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(Photo by Spencer Platt/Getty Images)

La caótica salida a bolsa de Facebook: la "bomba de tiempo" que terminó en un imperio de US$ 1 billón

Laura Mafud

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Hace 14 años, Facebook debutaba en el Nasdaq con una valoración de US$ 104.000 millones en medio de fallos técnicos y escepticismo generalizado. Hoy, esa empresa vale más de un billón y Zuckerberg, su fundador, acumula una fortuna de US$ 210.800 millones.

18 Mayo de 2026 06.45

El 18 de mayo de 2012 el mundo financiero miraba fijo una pantalla del Nasdaq. Facebook, la red social fundada por Mark Zuckerberg en un dormitorio universitario apenas ocho años antes, debutaba en bolsa con la mayor valoración que empresa tecnológica alguna había alcanzado en su estreno bursátil en Estados Unidos. La promesa era descomunal. La ejecución, un desastre.

La oferta pública inicial (IPO) captó US$ 16.000 millones, convirtiéndose en la tercera más grande de la historia estadounidense, detrás únicamente de Visa en 2008 y General Motors en 2010, según reportó CNBC en la cobertura del décimo aniversario del evento. Pero el precio de las acciones, fijado en US$ 38, apenas se movió el primer día —una ganancia testimonial de 23 centavos—, y solo gracias a que los bancos suscriptores salieron a comprar masivamente para evitar que el papel cayera por debajo del precio de emisión.

Detrás de escena, el Nasdaq reportó lo que llamó eufemísticamente un “error técnico” que retrasó la apertura de la cotización y dejó miles de órdenes sin ejecutar correctamente. Y mientras eso ocurría, un analista de Morgan Stanley —el banco líder de la operación— recortaba en privado sus proyecciones de ingresos para Facebook, información que, según demandas posteriores, no llegó oportunamente a todos los inversores minoristas.

Facebook (Photo by Spencer Platt/Getty Images)
(Photo by Spencer Platt/Getty Images)

Apenas dos días después del debut, un artículo publicado en Forbes analizaba los números que dejaba entrever una operación al límite. Morgan Stanley terminó el primer día con 162 millones de acciones en sus libros, por valor de US$ 6.160 millones. JP Morgan acumuló posiciones por 3.200 millones, y Goldman Sachs por otros 2.400 millones. Los tres eran los principales suscriptores, y sus comisiones combinadas rondaban los US$ 176 millones, una cifra que podía evaporarse si la acción seguía necesitando soporte artificial. El autor del artículo advertía entonces con precisión: los mecanismos de estabilización de precio están permitidos solo en el período inmediato al estreno y no pueden sostenerse indefinidamente. Su predicción se cumplió. Dos días después del IPO, el papel cayó otro 11%. Facebook no recuperaría su precio de emisión de US$ 38 dólares hasta agosto de 2013, más de catorce meses después de su debut.

Robert Hof escribía en Forbes, también en esos días convulsionados, que nadie en Silicon Valley quería decir la verdad: "fue un dud", un fiasco. No un fracaso financiero para Facebook —la empresa recaudó todo lo que buscaba—, pero sí una señal inequívoca de que algo había salido terriblemente mal para los inversores que confiaron en el precio de emisión.

La empresa no era un proyecto de garage. Para cuando salió a bolsa, Facebook ya contaba con más de 901 millones de usuarios activos mensuales, 3.200 millones de likes y comentarios diarios y 300 millones de fotos subidas cada 24 horas, según detallaba Forbes. Sus ingresos anuales para 2011 habían sido de US$ 3.700 millones, casi cinco veces más que en 2009. Era rentable. El problema no era el negocio presente: era el futuro. En su propio prospecto de salida a bolsa, Facebook advertía que el mundo se mudaba a los smartphones y que la compañía aún no generaba ingresos significativos en móvil. Para una empresa de ese tamaño, esa confesión sonaba a bomba de tiempo.

Mark Zuckerberg  (Photo by Chris Unger/Zuffa LLC)
Mark Zuckerberg (Photo by Chris Unger/Zuffa LLC)

Quienes aguantaron las turbulencias iniciales fueron recompensados de manera extraordinaria. Kevin Landis, de Firsthand Capital Management, había comprado acciones de Facebook en el mercado privado en 2011. Las vio desplomarse tras el IPO, las sostuvo y las vendió años después cuando cotizaban en los 70. Luego recompró en los 20 y volvió a salir cerca de los US$ 200, en torno al inicio de la pandemia, según relató a CNBC. Su tesis original era simple: Facebook iba a ser una plataforma publicitaria poderosa, comparable a Google, y podía valer una fracción sustancial de lo que el buscador valía en ese momento.

La clave del giro fue la visualización desde los celulares. Facebook resolvió el problema que sus propios documentos admitían como amenaza existencial, y lo hizo con una velocidad que pocos anticiparon. Para 2013, el 45% de los ingresos por publicidad ya provenían de dispositivos móviles. Para 2018, esa cifra superaba el 90%. Entre 2013 y 2018, los ingresos crecieron en promedio un 50% anual, según CNBC. La adquisición de Instagram en 2012 y de WhatsApp en 2014 completaron el ecosistema. Cuando la empresa alcanzó su pico de capitalización en 2021, superaba el billón de dólares: 25 veces más grande por ingresos que en el año del IPO.

Facebook salida a bolsa (Photo by Ben Hider/Getty Images)
 (Photo by Ben Hider/Getty Images)

Meta hoy: los números que hablan solos

La empresa que Zuckerberg fundó a los 19 años opera hoy bajo el nombre Meta Platforms e incluye Facebook, Instagram, Messenger, WhatsApp y los dispositivos de realidad virtual Quest. Con poco más de 74.000 empleadores, sus ingresos anuales alcanzan los US$ 164.500 millones, con ganancias netas de US$ 62.400 millones y activos totales de 276.100 millones. El CEO mantiene aproximadamente el 13% de las acciones y controla la junta directiva. Su fortuna personal asciende, según el ranking de multimillonarios de Forbes al 18 de mayo de 2026, a US$ 210.800 millones, ubicándolo en el sexto lugar del ranking global.

En 2021, Zuckerberg cambió el nombre de la empresa a Meta y anunció una apuesta masiva por el metaverso, en un movimiento que guardaba un paralelismo incómodo con los días del IPO: inversión enorme en una plataforma sin modelo de negocios probado ni certeza de adopción masiva. Los mercados lo castigaron duramente, pero el ecosistema publicitario de sus redes sociales siguió generando el efectivo suficiente para financiar la aventura, y en los años siguientes Meta protagonizó uno de los rebotes más espectaculares de la historia corporativa reciente.

Aquel 18 de mayo de 2012 —con sus errores técnicos, sus bancos con el agua al cuello y sus analistas recortando estimaciones entre bambalinas— parece hoy, en retrospectiva, un tropiezo menor en la historia de la empresa más social del mundo.

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