El 18 de diciembre de 2025, Kim Rivers salió de la Casa Blanca después de que el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que instruyó a la fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, a reclasificar la marihuana como una droga menos peligrosa. Ya en el escritorio de su habitación de hotel en Washington, D.C., miró el grueso rotulador que el presidente le regaló tras la firma de la medida.
“¡Dios mío!”, recordó Rivers, directora ejecutiva y presidenta de 48 años del gigante del cannabis Trulieve, con sede en Florida, que pensó. “No puedo creer que esto haya sucedido”, expresó.
Durante los últimos dos años, Rivers, junto con Howard Kessler, financista de Boston, y otros empresarios y defensores, encabezó una campaña de presión para convencer al presidente Trump —un hombre que, como se sabe, nunca fumó ni tomó alcohol— de reclasificar la marihuana de la Lista I, la misma categoría que la heroína y el LSD, a la Lista III, donde también figuran la ketamina, los esteroides y el Tylenol con codeína. Desde 1970, cuando el presidente Richard Nixon lanzó la Guerra contra las Drogas, la marihuana está prohibida por ley federal. Todavía no se concretó, pero, una vez que el proceso termine, será la reforma federal sobre drogas más importante de casi sesenta años.
"El presidente tomó esta decisión por su cuenta", afirmó Rivers en la sede de Trulieve en Tallahassee. El bolígrafo que el presidente Trump le regaló, junto con una gorra roja de "Make America Great Again" firmada por él —"Kim, ¡Buen trabajo!"—, está sobre un archivador, dentro de una caja de plástico, al lado de su escritorio. "Él cree que es lo mejor para el pueblo estadounidense, sin más", remarcó.
Entre todos los directores ejecutivos al frente de compañías de la industria del cannabis, un negocio valuado en US$ 30.000 millones en ventas para 2025, Rivers se convirtió en la confidente de Trump. Muchos otros ejecutivos se atribuyeron durante años una relación cercana con el presidente o destacaron sus gestiones de lobby, pero fue Rivers quien representó con éxito al sector y discutió con los detractores —entre ellos, Mike Johnson, presidente de la Cámara de Representantes— en el Despacho Oval por qué llegó la hora de que Estados Unidos dejara atrás su guerra contra la marihuana, empezara a regularla y avanzara en el estudio de sus usos medicinales.
Parte del éxito de Rivers se explica, sin dudas, por su amplia red de contactos en Florida y por el prestigio que construyó como directora ejecutiva. Cofundó Trulieve y llevó a la empresa, que arrancó con un solo dispensario en Tallahassee en 2016, a convertirse en un gigante del cannabis que facturó US$ 1.200 millones el año pasado. Además, alcanzó una red de casi 239 tiendas en ocho estados y una participación del 35 % en el mercado medicinal de Florida, valuado en US$ 2.025 millones. Según datos de la Comisión Federal Electoral, Rivers y Trulieve también hicieron aportes de peso a grupos políticos vinculados a Trump, entre ellos US$ 750.000 para su comité inaugural. También asistió a eventos de recaudación de fondos, contrató a lobistas influyentes, recibió una invitación para la asunción y mantuvo reuniones en el Despacho Oval. Así, se convirtió en la ejecutiva más influyente del negocio de la marihuana regulada a nivel estatal, que hoy alcanza a 40 estados con algún tipo de venta medicinal y a 25 con mercados recreativos. @@FIGURE@@
"Me tomo muy en serio la responsabilidad de representar a la industria", afirmó Rivers. "Me siento increíblemente agradecida y honrada de estar presente en un momento tan histórico", agregó.
Gordon Smith, sheriff del condado de Bradford, en Florida, que también estuvo en la reunión del Despacho Oval con Rivers cuando el presidente Trump tomó a comienzos de diciembre la decisión de reclasificar la marihuana, afirmó que Rivers "tenía la confianza del presidente".
"Puede morder como un cocodrilo cuando hace falta; es muy astuta en ese sentido, pero se expresa con soltura", señaló Smith. "Él confiaba en ella", completó.
La relación de Rivers con Trump arrancó en 2024, cuando Trulieve lanzó una campaña junto con Smart & Safe Florida para convencer a los votantes del estado de apoyar la Enmienda 3, una iniciativa electoral que buscó legalizar la venta de marihuana recreativa. Trulieve destinó cerca de US$ 150 millones a esa propuesta. En agosto de ese año, Rivers se reunió con Trump en Bedminster, Nueva Jersey, según una fuente al tanto del encuentro, cerca de un mes después de que el entonces candidato sobrevivió a un intento de asesinato durante un acto de campaña en Butler, Pensilvania. En septiembre, Trump, residente de Florida, escribió en Truth Social que votaría a favor de la Enmienda 3 y aseguró: "Como presidente, seguiremos centrándonos en la investigación para convertir la marihuana en una droga de la Lista III para usos médicos y trabajaremos con el Congreso para aprobar leyes de sentido común".
El día de las elecciones de 2024, la Enmienda 3 fue rechazada, un golpe duro para Trulieve y para el resto de los operadores de cannabis del estado. Pero Rivers mantuvo su vínculo con Trump. "Visto desde esa perspectiva, quizá no sea un mal negocio", dijo, mientras detrás suyo colgaba en la pared un retrato enmarcado de Abraham Lincoln con una chaqueta brillante.
A comienzos de diciembre de 2025, casi un año después del regreso de Trump a la Casa Blanca, Rivers volvió a reunirse con el presidente, según fuentes al tanto del tema. En ese encuentro pudo hablar con él, que parecía inclinarse por firmar una orden ejecutiva para completar el proceso de reclasificación que el presidente Joe Biden inició en 2022.
Una semana después, y unos diez días antes de la firma de Trump, Rivers volvió al Despacho Oval. Esta vez quedó sentada frente al Escritorio Resolute, acompañada por el Secretario de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr.; el Administrador de los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid, Mehmet Oz; Kessler; el director ejecutivo de Scotts Miracle-Gro, Jim Hagedorn; y otros referentes, para explicarle al presidente de Estados Unidos que la marihuana está en la categoría equivocada.
Trump comentó que había escuchado a muchas personas hablar sobre este tema, entre ellas al excampeón mundial de boxeo de los pesos pesados y empresario del cannabis Mike Tyson. En un momento, llamó por teléfono al Presidente de la Cámara de Representantes, Johnson, que le pidió que no firmara la orden por motivos morales y para resguardar a los chicos estadounidenses de los daños de las drogas. Después, Trump le pasó el teléfono al Sheriff Smith, que le dijo a Johnson que, aunque había votado en contra de la legalización de la marihuana medicinal en Florida, cambió de postura. "Mi abuelo decía que hay dos personas que no pueden cambiar de opinión: un tonto y un muerto. Y no quiero ser ninguna de las dos", le dijo Smith a Johnson. "Me di cuenta de que es mejor establecer límites, controlarlo y regularlo", agregó. @@FIGURE@@
Según varias fuentes, durante esa reunión Trump ya había tomado la decisión y quería publicarla de inmediato en Truth Social. Su equipo le pidió que no lo hiciera y, entonces, el presidente les ordenó que empezaran a redactar la orden ejecutiva oficial en otra sala.
"No voy a aceptarlo", bromeó el presidente Trump durante la conferencia de prensa que dio una semana después para festejar la firma. "Es un honor hacer esto", aseguró.
Nacida en Jacksonville, Florida, la madre de Rivers era vicedirectora de escuela y su padre trabajaba como policía en la Oficina del Sheriff de Jacksonville. Estudió ciencias políticas y negocios multinacionales en la Universidad Estatal de Florida —"Más o menos funcionó", bromeó— y en 2003 se recibió de abogada en la Universidad de Florida. Después se mudó a Atlanta para trabajar como abogada especializada en acciones, fusiones y adquisiciones. Con el tiempo, Rivers volvió a Tallahassee y fundó su propia empresa: compró activos hoteleros, los renovó y vendió esas carteras a compañías del sector hotelero.
Para 2014, Rivers ya había ganado suficiente plata y decidió apostar por la industria del cannabis, que en ese momento daba sus primeros pasos. Ese año, los legisladores de Florida legalizaron un programa de CBD con bajo nivel de THC, pero el primer intento del estado para aprobar la marihuana medicinal fracasó y el tema volvió a encaminarse hacia una consulta popular. Rivers había conocido a Richard May, hijo de un dueño de viveros, y el empresario floridano John "JT" Burnette, que entonces era su novio, la presentó ante Thad Beshears, cuya familia tenía otro vivero y que además era hermano de Halsey Beshears, amigo de Burnette desde hacía mucho tiempo y exrepresentante estatal de Florida.
Rivers, May, un amigo de la universidad llamado Jason Pernell y la familia Beshears armaron un consorcio junto con un tercer vivero, Hackney, crearon Trulieve y obtuvieron una de las cinco licencias de marihuana medicinal en 2015. Burnette y Rivers se casaron después, pero él no figura como fundador, empleado ni inversor de la empresa. Según documentos públicos, una constructora en la que tenía una participación minoritaria levantó instalaciones para Trulieve a lo largo de los años.
Trulieve abrió su primer dispensario en un centro comercial cerca del Capitolio estatal de Tallahassee y montó una instalación de cultivo de 5.574 metros cuadrados en una antigua planta empaquetadora de tomates en la cercana Quincy en 2016. Dos años después, la empresa salió a cotizar en Canadá.
En 2021, Trulieve pasó a ser una de las mayores compañías de cannabis del país tras la compra de Harvest Health, con sede en Arizona, por US$ 1.400 millones, lo que le permitió ampliar su presencia y sus ingresos. Cuando se anunció la operación, el monto ascendía a US$ 2.100 millones, antes de que se desplomaran las cotizaciones bursátiles. @@FIGURE@@
Ese mismo año, Burnette fue declarado culpable de extorsión, soborno y otros cargos en un esquema ajeno a Trulieve. Durante el juicio, salió a la luz que se había jactado ante un agente encubierto del FBI de haber colaborado con el representante Beshears para incorporar a la legislación una cláusula que les impediría a posibles competidores ingresar al negocio del cannabis en el estado. En el juicio, Burnette se retractó de esa afirmación. Ni Beshears, ni Trulieve, ni Rivers quedaron implicados en el caso. Después de la condena de Burnette en 2021, Trulieve ratificó su respaldo a su directora ejecutiva.
Rivers posee cerca del 10 % de las acciones de la compañía, una participación valuada en más de US$ 100 millones, a pesar de que el precio de las acciones cayó 87 % en los últimos cinco años. Aunque Trulieve registra ingresos anuales por US$ 1.200 millones —en su mayoría, por ventas medicinales—, la compañía anotó una pérdida neta de US$ 122,2 millones el año pasado. Su imperio se extiende por nueve estados y espera sumar presencia en Alabama y Texas, donde tiene una licencia condicional dentro del programa estatal, que gana volumen. Si bien Texas solo permite productos con bajo contenido de THC, Rivers afirmó que es probable que ese mercado evolucione. El estado, de hecho, cuenta con uno de los mercados de cáñamo más grandes del país, con ventas anuales estimadas en US$ 5.000 millones.
"Muchos mercados crecen de manera gradual", afirmó Rivers, y recordó que el programa de Florida arrancó hace diez años sin productos para fumar y hoy es el mercado medicinal más grande del país. "Texas será similar en ese sentido", aseguró.
Cuando se abre la puerta del moderno campus de cultivo de Trulieve, de 32 hectáreas, en Monticello, Florida, el aroma de la joya de la corona de la compañía se siente mucho antes de que aparezca a la vista. El predio, que cuenta con 11 edificios y suma cerca de 93.000 metros cuadrados, además de su propia subestación eléctrica, abrió en 2022. Dentro del edificio más grande, de 69.000 metros cuadrados, hay 18 salas de floración, una sala de clonación y tres salas de plantas madre. Con agua subterránea reciclada, produce decenas de miles de kilos de marihuana por año, con variedades como Garlic Gas, Sin Mint Sorbet, Khalifa Kush —la cepa del rapero Wiz Khalifa—, Wedding Crasher y Pineapple Upside Down Cake.
"A esta instalación la llamamos Megatrón", dijo Rivers. "Creemos que es la instalación de cannabis más eficiente de Estados Unidos", completó.
Rivers tiene razón. En vez de regar cada planta a mano, el agua llega desde dos tanques gigantes hasta cada maceta a través de un temporizador automático. Y, en lugar de depender de empleados que deban mover cada planta cada 12 horas desde la oscuridad total hacia la iluminación LED, un sistema mecánico con carro traslada las plantas de las salas iluminadas a las oscuras, también con temporizador. Así, cambia cientos de plantas al mismo tiempo en apenas siete minutos. Rivers quiere llevar el concepto Megatron a otros estados. "Esto es un campo de pruebas para nosotros", explicó. "Mientras lo seguimos perfeccionando, ya tenemos anotados los cambios que haríamos en la próxima versión de Megatron", precisó.
Trulieve representa como pocas al cannabis corporativo, aunque Rivers suele hablar con un tono coloquial y usa expresiones como "ustedes" y "hermano". Según explicó, tomó ideas de compañías ajenas al negocio de la marihuana, como Starbucks, que le sirvió de modelo para la experiencia de compra de Trulieve, y Marriott, como referencia para su programa de fidelización de clientes.
"El café se convirtió en un producto bastante común", señaló, "y el hecho de que Starbucks lo haya transformado en un producto de gran calidad y consistencia, además de que innove todo el tiempo y sume nuevas líneas o nuevos motivos para que vuelvas", expresó. @@FIGURE@@
Aunque la reclasificación del cannabis no les dará a los consumidores un motivo nuevo para probar los productos de Trulieve, sí representará una ventaja enorme para la empresa en la temporada de impuestos. Las compañías de cannabis deben tributar bajo el código fiscal punitivo 280e, creado para los traficantes de drogas de cualquier sustancia incluida en la Lista I o II. Ese esquema solo permite una deducción, el costo de los bienes vendidos, y puede implicar una tasa efectiva de 60 % sobre los ingresos brutos, o incluso más.
Hace un par de años, Trulieve elaboró su propia interpretación sobre por qué el 280e no alcanza a su negocio y presentó declaraciones impositivas corregidas en 2023 por ejercicios anteriores, con el argumento de que tenía derecho a un reembolso. A partir de eso, el IRS le envió a Trulieve varios cheques por un total de US$ 114 millones, y desde entonces la empresa aplica las deducciones comerciales habituales. La mayoría de los principales operadores de cannabis, entre ellos Curaleaf y Green Thumb Industries, también dejó de pagar bajo el 280e, con fundamentos propios.
Se trata de una apuesta, pero el riesgo financiero sigue siendo enorme. En sus presentaciones públicas, Trulieve identificó una obligación tributaria incierta de US$ 670 millones, en su mayor parte porque no pagó bajo la sección 280e, algo que Rivers describió como "el peor escenario posible" si el IRS rechaza su planteo.
"Desde la perspectiva del cannabis medicinal, no creemos que seamos narcotraficantes", afirmó Rivers. "Operamos bajo un programa con licencia estatal, dentro de los límites de un programa estatal", agregó.
Como la sección 280e no alcanza a las drogas de la Lista III, la reclasificación implicaría una mejora económica enorme para Trulieve y sus competidores. ¿Te acordás de la pérdida neta de US$ 122 millones del año pasado? Si la marihuana pasa a la Lista III, la rentabilidad aparecerá casi de inmediato.
"Tendremos una ganancia neta prácticamente inmediata", afirmó.
Mientras Rivers recorre Megatron con tacos negros de Jimmy Choo —a pesar de una lesión en la pantorrilla que sufrió en una cancha de pickleball unos días antes—, atraviesa salas repletas de pequeñas junglas de plantas de marihuana y contesta una pregunta sobre qué sintió en los últimos años al quedar encuadrada como narcotraficante bajo la ley federal.
"Para empezar, prefiero que me digan 'señora de la droga'", bromeó, antes de ponerse seria.
La reclasificación no legalizará la marihuana a nivel federal, pero sí marcará que el cambio gradual que avanzó en todo Estados Unidos desde que California legalizó la marihuana medicinal en 1996, y luego se extendió a 40 estados, ya modificó la manera en que el gobierno estadounidense trata este tema. Y, según Rivers, con el tiempo la marihuana será legal bajo la ley federal.
"Las leyes van a cambiar. Se fue generando un impulso. Esto lleva décadas", dijo.
Aunque la legalización históricamente fue una bandera importante para los demócratas, hicieron falta dos presidentes —un demócrata, Joe Biden, y un republicano, Donald Trump— para que la reclasificación quedara al alcance. Rivers, que se mueve con soltura entre los dos partidos, sostuvo que esto se explica porque la marihuana no divide ni a republicanos ni a demócratas.
"En esencia, se trata de libertad personal. Se trata de bienestar, de que los adultos puedan decidir qué consumen para sentirse mejor en muchos casos. Y eso es universal. No tiene nada que ver con la política", aseguró.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com
*Imagen de portada: Jamel Toppin para Forbes