una organización capaz de transformar la experiencia de atención en salud capilar”. 

Un aspecto relevante era que, ya fuera en Latinoamérica o en Europa, encontraban personas que habían pasado años buscando respuestas, probando tratamientos sin resultados o recibiendo diagnósticos incompletos. “Comprendimos que el problema era mucho más grande de lo que imaginábamos y que existía una enorme oportunidad para aportar desde la medicina especializada”. El desafío autoimpuesto era romper el paradigma de que la alopecia es hereditaria o que solo se atiende con injertos capilares; en su lugar, su apuesta se diseñaba por la vía de la reparación y prevención. 

“Mi abuelo tiene 96 años y no padece de calvicie. Tiene su cabello bien blanco. Así les respondo a quienes me dicen que la alopecia es hereditaria y que es normal en los adultos mayores”, indica Peña, quien considera que a estas alturas “nadie debería sufrir de calvicie, por los avances de la ciencia”. El otro aspecto clave para ella, es entender que las mujeres no solo requieren atención sobre la caída del pelo, sino entenderla de manera integral.

En ese sentido, el modelo de atención de Alopecia CIT integra fórmulas propias y HairMetrix, una tecnología de diagnóstico con inteligencia artificial que analiza el cuero cabelludo sin procedimientos invasivos y permite desarrollar tratamientos personalizados.

Con la operación ya en marcha en Ecuador, Peña busca consolidar la presencia de Alopecia CIT en el país antes de dar el siguiente paso. En la hoja de ruta figuran México y Chile, mercados donde espera replicar un modelo que nació al identificar una necesidad desatendida y que hoy combina medicina especializada, tecnología e inversión para atender una condición que, insiste, ya no debería asumirse como inevitable. (I)