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economia silver. Crédito: Imagen generada con IA
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La Silver Economy rediseña las carreras corporativas, las jubilaciones y el consumo

Florencia Radici Editora

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Mientras las proyecciones indican que para 2036 habrá más personas mayores de 60 años que niños, Andrea Falcone, fundadora de The Shift, advierte que la extensión de la vida no es un problema a gestionar, sino una oportunidad de negocio estratégica para la región.

10 Agosto de 2026 07.48

Por primera vez en la historia de la humanidad, la estructura demográfica global atraviesa una transformación sin precedentes. El incremento de la expectativa de vida, sumado a la caída acelerada de las tasas de natalidad, generó un fenómeno que abarca a la sociedad en su conjunto: vivimos más años, pero los modelos económicos, laborales y de seguridad social vigentes continúan operando bajo esquemas diseñados para una realidad que dejó de existir.

Ante este escenario, Andrea Falcone, abogada especialista en derecho previsional y de las personas mayores, impulsa un cambio de paradigma desde la plataforma de inteligencia demográfica The Shift, espacio del cual es directora ejecutiva y cofundadora. Luego de más de dos décadas de trayectoria asesorando al segmento de la tercera edad y de atravesar una reflexión personal sobre el paso del tiempo, Falcone identificó que el aumento en la longevidad no debe ser abordado como una crisis coyuntural, sino como un rediseño estructural indispensable que afecta de manera directa a gobiernos, empresas y personas.

Con la meta de posicionar esta agenda en la región y brindar herramientas de adaptación a los líderes del sector público y privado, en septiembre realizará la quinta edición de su encuentro anual, The Shift Forum, donde expondrán especialistas internacionales como Rafael Rofman, investigador principal en CIPPEC y autor de La Revolución demográfica, y Annie Coleman, embajadora global del Stanford Center on Longevity, junto a ejecutivos de diversas industrias.

El diagnóstico de Falcone sobre los sistemas previsionales y de retiro actuales es contundente: la ecuación financiera tradicional está rota. Históricamente, el sistema de reparto se basaba en una pirámide demográfica con una base ancha de trabajadores jóvenes cuyos aportes financiaban a una cúpula reducida de clase pasiva. Pero las proyecciones indican que para el año 2036 habrá más personas mayores de 60 años que menores de edad. “Tienes un sistema previsional que está preparado para una pirámide donde muchas personas jóvenes aportan como base y un vértice cobra. Esa pirámide hoy está abombada. Es un sistema coyunturalmente dañado y ahora herido de muerte por un cambio demográfico”, sentencia Falcone.

A las dinámicas globales de envejecimiento poblacional se suman los factores locales. En el contexto de Argentina y América Latina, la informalidad laboral y la administración histórica de los fondos previsionales complejizan aún más el panorama. Según señala la especialista, el modelo tradicional donde el haber jubilatorio cubría cerca de la mitad del presupuesto personal caducó, por lo que las jubilaciones estatales tenderán a convertirse en ingresos de carácter universal para quienes hoy tienen menos de 50 años.

Esta transición obliga a trasladar la planificación del retiro hacia la esfera de la responsabilidad individual. Sin embargo, Falcone remarca que la falta de cultura de ahorro e inversión a largo plazo representa un severo obstáculo, no solo a nivel nacional sino global. La ausencia de instrumentos financieros específicos para cubrir una supervivencia de hasta 30 años más allá de la etapa laboral activa genera que incluso las generaciones más jóvenes perciban el sistema como fallido y recurran a mecanismos especulativos como forma de escalar económicamente.

Rediseño de carreras corporativas y la convivencia intergeneracional

El impacto del cambio demográfico no recae únicamente en las arcas públicas; afecta directamente a las organizaciones privadas. La idea tradicional de una trayectoria vital dividida en tres etapas estrictas —estudiar, trabajar y retirarse a los 65 años— quedó obsoleta. Las proyecciones contemplan que en los próximos 20 años se duplicará la cantidad de personas mayores de 65 años que continúan insertas en el mercado laboral, extendiendo las carreras profesionales hasta los 75 años.

Frente a esta coyuntura, las empresas se ven forzadas a adaptar sus estructuras para integrar a colaboradores que necesitan o desean seguir activos, flexibilizando esquemas de trabajo y generando canales de transferencia de conocimiento. Esto adquiere mayor relevancia ante un escenario donde la baja natalidad reduce la disponibilidad de talento joven y las herramientas de IA automatizan las tareas iniciales.

En el ámbito corporativo conviven hoy hasta cinco generaciones en forma simultánea, fenómeno que plantea tanto dilemas de gestión como ventajas operativas. Falcone advierte que, si bien la tendencia de los líderes ante la urgencia es conformar equipos homogéneos para obtener respuestas rápidas, la integración intergeneracional fomenta mayores niveles de innovación y rentabilidad. “Un estudio de Stanford señala que las empresas que arman equipos intergeneracionales son 18% más rentables porque son más innovadoras. Necesitamos dejar de trabajar en islas, pero eso requiere un trabajo. Las empresas están empezando a hacer mentorías intergeneracionales justamente para tener visiones donde los dos aprenden del otro”, complementa.

Andrea Falcone
Andrea Falcone, fundadora de The Shift.

Para evitar tensiones entre los perfiles de mayor edad —quienes concentran un porcentaje elevado de la riqueza y ocupan puestos de decisión por más tiempo— y los trabajadores jóvenes que buscan espacios de crecimiento, Falcone hace hincapié en la necesidad de superar los sesgos culturales, desarrollar esquemas de aprendizaje continuo y cultivar redes de contactos o networking fuera de los límites de una sola industria.

La “economía plateada” y el consumo del segmento Silver

A pesar de que el envejecimiento suele asociarse con un perfil pasivo o de carga asistencial, la denominada Silver Economy configura uno de los motores de consumo más potentes de la actualidad. Falcone sostiene que la población mayor de 50 años detenta la mayor capacidad de decisión económica y poder adquisitivo del mercado, por lo que aquellas organizaciones que no adapten sus propuestas corren el riesgo de perder posicionamiento.

Sectores como la hotelería, la cosmética y la banca privada registran avances significativos en la materia, desarrollando líneas de productos específicas y adaptando sus narrativas de comunicación. En turismo, por ejemplo, hay lanzamientos de programas y cadenas hoteleras enfocadas en bienestar y longevidad integral. En cosmética y cuidado personal, se desarrollan líneas de productos formuladas para segmentos de 50, 60, 70 y 80 años. La banca y los servicios financieros identifican al segmento mayor de 50 como el más rentable y adecuan su comunicación. No obstante, en rubros como el comercio minorista o las pequeñas y medianas empresas persiste una falta de lectura respecto a los patrones de demanda cambiantes que genera el descenso de la población infantil y el incremento de adultos mayores. 

A nivel gubernamental, países de Asia y Europa tienen ventaja en la implementación de políticas de infraestructura y apoyo a pequeñas empresas para la transformación de sus modelos productivos. En contraposición, las iniciativas orientadas exclusivamente a revertir la baja natalidad mediante incentivos económicos o subsidios demostraron resultados insuficientes, porque “la decisión de tener hijos responde a transformaciones socio-culturales profundas y es algo muy personal”, dice Falcone.

La brecha socioeconómica

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La extensión de la vida debe ser comprendida como el mayor logro de la humanidad.

El abordaje de la longevidad también deja al descubierto las desigualdades socioeconómicas. La calidad de vida en los años de adultez mayor está estrechamente ligada al nivel de ingresos, el acceso a servicios de salud, la nutrición y la actividad física. Como indica Falcone citando al médico especializado Rubén Regazzoni, la longevidad depende en gran medida del “código postal”.

Dado que la expectativa de vida con plena salud puede diferir notablemente según el entorno y la condición social de la persona, los Estados se enfrentan a una presión fiscal creciente para asistir a las poblaciones de mayor vulnerabilidad. En este marco, fomentar la autonomía financiera y el cuidado preventivo de la salud en los sectores medios resulta crucial para evitar el colapso de las redes de asistencia pública, advierte Falcone.

A pesar de las dificultades coyunturales y del desafío que representa la velocidad del envejecimiento poblacional en la región, Falcone remarca que la extensión de la vida debe ser comprendida como el mayor logro de la humanidad y una oportunidad estratégica. “Esto no es un problema a gestionar, es una oportunidad a gestionar”, subraya. La clave para afrontar este escenario radicará en la capacidad de gobiernos, empresas e individuos para reconfigurar sus reglas de juego y adaptarse a una nueva realidad demográfica en marcha. (I)

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