Quién es la joven de 25 años que quiere ser la primera magnate del cine de Hollywood impulsado por IA
La exingeniera de Google, Cecilia Shen, cofundó Utopai para descifrar el código de la creación de contenido extenso mediante inteligencia artificial. Y gracias a una inversión de la leyenda de la NBA Carmelo Anthony, esta exconcursante de Under 30 ahora dirige un estudio multimillonario.

Años atrás, cuando un gran atleta se retiraba, solía contar su historia en memorias escritas por un autor fantasma o, incluso, en una película biográfica. Pero la leyenda de la NBA, Carmelo Anthony, eligió el formato narrativo del momento: se asoció con Utopai Studios, la startup de Silicon Valley especializada en películas y programas de televisión con inteligencia artificial.

La leyenda de la NBA, de 41 años, producirá videos generados por IA sobre su vida y otras historias deportivas a través de su productora, Creative 7 Productions. La inversión de Anthony en Utopai —cuyo monto ambas partes se negaron a revelar, pero que Forbes estima en alrededor de 5 millones de dólares— se hizo a una asombrosa valuación de US$1.000 millones.

Se trata de una cifra astronómica para una empresa cuyos ingresos, según estimaciones de Forbes, fueron inferiores a US$ 50 millones en 2025 y que aún no estrenó ninguna película ni serie de televisión. Sin embargo, los proyectos en desarrollo y las sólidas proyecciones para 2026 justifican una valuación elevada que sitúa a Utopai como una competidora real en la carrera por la IA en Hollywood.

"Lo que más me impresionó no fue solo lo avanzada que es la tecnología, sino también la visión y la intención que la impulsan", declaró Anthony a Forbes en un comunicado. Luego agregó: "El deporte siempre se basó en historias humanas reales que pueden convertirse en una poderosa propiedad intelectual de entretenimiento, pero darles vida no siempre fue fácil. Utopai lo cambia todo. Nos ofrece una forma más accesible de crear y desarrollar algo con valor a largo plazo".

En la hermética comunidad de Hollywood, Cecilia Shen, cofundadora de Utopai, de 25 años, no encaja en el estereotipo tradicional de magnate del cine. Nacida en China y criada en Toronto, Shen dejó la Universidad de Waterloo durante la pandemia y aceptó un trabajo en el área de IA en el Royal Bank of Canada. Más tarde se sumó a Google X, el centro de innovación de Google, donde conoció a su cofundador, Jie Yang, jefe de investigación e ingeniero de software.

Cody Pickens para Forbes.

En 2022 fundaron lo que entonces se conocía como Cybever. Al principio crearon herramientas de IA para generar entornos 3D para videojuegos, antes de ver su potencial en el cine y la televisión.

Shen y Yang no fueron los únicos con esa idea. Según un informe del sector, desde 2022 se lanzaron más de 65 nuevos estudios de IA. La mayoría se ubica en un punto intermedio: entre la eficiencia de los flujos de trabajo asistidos por IA y la producción creativa generada por completo con IA. El entusiasmo por esta tecnología desató tanto un pánico existencial entre los miembros de los sindicatos y gremios de Hollywood, cuyos puestos de trabajo podrían quedar obsoletos, como un frenesí entre inversores y ejecutivos, muchos de los cuales invirtieron en los últimos años en las empresas que creen capaces de convertirse en jugadores dominantes.

En diciembre pasado, Disney cerró un acuerdo de US$ 1.000 millones con OpenAI, aunque se canceló en abril cuando la empresa de IA cerró su plataforma Sora; Netflix compró el paquete de herramientas de cine con IA de Ben Affleck, InterPositive, por hasta US$ 600 millones; Fox Entertainment adquirió una participación en el estudio de microdramas impulsado por IA, Holywater; Lionsgate se asoció con Runway AI; el expresidente de Fox, Peter Chernin, y el cofundador de CAA, Michael Ovitz, son inversores en Promise AI; y RedBird Capital, patrocinador de Paramount, financia B5 Studios, cuyo equipo ejecutivo incluye al exjefe de cine de Disney, Sean Bailey, y al legendario productor Jeff Silver.

Utopai cuenta con el respaldo de inversores tradicionales de Hollywood, como PlutoTV y el expresidente de Paramount+, Tom Ryan, además de Roland Emmerich, director de éxitos de taquilla de ciencia ficción como Independence Day y The Day After Tomorrow.

"Creo que hay mucho entusiasmo entre los inversores sobre '¿Cuál será el futuro de la industria?'", dice Bryn Mooser, fundador de Asteria Film Co., una empresa competidora cuya casa matriz cerró una ronda de inversión de US$ 84 millones el verano pasado. "La verdadera pregunta será, a largo plazo, ¿quién seguirá en pie en este sector?", agrega.

En este momento, las inversiones en producción con IA son mucho más especulativas que seguras. Nadie produjo todavía un largometraje, ni siquiera un episodio, de una historia basada en IA que resultara comercialmente viable.

"El mercado de contenido de formato largo está completamente vacío ahora mismo", afirma Shen, miembro de la lista Forbes 30 Under 30 de 2026. "Queremos monopolizar por completo el mercado de contenido de formato largo", sostiene.

Shen confía en que PAI, la nueva plataforma de narración de Utopai, lanzada en marzo, se convierta en la próxima líder del mercado. Los modelos de personajes pueden diseñarse una sola vez y usarse en múltiples escenas. Además, en lugar de generar video fotograma a fotograma, PAI crea un entorno 3D a partir del cual el cineasta puede elegir ángulos de cámara, editar la interpretación y el espacio, y hacer ajustes sin volver a renderizar toda la secuencia.

En los primeros 60 días tras el lanzamiento de PAI, Utopai generó US$ 11 millones en ingresos recurrentes anuales provenientes de licencias de su tecnología a distintas productoras de todo el mundo.

Shen cree que existen muchos más clientes potenciales en otros países y también en Estados Unidos, sobre todo si marcas de consumo u otras figuras del deporte deciden seguir el ejemplo de Anthony y producir su propio contenido. Otra estrella de la NBA, James Harden, trabajó con Utopai en un breve video animado en abril. Shen estima que, para fin de año, los ingresos por licencias de PAI podrían alcanzar los US$ 100 millones anuales.

Ciencia de la barba: La estrella de la NBA, James Harden, lanzó a principios de este año un corto digital sobre su prodigioso vello facial utilizando la plataforma de IA de Utopai. (Foto: Estudios Utopai).

Eso supondría un enorme salto de ingresos para una empresa que solo registró US$ 750.000 en 2024 y unos US$ 7,5 millones estimados para el primer semestre de 2025. En ese contexto, en agosto pasado, Shen decidió que sería imposible alcanzar sus ambiciones para Utopai si la compañía se limitaba al rol de proveedora de tecnología.

"El problema es que vender la herramienta y presentarnos como la próxima generación de una empresa de efectos visuales no resulta nada atractivo", afirma Shen. Luego agregó: "No se puede llegar a ser una empresa de US$ 10.000 millones si uno es solo proveedor de tecnología; hay que convertirse en un estudio", expresa.

Así, el verano pasado, Cybever pasó a llamarse Utopai Studios, y Shen sumó al productor de cine independiente Marco Weber como co-CEO para empezar a financiar una serie de producciones originales de cine y televisión. Apuntaron a proyectos que serían demasiado costosos de producir por medios tradicionales, entre ellos una serie de ciencia ficción dirigida por Emmerich llamada Space Nation, y un largometraje épico histórico, Cortés, escrito por el guionista nominado al Óscar Nicholas Kazan, a quien los estudios de Hollywood le dijeron repetidas veces que el guion era "imposible de filmar".

"Siempre fue imposible", dijo en el anuncio del proyecto. Luego remarcó: “Demasiado grande, demasiado caro, simplemente 'demasiado'”.

Al implementar PAI en un enfoque de producción híbrido —para Cortés, planean contratar a una estrella de cine y filmar la actuación, por ejemplo, antes de importarla al entorno digital— Shen estima que solo hacen falta entre 30 y 40 personas para trabajar en cada proyecto: 10 creativos y el resto, en soporte técnico. Es una diferencia enorme frente a los cientos, si no miles, que requiere un proyecto similar sin IA. Aunque se niega a revelar el costo de las producciones, Forbes estima que podrían ser inferiores a US$ 10 millones cada una, una miseria frente a los más de US$ 250 millones asociados con éxitos de taquilla de este año como La Odisea o Dune: Parte 3.

Esa eficiencia de costos abre la posibilidad de obtener ganancias sustanciales, ya que Utopai vendió con éxito parte de sus derechos de distribución internacional a televisoras como Globo TV en Brasil y ZDF Studios en Alemania.

Si se entrega el producto final, Space Nation y Cortés podrían alcanzar un valor estimado de hasta US$ 110 millones, con un potencial de ganancias adicional si se venden en otros territorios o a plataformas globales de streaming. Además, funcionan como herramientas de marketing en esos países para las productoras que quieran obtener la licencia del kit de herramientas PAI.

La jugada tiene sentido: Shen afirma que encontró mucha menos resistencia a nivel internacional frente al contenido generado por IA. Países como Indonesia, Malasia o Colombia buscan con fuerza más películas y series de televisión locales, pero históricamente no tuvieron el presupuesto necesario para producirlas a gran escala sin ayuda de la IA.

Por otra parte, Utopai firmó en abril un acuerdo con Huace, una de las principales productoras de cine y televisión de China, donde los microdramas generados por IA ya representan una industria de US$ 16.000 millones y los personajes de IA ya aparecen en películas estrenadas en cines. En Corea del Sur, Utopai formó una empresa conjunta con la firma de inversión tecnológica Stock Farm Road y adquirió una productora con sede en Seúl que tenía 15 proyectos de series de televisión y largometrajes en desarrollo.

Aún resta saber si este tipo de contenido encontrará público o si será ampliamente aceptado en Estados Unidos. De cara a la industria, Shen dice todo lo correcto: subraya que el conjunto de datos de entrenamiento de Utopai está libre de derechos de autor, muestra disposición a colaborar con los gremios y remarca la necesidad de preservar la libertad de decisión creativa.

"A mucha gente no le asusta la tecnología", dice Shen. Luego agrega: "Y para aquellos que se muestran un poco reticentes, creo que cuando vean nuestro enfoque, se sentirán mucho mejor".

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.