“Tengo un amigo que quiere invertir en un negocio”
Fernando Carpio todavía recuerda esa frase como si fuera hoy. A simple vista parecía una conversación entre padre e hijo sin imaginar que terminaría dando origen a una firma que hoy produce 1.200 millones de etiquetas al año con operaciones en tres países.
La trayectoria que Fernando había construido durante años con su entonces esposa en el sector de vidrio y perfilería no atravesaba su mejor momento. Las dificultades se acumulaban dentro y fuera de la oficina. Luego llegó el divorcio y con él la decisión de liquidar la empresa para dividir los bienes y cerrar una etapa.
Consiguió trabajo en el Grupo Eljuri, pero dos años después se quedó sin empleo. A sus 50 años todas las mañanas se preguntaba ¿Y ahora qué hago?
La situación económica de la familia ya no era la misma. “Quebramos literalmente”.
Mateo, su hijo que estudió en el colegio Borja, en Cuenca, cuenta que era un poco rebelde, que no hacía deberes, pero que siempre le fue bien en matemáticas. Desde pequeño aprendió a ahorrar. Cuando sus abuelos le daban US$ 20 semanales de mesada, guardaba por lo menos la mitad. Entre risas comparten una anécdota dicha por Mateo cuando era un niño: “Vos eres vendedor, que feo, yo nunca sería eso. Paradójicamente ahora es el mejor”.
Cómo el dinero en casa escaseaba buscó alternativas para financiar los planes con sus amigos. A los 16 años decidió traer 10 camisetas de fútbol desde China y las vendió a sus amigos. “Hice unas cuatro compras. La más grande fue de mil camisetas y llegué a ganar US$ 5.000”. Casi sin saber empezó a construir su carrera profesional.
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En esta realidad la llamada del amigo dispuesto a financiar un emprendimiento se volvió una esperanza. Empezaron a explorar alternativas, buscar oportunidades y analizaron distintos caminos.
Establecieron contacto con una firma internacional especializada en ribbons, las cintas utilizadas para imprimir códigos y etiquetas. “Cuando les propusimos ser socios, nos dijeron que el mercado de Ecuador era pequeño, pero que tenía otra opción”. La propuesta llegó con una sugerencia inusual. “No te compliques con un tercer socio, emprendan solos”.
El planteamiento incluía una línea de crédito por US$ 15.000 para arrancar la distribución en el país. El 29 de febrero de 2016 nació Etimet y ese mismo día ocurrió algo poco común en una organización familiar. Fernando nombró a su hijo gerente general.
Mientras Mateo concluía sus estudios de Ingeniería en Producción y Operaciones en la Universidad del Azuay, él se trasladó a Quito para arrancar.
Empezaron en un local de 36 metros cuadrados en las avenidas Tomás de Berlanga y 6 de diciembre, en el norte de la ciudad. Poco a poco llegaron los primeros clientes. Una corporación de plásticos, una procesadora de alimentos y un fabricante de cerámicas.
Ese año lograron ingresos por US$ 29.000. El siguiente paso fue comprar etiquetas a un distribuidor y revenderlas. En el proceso se dieron cuenta de que si querían crecer ellos tenían que ser fabricantes. Compraron en Brasil una primera máquina en US$ 16.000 y buscaron un lugar más amplio. En total la empresa ha pasado por siete lugares para tener espacios más amplios.
La diferencia generacional nunca fue un problema. Fernando aportaba experiencia y Mateo ideas creativas.

En abril de 2020 una llamada inesperada les dio el empujón que necesitaban. “Uno de nuestros proveedores tenía un contenedor parado en el mar, porque el comprador se echó para atrás". Analizaron escenarios, revisaron números y debatieron posibilidades. “Nos arriesgamos y compramos la carga en US$ 60.000”. Esta decisión les permitió cerrar ese año con una facturación cercana al millón de dólares y más de 40 clientes.
Muchos amigos aún le preguntan a Fernando porqué le entregó la gerencia a un joven de apenas 20 años. “Esa siempre fue la idea”. El no quería que su hijo heredara un legado, quería que aprendiera a construirlo
La empresa que nació distribuyendo ribbons, se diversificó. Llegaron las etiquetas, los empaques flexibles y nuevas soluciones
Hoy este conglomerado que funciona bajo el paraguas de Solupacking produce alrededor de 1.200 millones de etiquetas al año, con 70 colaboradores atiende a unos 600 clientes. Opera en sectores que van desde alimentos y bebidas hasta retail, farmacéutica, bancario, financiero, floricultura, camarón y exportación. Entre estos figuran compañías como Corporación Favorita, Corporación El Rosado, Tía, Santa Priscila, Cofimar, Songa, Plásticos Rival, Nutri leche y Graiman.
Con presencia en Panamá y Guatemala, más una división dedicada a la comercialización de materias primas autoadhesivas en 2025 lograron ventas por US$ 7,2 millones.
Cuando les preguntamos cuál ha sido la clave, sin dudar hablan de confianza.
“La cabeza es mi hijo. Yo soy su respaldo en decisiones fundamentales".
La inversión en tecnología, maquinaria e innovación está por los US$ 4 millones. Actualmente están construyendo su propia planta de 6.000 metros cuadrados en Calacalí, en el norte de Quito, con una inversión de US$ 2,5 millones.
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El orgullo que siente Fernando por su hijo se percibe a lo largo de toda la conversación. En estos años han existido diferencias de criterio y momentos complejos, pero padre e hijo han aprendido a resolverlos con diálogo y respeto.
"Cuando nos constituimos en Panamá yo era partidario de tener un socio allá, mi papá nunca estuvo de acuerdo. Lo analizamos objetivamente y finalmente asumimos su posición. No se equivocó".
A sus 31 años, este joven cuencano habla con la serenidad de quien ha pasado más de una década tomando decisiones empresariales. Desde 2021 vive en Quito, es un apasionado del fútbol, hincha del Barcelona de España y de Liga de Quito. En su tiempo libre corre y ha participado en dos medias maratones en Noruega y Ecuador.
En su memoria permanece una enseñanza que sigue guiando sus decisiones.
"Nunca darnos por vencidos. Los principios y valores no son negociables".
Diez años después las cifras confirman que la apuesta funcionó. Y que el mayor logro fue construir una sociedad con visión a largo plazo liderada desde el primer día por la segunda generación.(I)