Ya con el Mundial en marcha, la FIFA activó una modificación inédita en el ritmo deportivo y televisivo del torneo. La entidad que regula el fútbol global fijó una pausa de hidratación de tres minutos en la mitad de cada tiempo para los 104 partidos. En la práctica, cada encuentro queda dividido en cuatro tramos, aunque el fútbol conservó durante décadas su estructura tradicional de dos tiempos.
El argumento oficial se apoya en el cuidado físico de los jugadores, expuestos a altas exigencias durante la competencia. Pero la decisión también abrió una discusión de fuerte peso económico. Aunque la FIFA no presentó la venta de más anuncios como un objetivo formal, en marzo confirmó que las cadenas de televisión podrán comercializar publicidad durante esas interrupciones obligatorias.
La justificación sanitaria tiene sustento. Ante temperaturas extremas, los especialistas señalan que las pausas de hidratación ayudan a reducir riesgos y protegen el rendimiento de los atletas.
El punto polémico aparece porque la regla se aplicará también en estadios techados, con aire acondicionado, y en sedes al aire libre aun cuando el clima no exija cortar el juego.

La FIFA afirma que la decisión permite sostener un criterio único para todo el campeonato. La pregunta, entonces, queda instalada. ¿Cuánto pesa la salud deportiva y cuánto la posibilidad de abrir nuevas ventanas de ingresos publicitarios para la televisión durante los partidos sin romper el relato del juego?
Antes del Mundial 2026, las pausas de hidratación se resolvían partido por partido, bajo un criterio que la FIFA utilizó a partir de Brasil 2014. El primer corte no oficial para tomar agua se dio en un duelo de fase de grupos entre Estados Unidos y Portugal, en Manaos, marcado por el calor y la humedad. La primera interrupción oficial para refrescarse llegó pocos días después, también en ese torneo, durante el cruce de octavos entre Países Bajos y México, en Fortaleza, con una temperatura que trepó a 39 °C.
Hasta ahora, esas pausas dependían de la decisión del árbitro y solo se activaban cuando la llamada temperatura de globo y bulbo húmedo, una medición que combina calor, humedad, viento y nubosidad, superaba los 32 °C.

El nuevo esquema también abre diferencias en la transmisión. La cadena estadounidense Fox en EE.UU. emite avisos a pantalla completa durante las pausas, mientras que Telemundo, la señal en español con base en Estados Unidos, prometió no hacerlo. En lugar de cortar el partido, muestra en vivo lo que ocurre en la cancha, incluidas las charlas de los equipos, y agrega repeticiones y análisis. Así, los televidentes que prefieran seguir la escena completa, o quieran practicar español, tienen esa alternativa.
En Europa, la presencia de publicidad durante las pausas de hidratación quedará atada a la normativa de cada país. Algunas cadenas nacionales tienen prohibido emitir esos anuncios, mientras que otras los sumarán por primera vez ante audiencias poco habituadas a ver cortes comerciales fuera del entretiempo.
Para varios analistas, esas interrupciones también pueden modificar la dinámica deportiva. Los tres minutos de pausa les dan a los entrenadores una nueva ventana para ajustar la estrategia con sus jugadores, en una lógica parecida a los tiempos muertos del fútbol americano, el básquet y el hockey sobre hielo.
El Mundial 2026 sumará otros cambios en pantalla. Habrá entrevistas con los técnicos al borde del campo de juego durante el entretiempo de cada partido y la final del mes que viene tendrá un show especial con Shakira y Madonna, entre otros artistas.

En Europa, varios medios ya hablan de la americanización del fútbol, una lectura cargada de ironía si se considera que este deporte ni siquiera figura entre los cuatro más vistos por televisión en Estados Unidos.
Mi primer contacto con el fútbol profesional ocurrió en el otoño europeo de 1980. Recién llegado a los Países Bajos, buscaba entrar de lleno en la cultura neerlandesa. Y pocas puertas parecían mejores que un partido por televisión. Por entonces, las transmisiones completas eran escasas. Cada vez que aparecía una, la veía con mi familia anfitriona en un Aristona blanco y negro.
Lo primero que me atrapó fue la continuidad del juego. No existían cortes formales del reloj, salvo el entretiempo y el pitazo final. Durante los dos tiempos de 45 minutos, el partido casi no se detenía. Incluso los minutos adicionados por los árbitros parecían parte de ese misterio, más cerca de la intuición que de una regla visible.
No había pausas comerciales ni tiempos muertos. Si un jugador sufría una lesión, el partido casi siempre seguía, salvo que el golpe pareciera serio. Incluso en esas situaciones, los árbitros trataban esas interrupciones como obstáculos para el ritmo natural del juego. Apenas el cuerpo médico asistía al futbolista afectado, el juez le pedía que saliera por la línea lateral para reanudar el partido cuanto antes.

Para alguien que rechaza los anuncios de cualquier tipo, esa dinámica fue un verdadero alivio. Todavía la veo así. Además de la simpleza que distingue al llamado deporte rey, existe algo difícil de reemplazar en un partido que avanza sin cortes publicitarios.
Ahora, al menos en el Mundial, esa lógica cambia bajo el argumento de la seguridad de los jugadores. La explicación oficial apunta al cuidado físico. Aun así, la frase “sigue el dinero” parece encajar en esta historia, como en tantos otros ámbitos de la vida en 2026.
Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.